mayo 2019

Del corazón del pastor

La única manera segura de saber si estamos pensando de la manera correcta es alineando nuestros pensamientos con la verdad absoluta, la cual se encuentra en la Biblia.

por Charles F Stanley

Hay muchos asuntos a los que no le damos la debida importancia, en especial cuando se tratan de nuestros pensamientos. Después de todo, siempre están con nosotros; sin embargo, rara vez nos detenemos a considerar si estamos pensando lo correcto. Además, ¿cómo lo sabríamos? ¿Cómo podríamos evaluarlos?

La única manera segura de saber si estamos pensando de la manera correcta es alineando nuestros pensamientos con la verdad absoluta, la cual se encuentra en la Biblia.

Cuando tomamos decisiones basadas en mentiras o razonamientos equivocados, todos los aspectos de nuestra vida se ven afectados. Desde el día en que nacimos, nuestras mentes son programadas por lo que experimentamos y aprendemos. Algunas cosas son buenas, pero es posible que hayamos desarrollado patrones de pensamiento que obstaculizan nuestra vida porque no están basados en la verdad.

Hay esperanza en Cristo.

El Señor Jesucristo dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8.31, 32). Luego continuó explicando que “todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (v. 34). Dado que los seres humanos nacemos con una naturaleza pecaminosa que es hostil a los asuntos de Dios, nuestra mente ha sido corrompida, lo cual afecta todos los aspectos de nuestra vida. No podemos confiar ya en nuestro razonamiento. Por lo tanto, consideremos lo que la Biblia dice acerca de la mente.

Primero, la mente de los incrédulos está entenebrecida. Esto no significa que los que no creen en Cristo carezcan de inteligencia; sin embargo, no pueden entender las cosas de Dios ya que estas solo pueden ser discernidas de manera espiritual (1 Co 2.14). Todos aquellos que reprimen la verdad acerca de Dios, la cual ha hecho evidente dentro de ellos y a través de su creación, se vuelven inútiles en sus especulaciones y razonamientos aunque afirmen ser sabios (Ro 1.18-22).

Además, quienes están sin Cristo no tienen poder sobre el pecado. Aunque la mayoría de las personas no sean tan malas como podrían ser, la naturaleza pecaminosa en ellas contamina sus intenciones, haciendo que todas sus buenas acciones sean como trapo de inmundicia a los ojos de Dios. Para empeorar las cosas, Satanás los tienta una y otra vez, y los engaña con placeres y actividades terrenales, sin que puedan defenderse. Sin embargo, hay esperanza en Cristo.

Segundo, los creyentes se convierten en nuevas criaturas en Cristo con una mente nueva (2 Co 5.17). Cuando creemos en Jesucristo, nos arrepentimos del pecado y lo recibimos como Señor y Salvador, recibimos una nueva naturaleza que busca a Dios. Nunca seremos la persona que una vez fuimos, porque tenemos al Espíritu Santo que mora en nosotros. Aunque seguimos luchando contra el pecado, ahora tenemos el poder de obedecer a Dios en lugar de rendirnos a nuestras inclinaciones naturales.

Ser una nueva criatura en Cristo también repercute en nuestra mente (1 Co 2.15, 16). Ahora podemos entender las cosas de Dios. Sin embargo, Dios no cambia de manera instantánea nuestra forma de pensar. Es un proceso, y desempeñamos un papel en el mismo. Después de la salvación es posible que todavía nos veamos influenciados por patrones de pensamiento engañosos, viejos hábitos, puntos de vista mundanos y malas actitudes, pero Dios ha provisto lo que necesitamos para ser transformados: su Palabra. Es cuando permanecemos en la Palabra de Dios, como dijo Cristo, que conocemos la verdad y somos liberados de pensamientos errados y comportamientos pecaminosos.

Tercero, sin una mente renovada, el cristiano pensaría como el mundo. Algunos creyentes están cansados de intentar vencer el pecado. El problema es que se concentran en los aspectos externos, pero no en el problema interno: su pensamiento. La única manera de superar los pensamientos destructivos y los engaños es pensar conforme a la Biblia.

Romanos 12.2 dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. Cristo nos llama a dejar de adoptar los valores, filosofías e ideas de la sociedad que nos rodea porque Él está trabajando para conformarnos a su imagen, no a la del mundo; y todo comienza en la mente (Ro 8.29).

Cada vez que leemos la Biblia, Dios reprograma nuestra mente con la verdad para que podamos liberarnos de nuestra antigua manera de pensar. El resultado es una vida llena de confianza en el Señor y victoria sobre el pecado.

Comprometernos de manera personal con las Sagradas Escrituras es vital. También es una función crucial de la Iglesia. Los pastores deben enseñar fielmente la Palabra de Dios (2 Ti 2.15), mientras que los creyentes deben recordarse los unos a los otros de manera constante lo que instruye la Biblia: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Col 3.16). Cuando guardamos la Palabra de Dios en nuestros corazones y la transmitimos a los demás, se hace posible una transformación poderosa.

Si permanece en las Sagradas Escrituras, descubrirá que ella no solo le libera, sino también que deleita su alma, da sabiduría a su mente y bendice a aquellos con quienes la comparta.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P.D. El Día de las Madres es un momento para recordar a nuestras madres con gratitud y admiración. Démosles las gracias por su amor desinteresado y sacrificios, y pidamos a Dios que bendiga a todas las madres con sabiduría piadosa y fe firme.


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