De las gradas a los bancos

La misión de Sam Collier para alcanzar a niños desfavorecidos y movilizar a la Iglesia.

Sam Collier levanta su mano izquierda, al pararse en una silla plástica en medio del gimnasio. “Tengo un billete de $100 dólares en mi mano”, dice por el micrófono, y 450 estudiantes aclaman.

“Esto no es para los niños tímidos; no es para los niños tímidos”, dice mientras mueve su mano. “Le voy a dar este billete de $100 al que venga hasta aquí abajo ahora mismo. El DJ va a poner la próxima canción, y le daré este dinero al que baile mejor”.

 

Una estampida de niños corrió hacia Collier, algunos de ellos animaron a sus reacios amigos a seguirles.

“¡Está bien, está bien!”. Collier podía sentir el entusiasmo en el ambiente, mientras los niños se le acercaban por todos lados. “¡La música va a comenzar! ¡Busco al mejor bailarín! Cuando comience la música, quiero que empiecen a bailar, pero sin lastimar a nadie. ¡Tengan cuidado!”.

La música comenzó tan alto que las gradas temblaron. Pero nadie bailaba. Pequeñas manos se acercaron para agarrarse del cuello y del pecho de Collier. Con los ojos bien abiertos Collier desaparece bajo una ola de camisetas blancas, amarillas y marrones. La canción continúa, mientras algunos gritos alcanzan el nivel de la música. Varios de los niños corren de vuelta a las gradas, mientras otros se amontonan sobre Collier, el cual ya no se puede divisar. Los maestros corren hacia él, mientras levantan a los niños. Una de las niñas llora mientras se la llevan.

“¿Dónde está mi gorro?”. La voz de Collier, amplificada por el micrófono, proviene desde la multitud de niños y maestros que ahora se separan. “¡Necesito mi gorro!”.

Con los ojos bien abiertos Collier desaparece bajo una ola de camisetas blancas, amarillas y marrones.

Collier está parado solo en medio del gimnasio. La silla ya no está. El único sonido que se escucha es el alboroto que proviene de las gradas.

“Aplaudan una vez si pueden escucharme”, dijo Collier.

Aplauso.

“Aplaudan dos veces si pueden oírme”.C/

Aplauso. Aplauso.

 
***
 

Collier dirige No Losing, Inc. [Sin perder, Inc.], una organización que comenzó para fortalecer a las comunidades en donde se usa la educación como herramienta para mejorar la calidad de vida. Uno de sus enfoques principales es la “Campaña no C”, la cual motiva a los estudiantes de secundaria a tratar de obtener solo calificaciones A y B. Collier pasa la mayor parte del año visitando escuelas de bajos recursos para promover esa campaña. “C es regular”, les recuerda. “No sean regulares”.

“Lo peor que uno puede hacer con un niño que vive en pobreza es mentirle acerca de las realidades de la vida. Tratar no es suficiente”.

Sin embargo, Collier ha recibido mucha crítica por ese enfoque. ¿Qué pasará con aquellos estudiantes que no puedan obtener calificaciones A y B? Considerando las escuelas que visita, deben haber muchos niños sin el apoyo familiar y financiero que normalmente favorece el desempeño escolar. ¿Qué sucederá con ellos?

"La realidad es que también los amo; pero lo peor que uno puede hacer con un niño que vive en pobreza es mentirle acerca de las realidades de la vida”, Collier afirma. “Tratar no es suficiente. Hay que obtener lo mejor, pues eventualmente la realidad nos golpeará”.

No solo dirige su organización, sino que Collier también trabaja para North Point Community Church, el ministerio de Andy Stanley en Georgia. Ya sea que Collier se encuentre en un gimnasio lleno de niños en el centro de la ciudad de Atlanta, o ayudando en un servicio en el condado de Gwinnett, es difícil que pase desapercibido. El entusiasmo emana de él como si fuera luz. Ya sea que hable de una excursión a Six Flags para los estudiantes con calificaciones A y B, o que anuncie el campamento de verano de la iglesia para los estudiantes de sexto grado. Casi siempre comienza con su risa característica, la cual pareciera tomarle de sorpresa, pero la extiende lo suficiente para que los que le rodean también se rían.

En todo momento se da cuenta de lo que ocurre a su alrededor. Y, como el camaleón, se ajusta para ser parte de cualquier ambiente. Aunque esto puede no parecer un atributo positivo, contribuye a la efectividad de Collier en los lugares que ha escogido servir.

 

Hay una gran diferencia entre ser orador en un campamento de jóvenes de North Point y dirigirse a un grupo de estudiantes en Atlanta; pero Collier reconoce que debe hacer las dos cosas. Por medio de No Losing, Inc., es capaz de servir en los lugares de donde procede. Por medio de su servicio en North Point, recibe consejo, dirección y contactos que necesita para mantener su organización. Las iglesias con muchos recursos casi nunca se cruzan de manera natural con comunidades pobres. Es por eso que Collier trabaja para conectarlas tanto como sea posible.

