marzo 2019

Del corazón del pastor

No tiene nada que perder y todo que ganar al servir en el área de su don espiritual.

por Charles F Stanley

A lo largo de los años me he dado cuenta de que hay creyentes que asisten a la iglesia cada domingo y escuchan los sermones, pero que carecen de la confianza y motivación para servir en cualquier ministerio. Como resultado, se sienten desconectados. ¿Podría ser esta su situación? ¿A veces se siente más como un espectador que como una parte integral de la iglesia a la que asiste? Si es así, se está perdiendo de lo que Cristo quiso que fuera su Iglesia: un cuerpo compuesto por muchos miembros que están dotados para servir de diversas maneras.

La verdad es que si usted le ha entregado su vida a Cristo, ya ha sido dotado para servir al Señor en su iglesia local. Esto no significa que se sienta adecuado para desempeñar su don o que no necesite ser entrenado ni crecer en sus destrezas y capacidades, sino que Dios ha provisto todo lo que necesita para obedecerlo en dicha área.

Nuestro proceso divino de capacitación para el servicio comienza en el momento de nuestra salvación cuando el Espíritu Santo regenera nuestro espíritu y lo revive. Luego, el Espíritu Santo viene a vivir dentro de nosotros para fortalecer nuestra obediencia y transformarnos a imagen del Hijo de Dios. Pero el Espíritu también nos da un don espiritual especial a cada uno para que podamos servir de la manera que Dios dispuso. Él le da un regalo a cada creyente, y usted no es una excepción. Si ha nacido de nuevo, también tiene un don espiritual, ya sea que se dé cuenta de ello o no.

¿Qué es un don espiritual? El término griego es carisma, que significa un don de la gracia divina que se otorga sin ningún mérito propio, sino solo como producto del amor de Dios hacia nosotros. Es una habilidad o capacidad especial por medio de la cual podemos llevar a cabo el trabajo que Dios nos ha pedido que hagamos. No tenemos que orar para recibirlo ni tampoco podemos elegir cuál queremos porque el Espíritu los distribuye como quiere (1 Co 12.11). Podemos encontrar una enumeración de los dones espirituales en Romanos 12.3-8; 1 Corintios 12.8-11; y Efesios 4.11. Nuestra responsabilidad es descubrir nuestro don y emplearlo para servirnos los unos a los otros.

¿Cuál es la diferencia entre un don espiritual y un talento natural? A diferencia de los dones espirituales, que solo tienen los creyentes, los talentos naturales son habilidades e intereses heredados que reciben al nacer todas las personas (Sal 139.13-16). Sin embargo, dado que tanto los dones espirituales como los talentos se originan en Dios, a menudo trabajan juntos en nuestro servicio a Él. Por ejemplo, aunque la habilidad musical es un talento natural, puede usarse como un canal a través del cual expresemos nuestro don espiritual.

¿Cuál es el propósito de los dones espirituales? Ha habido muchos malentendidos en cuanto a este asunto, lo cual ha traído abuso, mal uso y división en la Iglesia. Estos dones no nos son dados para nuestro propio crecimiento, disfrute y sentido de satisfacción en el Señor.

Dios ha provisto todo lo que necesita para obedecerlo.

Aunque somos bendecidos al emplearlos, los dones espirituales son para el beneficio de otros en la iglesia. El apóstol Pablo enseña en 1 Corintios 12.7 que “a cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás” (NVI).

¿Cómo descubro y empleo mi don espiritual? El simple hecho de tener un don espiritual es de poco valor si nunca se usa en la iglesia. Nuestro objetivo debe ser llegar a ser buenos administradores del don de la gracia de Dios. De lo contrario, somos como el esclavo en la parábola en Lucas 19.12-27, que por miedo guardó en un pañuelo el dinero que se le confió en lugar de invertirlo para su amo.

Según 1 Corintios 12.4-6, hay diversidad de dones, ministerios y operaciones o actividades, y es importante saber diferenciar entre ellos. Creo que cada uno de nosotros recibe uno de los dones de motivación mencionados en Romanos 12.6-8, a saber: profecía, servicio, enseñanza, exhortación, dar, liderazgo y misericordia. Hay algo dentro de nosotros que nos atrae en una dirección particular, que marca la manera en cómo reaccionamos ante las situaciones e inspira nuestros intereses. Por ejemplo, aquellos que tienen el don de la enseñanza desearán estudiar las Sagradas Escrituras; mientras que los que tienen el don de misericordia gravitarán hacia las personas que necesitan ayuda y consuelo.

Por otra parte, los ministerios son oportunidades o rutas de servicio que Dios nos abre para que utilicemos nuestro don motivador. Cada don motivacional tiene una variedad de formas en las que se puede expresar. Las operaciones son los resultados que se obtienen al usar el don en un área particular del ministerio. Por ejemplo, yo tengo el don de exhortación, mi ministerio es el pastorado y las operaciones son el crecimiento de los creyentes y la salvación de los perdidos.

Una vez que descubra qué dones le dio Dios y comience a servir en el ministerio que le haya indicado, su don se agudizará y será más competente y eficaz. Descubrir su don podría tomarle un poco de ensayo y error, pero si comienza el proceso, Dios será fiel en dirigir sus pasos. Solo recuerde que su responsabilidad es ser fiel en el servicio, no en los resultados. Solo Dios es responsable de los resultados.

No tiene nada que perder y todo que ganar al servir en el área de su don espiritual. Entonces, salga y comience a servir, y descubra la alegría de saber que obedece al Señor y contribuye al crecimiento y la edificación de su iglesia.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P.D. ¿Sabía que la salud de su iglesia depende de que todos los miembros funcionen de acuerdo con el propósito de Dios? Y eso le incluye a usted. Cuando Cristo le salvó, sabía que usted necesitaría compañeros en la fe para crecer y animarle, y que ellos también lo necesitarían a usted.


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