La verdadera religión: Cómo una iglesia en Nepal está marcando la diferencia

Escondido en Katmandú, un oasis de amor alberga a algunos habitantes inesperados.

Una anciana se apoya contra la baranda del balcón de un edificio. Los ruidos de una ciudad abarrotada apenas se escuchan desde el patio interior. Las aves salpican el aire con alaridos estridentes. Con el rostro inundado por una amplia sonrisa, parece que cada parte de su rostro expresa alegría: desde la sonrisa de espíritu libre hasta la comisura de los labios, las líneas de expresión de su rostro y los ojos centelleantes detrás de unos anteojos de montura redonda. Ella es una imagen de felicidad vestida con una blusa morada y un sari carmesí y amarillo drapeado.

 

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Cerca de allí, dos niñas miran con timidez, mientras descansan de su juego para observar la escena. Tras una puerta corrediza de vidrio, montañas de zapatos aguardan a sus dueños: rosa brillante para pies pequeños, mocasines negros para damas mayores. Ropas grandes y pequeñas cuelgan de un tendedero, aprovechando el aire seco del verano. En este escenario, lo nuevo se encuentra con lo antiguo de manera inesperada, la infancia choca con la sabiduría de la edad en un enredo que parece poco probable, pero que funciona a la perfección.

Esta es Casa de la Misericordia [Mercy House], un lugar donde el amor de Cristo invita a los más vulnerables, las viudas y los huérfanos, a vivir juntos.

Los fundadores de Casa de la Misericordia reconocieron que los miembros de los dos grupos más necesitados de la sociedad tenían mucho que ofrecerse entre sí. Las niñas parcial o totalmente huérfanas y las ancianas, cuyas familias carecen de recursos para cuidarlas, habitan juntas estas paredes pintadas de amarillo y turquesa. Las niñas reciben educación, comida y una cama caliente para dormir, mientras que las ancianas encuentran un ambiente confiable y seguro donde vivir sus últimos años.

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En el proceso, se brindan mutuamente algo que todos necesitamos con desesperación: un espíritu de familia. Las niñas, con su juego animado y alegre, traen una infusión de gozo inocente y despreocupación a los corazones desgastados de las ancianas. Y los brazos de las viudas, que han abrazado a muchos niños a lo largo de los años, no tienen que morir vacíos. Con su sabia sabiduría y depósitos de amor, las mujeres proporcionan lo que toda niña necesita: la calidez y la atención que solo una abuela puede brindar.

Casa de la Misericordia es un ministerio de la Iglesia Koinonia Patan en Katmandú, la capital de Nepal. Una señal de la vitalidad del pequeño, pero creciente, cuerpo de Cristo en Nepal, Casa de la Misericordia fue fundada por un acto de fe. Guiados por Dios para expandir su alcance, el liderazgo de la Iglesia Koinonia Patan exhortó a la congregación a obtener los fondos necesarios para comprar un pequeño terreno en la ciudad. Con tan solo 2.000 dólares, oraron y se apoyaron en Dios. Una cantidad desbordante de donativos llegó para apoyar el proyecto, y en un mes, tenían 50.000 dólares para hacer la compra.

Eso fue en 2003. Hoy, Casa de Misericordia se encuentra en esa propiedad, un testimonio de lo que la fe en Dios y el poder de Cristo pueden hacer. Aquí se alojan 10 niñas y 13 mujeres, y por la gracia de Dios reciben lo que necesitan para vivir con dignidad y esperanza: un hogar seguro y el amor entre ellas y la iglesia.

La Iglesia Koinonia Patan se preocupa por los más vulnerables, y están decididos a hacer todo lo que puedan para servir a los pobres y solitarios de su comunidad. Alimentados por la fuerza de Cristo en su interior (Fil 4.13) y un movimiento innegable del Espíritu Santo, están sacando a niños de la pobreza, atendiendo a ancianos y proveyendo cuidado físico, emocional y espiritual. La historia de Casa de Misericordia es la historia de cada niña y cada viuda cuya vida puede florecer bajo la atención de nuestro Padre celestial. Es la historia de una nueva esperanza para los que están al comienzo de la vida, y una alegría satisfecha para los que están al final. Pero también es la historia de cómo un grupo en el cuerpo de Cristo, lleno de amor y misericordia, está poniendo en práctica las palabras de Santiago 1.27 que dice: "La religión pura y sin mancha delante de Dios nuestro Padre es esta: atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo" (NVI). Y a medida que crece la Iglesia en Nepal, habrá muchas más ancianas de ojos titilantes y más niñas con corazones despreocupados.

En Casa de Misericordia, ya esto es una realidad.

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