 
***
 

El bullicio estremece las paredes del gimnasio, creando una estridente onda de sonido. Con la esperanza de que al separar a los amigos el bullicio disminuya, los maestros señalan a los que deben cambiar de puesto. El gimnasio comienza a calmarse, mientras los estudiantes miran hacia adelante para evitar el contacto visual con los profesores.

Collier les dice que, después de muchos años de realizar esta misma actividad con el billete de $100, esa es la primera vez que es vencido por una multitud de estudiantes en una reunión.

“Voy a señalar a un estudiante, y quiero que venga hasta aquí”, anuncia Collier por el micrófono. “Sin preguntar, sin titubear, ven hasta aquí inmediatamente que te señale”.

Los niños susurraron desde sus asientos.

Sin mirar a su alrededor, Collier señaló a un muchacho. “Tú, ven aquí”.

El muchacho se negó con la cabeza. Sus maestros le animaron con señas, pero él solo miraba a su alrededor. ¿Se refería a él? No creía, por eso se mantuvo sentado. Collier le miró fijamente, mientras que este muchacho trataba de desaparecer.

Esa es la primera vez que es vencido por una multitud de estudiantes en una reunión.

“No. No tú”, le dijo Collier.

“Tú”, señaló a otro joven que estaba en otra hilera de asientos.

El joven inmediatamente caminó hacia Collier, quien le abrazó y le puso frente a la multitud. Al muchacho le faltaba un zapato, pero uno de los maestros se acercó rápidamente para alcanzárselo, y luego se alejó. El primer estudiante también llegó a donde ellos estaban, pero Collier le alejó al decirle: “No, no tú, él”.

“¿Quiénes de los que están aquí desean tener éxito?”, preguntó Collier. “Levanten la mano”.

Muchas manos se levantaron. El muchacho saltaba en un solo pie detrás de él, mientras Collier se viraba para examinar el gimnasio.

“Si desean tener éxito deben aprender a seguir instrucciones. Deben estar preparados. Anteriormente les dije que tuvieran cuidado. Pero algunos de ustedes no estaban listos”. Señaló al niño detrás de él, quien ya había podido ponerse su otro zapato.

“Le pedí que viniera y lo hizo de manera inmediata, sin hacer ningún ruido, sin titubear y sin un zapato. Él está preparado”.

Collier buscó dentro del bolsillo de su pantalón. “Él recibirá los $100 dólares”, y puso ese billete en la mano del niño. Las gradas estallaron con gran bulla.

“Aplaudan una vez si me puede escuchar”, se le escucha decir. “Aplaudan dos veces”.

 
***
 

La primera vez que Collier trabajó en el ministerio, fue como director del coro de jóvenes, en la antigua congregación del Dr. Martin Luther King Jr., en la Iglesia Bautista Ebenezer. Diez años atrás había llegado más temprano a su primer ensayo. Distribuyó las sillas negras para el coro, imaginando a las contraltos de un lado y a las sopranos de otro, quienes usualmente eran menos. Trajo su propia partitura, aunque se preguntaba cuántos de los miembros del coro podían leer música. Y se dispuso a esperar.

Una niña y su madre entraron. La niña se sentó en una de las sillas negras y su madre se sentó a un lado. La niña era contralto, mientras que su madre solo estaba ahí para llevarla de regreso a casa.

 

Mientras esperaba a que el reloj marcara el momento para comenzar, Collier observó cómo los minutos pasaban. Le comunicó a esa madre y a su hija que esperaría un poco más por aquellos que estaban retrasados. Pero el minutero se seguía moviendo, y nadie más llegaba. Collier se dio cuenta que en esto consistía su nueva posición; en dirigir un coro conformado por una niña de once años.

Pasó una semana, luego dos, y seguía solo con una participante en su coro. Pero a la madre de esa niña le gustó su entusiasmo. Cuando ella comenzó a propagar la noticia de ese nuevo director de coro, el grupo creció rápidamente a 25 integrantes.

Un domingo, después del servicio en la iglesia, el pastor de jóvenes se le acercó a Collier, y le preguntó.

“¿Sabe quiénes son esa señora y su hija?”.

“Claro, son Ángela y su hija Farris”, respondió Collier un poco confundido.

“¡Esa es la sobrina de Dr. King!”, le dijo el pastor.

