Mantengamos la fe

Cuando los misioneros se fueron, los nuevos creyentes se quedaron solos. Sin embargo, los miembros de este grupo siguieron animándose los unos a los otros en Cristo mientras esperaban una Biblia en su idioma.

En la profunda oscuridad se pueden escuchar grillos cantando. Cerca de allí, un río fluye entre orillas fangosas y muchos días de viaje desde el mar. La cuenca amazónica peruana constituye el 60% del país y solo alberga el 5% de los habitantes de la nación. Tiene pocos caminos. Aquí, en uno de los lugares más remotos de la Tierra, los miembros de las tribus indígenas llegan a viajar por horas en canoa para llegar a la aldea más cercana.

Los misioneros cristianos han visitado algunas de las tribus de la región, aunque no todas. Algunas veces se quedan para discipular a nuevos conversos, pero a menudo solo pueden presentar a Jesucristo y luego partir, dejándole el resto a Dios.

Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
—Mateo 18.20

village

La mayoría de las tribus amazónicas han heredado alguna forma de religión tradicional de sus antepasados. Los misioneros han llevado el evangelio a algunas de ellas, pero en las comunidades más remotas, todavía no hay iglesias ni pastores.

Estas comunidades, que con frecuencia son unas cuantas docenas de casas sobre palafitos, no tienen una iglesia ni una comunidad de creyentes a la que acudir. Aquellos que creen en el evangelio son los primeros en apartarse de los viejos caminos y aceptar la luz de la verdad, y no tienen a dónde ir cuando se inician en la vida cristiana. Están rodeados por las antiguas formas religiosas tribales, sin nada que nutra su nueva fe.

Esto fue lo que les sucedió a Arnaldo y Raúl, miembros de la tribu Capanahua. Un equipo de misioneros trajo el evangelio a su aldea hace casi un año. Arnaldo y Raúl creyeron y recibieron vida nueva en Cristo.

“Me llené de alegría”, dice Raúl. “Dios tocó mi corazón”.

“No tienen a dónde ir cuando se inician en la vida cristiana. Están rodeados por las antiguas formas religiosas tribales, sin nada que nutra su nueva fe”.

Arnaldo and Raul

Arnaldo y Raúl aceptaron a Cristo como su Salvador hace varios años cuando los misioneros pasaron por su aldea. “Me llené de alegría”, afirma Raúl.

Arnaldo quería recordar el maravilloso momento que cambió sus vidas para siempre. Los misioneros ya no están, pero hay un dulce sentido de familia en todos los que llevamos a Cristo en nosotros, acercándonos unos a otros a través del amor. De una manera muy parecida a la de la Iglesia primitiva, comenzó a invitar a los otros nuevos creyentes a su hogar. Hablaron de lo que habían aprendido, tuvieron compañerismo y se regocijaron en el Señor. Llamaríamos a esto una iglesia en casa. El Cuerpo de Cristo floreció, se unió en amor, “el vínculo perfecto” de la unidad (Col 3.14).

Este vínculo de amor es lo que mantiene unida a cualquier iglesia, desde las que tienen solo unas pocas personas hasta las mega-iglesias de 20.000 personas. Sin embargo, en una iglesia en casa, la unión adquiere un significado especial. Entrar en la casa de alguien es ser recibido en un ambiente de familia y confianza mutua.

Las reuniones de Arnaldo expresaron la noción bíblica de hospitalidad, con todo lo que esta requiere: amor fraternal, servicio, generosidad. Pero no tenían Biblia ni materiales de estudio. “Nada, nada”, dice Arnaldo. La Palabra de Dios nos exhorta a todos a crecer en Cristo, pero esta iglesia estaba privada de las Sagradas Escrituras. En lo profundo de la espesa selva, mantuvieron su fe firme con la ayuda de la memoria y del Espíritu Santo en su interior.

