febrero 2019

Del corazón del pastor

Un espíritu independiente causa estragos en la Iglesia.

por Charles F Stanley

Todos sabemos que no hay iglesias perfectas porque no hay personas perfectas. Sin embargo, nunca debemos usar esto como excusa para abandonar la iglesia o conformarnos con la mediocridad y la disfunción. Una actitud tan fatalista muestra que no entendemos el punto de vista de Dios sobre la Iglesia ni apreciamos el gran costo que Cristo pagó para que seamos su esposa.

Aunque muchas iglesias hoy en día tienen problemas, el Señor no espera que los resolvamos por nosotros mismos, sino que nos brinda guía a través de su Palabra. El mejor ejemplo en las Sagradas Escrituras de una iglesia llena de problemas es la de Corinto. El apóstol Pablo pasó 18 meses allí estableciendo la iglesia y dándole un fundamento firme sobre el cual pudiera crecer; pero después de irse, surgieron problemas. Al final, le enviaron una carta informándole de las divisiones, la inmoralidad y otros asuntos que habían surgido en la iglesia. La Primera epístola a los Corintios contiene las respuestas de Pablo, las cuales también son muy relevantes para la iglesia actual.

Si intentáramos rastrear el origen de sus problemas, veríamos que era una actitud de autosuficiencia. El resultado fue una iglesia caótica que carecía de unidad y amor pues muchos intentaban seguir su propio camino y se negaban a someterse los unos a los otros. Comenzaron a escuchar a los falsos apóstoles y adoptaron todo tipo de creencias y prácticas aberrantes.

En el capítulo 12 de 1 Corintios, el apóstol Pablo hace frente a este espíritu de autosuficiencia al describir a la Iglesia de la manera en que Dios la ve, como un cuerpo con muchas partes que difieren en forma y propósito, pero que trabajan juntas para su correcto funcionamiento. Somos el Cuerpo de Cristo en el mundo, y Él es nuestra cabeza. Cuando Cristo ascendió al cielo, le delegó a su Iglesia el llevar a cabo su obra. Muchos nos han comparado con sus manos y pies mientras seguimos su voluntad, como individuos y como grupo. Cristo, siendo nuestra cabeza, nos revela su mente a través de su Palabra y su Espíritu, que nos ayuda a interpretarla.

Todos sabemos que no hay iglesias perfectas porque no hay personas perfectas.

Los problemas surgen cuando decidimos seguir nuestros propios planes en lugar de escucharlo y vivir con los demás como Él desea. Filipenses 2.3 nos dice qué tipo de actitud debemos tener: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.

Esta fue la actitud que Cristo demostró cuando se humilló, vino a la Tierra como un siervo y murió en la cruz para salvarnos (vv. 5-8). Sin embargo, los corintios carecían de tal actitud —al igual que muchas iglesias en la actualidad— lo cual tuvo un resultado devastador.

En primer lugar, no reconocieron su unidad en Cristo y las decisiones soberanas de Dios con respecto a los dones espirituales. El apóstol Pablo les recordó a los corintios que el cuerpo de Cristo es uno con muchos miembros, y cada miembro es bautizado por el Espíritu dentro del cuerpo en el momento de la salvación (1 Co 12.12, 13). Su conexión se basaba en quiénes eran en Cristo, no en cómo lo servían.

De hecho, los creyentes no tienen por qué funcionar de la misma manera porque cada uno ha sido creado con una personalidad, capacidades mentales y atributos físicos únicos, y se le ha dado un don espiritual elegido de manera específica por el Espíritu Santo (vv. 4-11). De esta manera, Dios dota a la iglesia para llevar a cabo los diversos ministerios de manera efectiva.

En segundo lugar, algunos de los corintios se sentían insignificantes y sin importancia. En lugar de ver el valor de cada don espiritual, comenzaron a clasificarlos según su aparente importancia. Sin embargo, a los ojos de Dios, cada don espiritual y miembro de la iglesia es vital para el buen funcionamiento de la Iglesia. Pablo comparó la situación con un pie que dice no ser parte del cuerpo simplemente porque no es una mano (v. 15). Pero un pie es indispensable ya sea que se note o no. Lo mismo sucede con dones menos prominentes. El que sus dones espirituales no le hagan estar al frente predicando no significa que sean menos valiosos o menos necesarios.

En tercer lugar, algunas personas en la iglesia de Corinto tenían una visión egocéntrica de sí mismos y de sus dones espirituales. Pensaban que no necesitaban a otros en la iglesia, pero el apóstol Pablo dijo: “Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito” (v. 21). ¿Se imagina lo que pasaría si las partes de nuestro cuerpo comenzaran a actuar independientemente unas de otras? ¿Cómo podríamos caminar si una de nuestras piernas y uno de nuestros pies intentaran ir en direcciones opuestas? La misma disfunción se produce cuando los miembros de una iglesia se consideran superiores, actúan de forma independiente y menosprecian los aportes de los demás.

Resulta evidente que un espíritu independiente causa estragos en la Iglesia. Cuando algunos miembros eligen no usar sus dones espirituales, ya sea por sentimientos de insuficiencia o indiferencia, a la Iglesia en su conjunto se le priva de lo que Dios dispuso que tuviera. El resultado es un cuerpo parcialmente paralizado. De manera similar, la iglesia se queda inmóvil cuando los miembros no se valoran ni se someten entre sí.

Cuando todos los miembros se enfocan en su unión en común con Cristo, lo siguen como su cabeza y usan sus dones individuales para servir a los demás con una actitud de humildad y amor, la Iglesia funciona correctamente, los creyentes son bendecidos y Dios es glorificado. Lo cual es mi oración por usted y por su iglesia.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P.D. ¿Es usted parte de una iglesia local? Sé que existen razones legítimas por las que algunas personas no son miembros de una congregación. Pero si puede hacerlo, me gustaría animarle a encontrar y unirse a una iglesia. Usted tiene algo que aportar y será bendecido a través de este acto de obediencia a Cristo.


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