Motivado por la conexión que tenía Ángela con líderes de los derechos civiles, Collier le preguntó acerca del ministerio y del propósito. Eventualmente, ella vino a ser su mentor y le animó a predicar y hablar desde diferentes escenarios. Fueron esas charlas las que le guiaron a su labor con el sistema de escuelas públicas de Atlanta. Y fue por medio de su desenvolvimiento en esa área que Andy Stanley llegó a conocerle. Un amigo que tenían en común le habló al pastor acerca de la obra que Collier realizaba, y decidieron reunirse. Poco tiempo después Collier vino a ser miembro de North Point Church, en donde ahora enseña; principalmente en el templo que se encuentra en el condado de Gwinnett.

La adopción venía con una advertencia: provenían de una familia muy pobre y sus padres biológicos habían sido adictos a la cocaína.

 
***
 

Al poco tiempo de haberse casado —Lamar Collier, quien iba por su tercer matrimonio y Belinda Minor-Collier por su segundo— decidieron aumentar la familia. Se habían acabado de mudar desde D.C. hacia Atlanta, en donde habían comenzado a visitar una iglesia, con la intención de tener un nuevo comienzo.

Al descubrir que Belinda no podía quedar embarazada, los dos decidieron adoptar. Fue este proceso el que eventualmente les llevó a Sam y a su hermana gemela. Sin embargo, los recién nacidos venían con una advertencia: provenían de una familia muy pobre y sus padres biológicos habían sido adictos a la cocaína. Quizás estos no eran los hijos que deseaban. Pero, poniendo a un lado la advertencia, trajeron a los niños a su hogar.

Los gemelos crecieron sabiendo que eran adoptados. La pareja Collier habló con ellos de una manera tan positiva acerca de su adopción que, en cierta ocasión fueron llamados por la maestra de Sam. Los niños de su clase, convencidos de que se estaban perdiendo algo, se habían ido a sus casas llorando ante sus padres, pues deseaban haber sido adoptados.

 
***
 

Collier se hallaba parado en el centro del gimnasio, mientras los estudiantes de secundaria se mantenían en silencio, con su barbilla entre las manos, y sus codos sobre sus rodillas.

“A mí no me pagan por hacer esto”, dijo Collier, mientras su voz resuena en la madera de las gradas. “Estoy aquí porque hay algunas personas que creen que ustedes no podrán tener éxito como consecuencia del lugar donde viven, o de su apariencia”.

Les dice que desea hacerles una prueba, y esto capta su atención.

“Si están listos para tener éxito, cuando cuente tres, se van a parar sin hablar”. Los niños comenzaron a prepararse, al poner sus pies rectos sobre el piso de las gradas. “Uno, dos, tres”.

Y se pararon.

 

“Este es el segundo paso. No van a desear hacer esto. Voy a contar hasta tres y deseo que cierren sus ojos. Uno, dos, tres”.

Algunos cerraron sus ojos brevemente; pero otros permanecieron cerrados.

“Si tienes un amigo que te molesta ahora que tienes tus ojos cerrados, debes alejarte de él. Ciertamente no desea que tengas éxito”.

Los pies se movían en las gradas inquietamente.

“Con tus ojos cerrados, imagínate a ti mismo como una persona exitosa. Muchos te dirán que no podrás tener éxito. Yo no lo creo. Y estoy aquí para asegurarte que la grandeza está disponible para ti. No importa lo que otros te digan. que puedes tener éxito”.

¿Qué hubiera pasado si hubiera crecido con su madre biológica? ¿Y qué si nadie le hubiera enseñado ahí que podía tener un mejor futuro?

Collier comprende que nadie puede ganarse el favor de Dios, pues nuestro valor no radica en nuestros éxitos financieros o académicos. Pero, como consecuencia de su trasfondo es pragmático. ¿Qué hubiera pasado si hubiera crecido con su madre biológica, si no hubiera encontrado su camino a un hogar amoroso? ¿Y qué si nadie le hubiera enseñado ahí que podía tener un mejor futuro? En su labor, mantiene en su mente la dura realidad de los niños.

Les dice a los niños que abran sus ojos, aunque casi todos ya lo habían hecho. Su tiempo se había terminado, así que le da el micrófono a la directora y se va.

Más que todo, Collier desea ayudar a otros, y ese es su modelo a seguir para obtener éxito. Usa el privilegio de haber sido adoptado, de tener una buena educación y de ser un buen orador para ayudar a los menos afortunados.

“Estoy muy apenada”, dice la directora. “Espero que Collier no nos deje después de este suceso”.

Collier siempre se pregunta si debe hacer algo más. ¿Debe hacer un nuevo podcast, escribir, o hablar en más lugares? Está dispuesto a seguir creciendo y a usar nuevos métodos. Pero mientras tanto, trabaja en ayudar a niños marginados, para recordarles lo valiosos que son. Los motiva a obtener algo mejor.

La directora se detiene y observa a Collier, quien se encuentra junto al DJ. “¿Nos vas a dejar Sam?”, le pregunta. A lo que Collier respondió: “¡Nunca!”.

 

Fotografía de Ben Rollins
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