Marcos Costa conoce a muchos cristianos en esta difícil situación. Como director del Centro de Capacitación Aurora, una instalación ministerial en el corazón de la selva tropical peruana, se propuso equipar a los creyentes locales con las herramientas que necesitan para madurar en la fe. “¿Cómo van a cambiar las personas si no tienen la Palabra de Dios? Necesitamos estas herramientas”, dice. Los creyentes sin una Biblia están privados del profundo amor y la alegría que da la lectura de las Sagradas Escrituras al acercarnos al Señor.

En búsqueda de una vía

Ministerios En Contacto trabaja con Marcos y otros como él para distribuir dispositivos del Equipo Mensajero. Juntos en “la iglesia de su casa” (Romanos 16.5), incluso los destinatarios más aislados pueden escuchar toda la Biblia y docenas de sermones. “Es como un pastor”, dice Marcos. “La Antorcha funciona como predicador, discipulador y consolador... alimenta y edifica. El Señor lo usa para todo. Es el misionero que no tengo”. La Antorcha ofrece las Sagradas Escrituras en seis idiomas tribales de esta región amazónica y los mensajes del Dr. Stanley en español. Y, con su linterna de energía solar, incluso iluminará esas oscuras noches de selva para que el grupo pueda pasar las noches juntos.

Arnaldo pastoreó su iglesia por un año, anhelando siempre la Palabra de Dios escrita. Y hace poco, tanto él como Raúl hicieron el viaje a Aurora, ocho días en canoa con motor, para ir a un seminario de plantación de iglesias. Ministerios En Contacto estuvo allí para entregar antorchas y tarjetas micro SD en Capanahuan, la lengua madre de su tribu.

“Esta es la primera vez que nos dan material cristiano”, cuenta Raúl. “Por fin tenemos una Biblia. Me siento muy bien. Muy feliz”.

A Peruvian man holds an In Touch Torch

En el Centro de Entrenamiento Aurora, los cristianos de las tribus regionales reciben Antorchas de En Contacto con la Biblia en su propia lengua nativa y los sermones del Dr. Stanley en español.

Alrededor de la cuenca del Amazonas están apareciendo pequeñas congregaciones como las de Arnaldo, y la Antorcha les ayudan a prosperar. A los estudiantes de Aurora, muchos de los cuales ya pastorean una iglesia en su propia casa, se les enseñó cómo plantar más congregaciones, tal como Cristo instruyó a sus discípulos. “En cualquier pueblo o aldea donde entren, busquen a alguien que merezca recibirlos, y quédense en su casa hasta que se vayan de ese lugar. Al entrar, digan: ‘Paz a esta casa’. Si el hogar se lo merece, que la paz de ustedes reine en él; y, si no, que la paz se vaya con ustedes” (Mt 10.11-13 NVI).

El pastor visitante deja la Antorcha con el “hombre de paz” que ha identificado. Este hombre toma el manto de la hospitalidad e invita a los creyentes a las reuniones semanales. Escuchan, aprenden y oran como un cuerpo, parten el pan y recuerdan la instrucción: “No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros” (He 10.25 NVI).

“La Antorcha funciona como predicador, discipulador y consolador... alimenta y edifica. El Señor lo usa para todo. Es el misionero que no tengo”.

—Marcos Costa, director del Centro de Entrenamiento Aurora



Así como a Arnaldo y Raúl, Marcos le dice a la gente que dondequiera que se reúnan dos o tres en nombre de Cristo, ahí hay una iglesia y que, con la comunión del Espíritu Santo, pueden crecer en la fe y dar frutos para el reino. Pero necesitan las Sagradas Escrituras, “a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Ti 3.17 NVI).

Por ello, Arnaldo y Raúl viajaron lejos por ríos caudalosos para encontrar la Palabra de Dios y llevarla a casa. Ahora, su pequeña iglesia puede regocijarse en el poder transformador mientras escuchan juntos bajo el resplandor de la Antorcha.

Sus donativos al Equipo Mensajero de En Contacto ayudan a los cristianos en comunidades remotas a crecer en la fe. Podemos estar separados por océanos y continentes, pero todos servimos al mismo Rey, nuestro Señor Jesucristo. Ayudémonos los unos a otros a permanecer fuertes en Él mientras esperamos su regreso.

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