enero 2019

Del corazón del pastor

Si no entendemos qué es la iglesia, podríamos desviarnos del rumbo y convertirla en algo que Cristo nunca quiso que fuera.

por Charles F Stanley

¿Qué es la iglesia? Si le hiciera esta pregunta a un grupo aleatorio de personas, lo más probable es que obtendría una gran variedad de respuestas. Incluso los cristianos tenemos diferentes ideas sobre la identidad y la función de la iglesia. Por eso es importante examinar su historia para ver el diseño de Dios. Si no entendemos qué es la iglesia, podríamos desviarnos del rumbo y convertirla en algo que Cristo nunca quiso que fuera.

La primera mención de la iglesia está en Mateo 16.18 cuando Jesucristo dijo: “Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Observe que la iglesia pertenece al Señor Jesús y Él asume toda la responsabilidad de construirla, protegerla y darle poder. Este no es un proyecto hecho por el hombre, sino un esfuerzo divino que no puede fallar porque el omnipotente Hijo de Dios está a cargo.

Desde nuestra perspectiva limitada, puede parecer que las iglesias fracasan cuando cierran sus puertas, pero Cristo garantiza que su Iglesia universal continuará. Incluso en la era del Nuevo Testamento, las iglesias locales fueron amenazadas por falsas enseñanzas, y algunas pudieron no haberse recuperado. Sin embargo, Dios siempre ha reunido a nuevos grupos de creyentes y levantado congregaciones en todas las épocas y en todo el mundo. Aunque los perseguidores pueden intentar destruir la Iglesia, no pueden detener su crecimiento. De hecho, se ha dicho que la sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia.

Cristo es la piedra angular alrededor de la cual se construye toda la iglesia.

La Iglesia es una entidad extraordinaria que nació con la venida del Espíritu Santo en Pentecostés y, justo después, Cristo comenzó el proceso de construcción cuando “añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hch 2.47). La iglesia se construye un individuo a la vez, ya que cada uno viene a Jesucristo, quien es la “piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa” (1 P 2.4).

Cristo es la piedra angular alrededor de la cual se construye toda la iglesia, y el apóstol Pedro describe a los creyentes como “piedras vivas” que son “edificados como casa espiritual” (v. 5). Aunque venimos a Cristo solos, nos unimos con otros creyentes. El Señor Jesús no desea que sus seguidores vivan aislados. Estas piedras vivas están conectadas entre sí para formar un templo en el que Dios mora. Ninguno es excluido y todos tienen su lugar.

La Iglesia también es un sacerdocio santo. En el Antiguo Testamento, los sacerdotes eran los únicos que podían acceder a Dios en el templo. Eran los mediadores entre Dios y la gente, y eran responsables de ofrecer los sacrificios para la adoración e instruir a la gente en la Palabra de Dios.

De manera similar, los creyentes bajo el nuevo pacto tienen “libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo” (He 10.19). La Biblia dice que todos los creyentes en Cristo son miembros de un sacerdocio real (1 P 2.9). A diferencia del sumo sacerdote judío que solo podía entrar una vez al año, tenemos acceso constante a Dios a través de la oración y la adoración. Y como sacerdotes, actuamos también como intercesores entre el Señor y los que no lo conocen, al explicarles el evangelio y orar por su salvación.

Los sacrificios que ofrecemos en la adoración son espirituales. Romanos 12.1 habla de ofrecer nuestros cuerpos como sacrificios vivos, lo que significa que rendimos el control total de nuestra vida a Cristo. Las Sagradas Escrituras también mencionan sacrificios de alabanza, acción de gracias, bondad y ayuda mutua (He 13.15, 16). Todo esto ayuda a definir quién es la Iglesia y qué debemos hacer.

La verdadera Iglesia está compuesta por personas que pertenecen a Dios. Escuche cómo nos describe el apóstol Pedro: “Masvosotrossoislinajeescogido, realsacerdocio, naciónsanta, puebloadquiridopor dios” (1 P 2.9). Ser escogido significa que Dios tomó la iniciativa en nuestra salvación. Su elección no fue por nuestro mérito, sino por su amor. Además, Él nos ha hecho una nación santa. No hay distinciones raciales ni de origen dentro del Cuerpo de Cristo porque todos somos uno en Él y nuestra ciudadanía está en el cielo, no en este mundo. Además, somos llamados real sacerdocio, lo que significa que formamos parte de la realeza. Cuando Cristo regrese a la Tierra moraremos con el Rey de reyes que gobernará y reinará por la eternidad (Ap 3.21).

La tarea de la Iglesia es proclamar las excelencias de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 P 2.9). No solo exaltamos y adoramos a Dios juntos, sino que habiendo recibido misericordia, se nos ha confiado el evangelio que puede salvar a aquellos atrapados en la oscuridad del pecado. Las personas necesitan escuchar sobre el amor de Dios y el sacrificio de Cristo en su nombre, y tenemos el privilegio de decirles que el perdón es posible para todos los que se arrepientan del pecado y confíen en Cristo como Señor y Salvador.

Como todo lo que nos es familiar, podemos comenzar a subestimar nuestra iglesia o enfocarnos en sus defectos y dejar de ver lo preciosa que es para Cristo. Aunque no hay iglesias perfectas, llegará el día en que todos estemos unidos en el cielo, libres del pecado y sin impedimentos en nuestra comunión los unos con otros y en nuestro amor y adoración al Salvador. Hasta entonces, recordemos quiénes somos y a Quién pertenecemos.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P.D. Le agradezco la oportunidad de servirle a través de Ministerios En Contacto. A partir del 2019, nuestro tema para el año es La Iglesia Integral. En los próximos meses, compartiré ideas acerca de la comunidad de creyentes y nuestro lugar como miembros, tanto a nivel local como global. Mi oración es que su aprecio por el cuerpo de Cristo crezca, al igual que el amor por nuestro Señor Jesucristo.


¿Qué ocurre con mis anotaciones?
Color de fondo:
Claro
Aa
Oscuro
Aa
Tamaño de letra:
A
A
A