noviembre 2018

Del corazón del pastor

Debido a estas tres verdades bíblicas acerca de Dios, podemos darle gracias en todo.

por Charles F Stanley

Si ha sido cristiano durante un tiempo prolongado, es probable que haya descubierto que algunos mandamientos en la Biblia son más fáciles de obedecer que otros. Esto podría deberse a varios factores, como su personalidad, estilo de vida antes de haber sido salvo o debilidades personales. Sin embargo, a veces el problema es la falta de comprensión en cuanto a cómo obedecer un mandamiento en particular.

Las Sagradas Escrituras contienen directrices que son bastante sencillas y no necesitan mayor explicación, como por ejemplo “No matarás” (Ex 20.13). Sin embargo, otros versículos dan órdenes claras que no sabemos específicamente cómo seguir sin recibir más explicaciones.

Por ejemplo, Efesios 5.18 dice: “Sed llenos del Espíritu”, pero a menos que miremos el contexto y busquemos otros pasajes de la Biblia, no sabremos cómo ser llenos del Espíritu.

Otro ejemplo se encuentra en 1 Tesalonicenses 5.18, que dice: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Sabemos lo que el apóstol Pablo está diciendo, pero podemos no estar seguros de cómo hacerlo. Quizás si dijera: “Dad gracias por las cosas buenas”, sabríamos exactamente cómo obedecer pues tendría mucho sentido. Pero cuando consideramos la frase “en todo”, comenzamos a cuestionar si sentirnos agradecidos por todo es siquiera posible.

La vida incluye muchas experiencias dolorosas: pérdida de seres queridos, crisis económicas, enfermedades, desastres naturales, accidentes y matrimonios rotos, entre muchas otras cosas. ¿Cómo se supone que debamos dar gracias a Dios en medio de cosas así?

La clave para descubrir cómo ser agradecidos en todo no se encuentra en el contexto inmediato del mandamiento, sino en toda la Palabra de Dios. Sería muy conveniente si la Biblia estuviera organizada de tal manera que pudiéramos encontrar fácilmente la respuesta a cada problema o pregunta, pero a veces necesitamos profundizar en la Palabra para manejar los problemas de la vida.

Aunque las respuestas que necesitamos para la vida se encuentran en sus páginas, la Biblia es, ante todo, la revelación de Dios en desarrollo y su redención de la humanidad. Menospreciarla nos roba la bendición de crecer en nuestro conocimiento de su Palabra inspirada y en nuestro amor y adoración al asombroso Dios trino. Es por medio de toda su Palabra que aprendemos quién es Él y lo que hace. De manera que, solo por medio de ella podemos entender por qué debemos ser agradecidos y cómo podemos dar gracias en todo, incluso en aquellas cosas que no parecen dignas de gratitud en absoluto.

Cada evento y situación que se nos presenta ha pasado primero por las manos de nuestro amoroso Padre celestial.

La primera verdad que debemos entender acerca de Dios es que es soberano. Nabucodonosor, rey pagano de Babilonia, aprendió esto de la peor manera cuando sufrió siete años de locura antes de levantar los ojos al cielo y alabar al Dios Altísimo, diciendo: “Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Dn 4.35).

No tenemos que mirar nuestras circunstancias y pensar que somos víctimas indefensas del destino o del mal. Cada evento y situación que se nos presenta ha pasado primero por las manos de nuestro amoroso Padre celestial. Aunque no comprendamos lo que está haciendo, podemos encontrar la paz sabiendo que Él tiene el control.

Segundo, Dios siempre es bueno. Sin este atributo, no encontraríamos consuelo en el control soberano de Dios porque no estaríamos seguros de sus intenciones. Pero nunca debemos temer, porque estamos bajo la soberanía del Todopoderoso, que es eternamente bueno y hace el bien (Sal 119.68).

Tercero, Dios siempre hace que todas las cosas sean para el bien de quienes le pertenecemos (Ro 8.28). Aunque experimentamos circunstancias malas, el Señor hábilmente entreteje los oscuros hilos de la vida para su gloria y para nuestro bien. Y la meta hacia la que trabaja en nuestra vida se revela en el siguiente versículo: “Porque [Dios]... los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (v. 29). Cualquier experiencia dolorosa o difícil, incluso una causada por nuestra rebeldía, puede ser usada por el Señor para nuestro crecimiento y desarrollo espiritual.

Debido a estas tres verdades bíblicas acerca de Dios, podemos darle gracias en todo. La gratitud no depende de las buenas circunstancias sino en nuestra confianza y seguridad en el Señor y en sus promesas. Es evidencia de nuestra dependencia y sumisión a Él, y el resultado es la paz que trasciende toda comprensión, una relación con Cristo que es constante e inquebrantable y un poderoso testimonio que influye en quienes nos rodean.

Si usted es hijo de Dios por la fe en Jesucristo, Él le acompaña en cualquier situación que enfrente hoy. Aunque es posible que no pueda ver el bien que Dios está obrando en este momento, ¿puede confiar en que lo está haciendo? El bien más valioso de todos es la eternidad; por lo tanto, nuestro mayor motivo de gratitud en cada situación es la salvación de nuestra alma. Después de recibir los beneficios temporales de Dios en este mundo, nos esperan en el cielo bendiciones inimaginables, así que seamos hoy fieles y agradecidos.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P.D. Oro para que tenga una maravillosa celebración de Acción de Gracias mientras se reúne con sus seres queridos. Tal vez Dios use su testimonio de gratitud en todo para tocar las vidas de aquellos a su alrededor que luchan con privaciones, pérdidas o dolor.


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