Unidos de verdad

Debido a que Dios nos diseñó para relacionarnos con otros, las personas con las que nos vinculamos son una parte importante de su plan para nuestra vida.

¿Alguna vez alguien le ha tejido una manta o una bufanda? El tiempo y el amor que se invirtieron en su creación la convierten en un objeto muy significativo. Puede brindar consuelo y calidez durante muchos años y servir como recordatorio de nuestro ser querido incluso cuando ya no esté.

De alguna manera se asemeja a lo que se supone que sean nuestras relaciones con otros. Las personas, al igual que los hilos, se inclinan y giran unos sobre otros, apoyándose mutuamente, trabajando juntos para crear algo fuerte: una señal del amor y cuidado de Dios hacia el mundo. Como el sabio rey Salomón señaló: “Alguien que está solo puede ser atacado y vencido, pero si son dos, se ponen de espalda con espalda y vencen; mejor todavía si son tres, porque una cuerda triple no se corta fácilmente” (Ec 4.12 NTV).

Las personas que están entretejidas en nuestra vida pueden ser un gran sistema de apoyo para el llamado de Dios sobre nosotros. Sin embargo, las buenas relaciones pueden ser difíciles de mantener. En nuestro mundo caído es un milagro que dos personas se lleven bien y logren mantener un vínculo amistoso y, aun más difícil, un afecto genuino. Las relaciones necesitan mucho amor y perdón. Incluso cuando yo veo las cosas de una manera y usted las ve de otra, debemos ser “benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ef 4.32).

La relación más grande que tenemos, que es con nuestro Creador, se rompió y le costó a su Hijo un alto precio repararla. Cristo eligió perdonar nuestras ofensas. Él es paciente, amable, bueno y amoroso con nosotros, aunque lo rechazamos. Y, como nos amó primero, podemos amar a los demás (1 Jn 4.19). Al estudiar el ejemplo de Cristo al crear, mantener y reparar las relaciones, aprendemos a cumplir nuestro propio llamado al ministerio de la reconciliación: reconciliar a las personas con Dios y con los demás.

Incluso cuando parece que el amor phileo (o el amor fraternal) se pierde en un mundo lleno de animosidad, el Señor nos da el poder para superar cualquier obstáculo y así poder amar. Nada le gustaría más a nuestro enemigo que ver la división del pueblo de Dios. Desea que nos sintamos separados, solos y temerosos, pero Dios nos da el poder de su Espíritu, la verdad de su Palabra y la fortaleza del cuerpo de Cristo. Usted no está solo, en Cristo y sus seguidores tiene aliados.

Por esa razón hemos recopilado este folleto lleno de las enseñanzas del Dr. Stanley acerca de las relaciones interpersonales. Esperamos que el Señor use este folleto para ayudarle a orar mientras interactúa con los demás y expresa su gratitud por las personas que son de bendición para su vida.

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