De reyes y villanos

Cuando leemos la Palabra de Dios, podemos sentirnos tentados a pasar por alto las genealogías. Pero el linaje de Jesús ofrece una comprensión única en cuanto a quién es Él, y lo que hizo tan maravillosa su venida.

Leer la lista de los antepasados de Cristo puede parecer tan divertido como hojear una guía telefónica. Pero la verdad es que hay mucho más que una genealogía, de lo que ésta parece ser a primera vista.

A lo largo de la historia judía, la autenticidad de los acontecimientos históricos era puesta de relieve por estas listas, que evocaban la genealogía de las personas importantes. Lejos de ser una lista aburrida de nombres, estas genealogías brindaban un caudal de información a quienes conocían las “historias pasadas”. Y lo mismo sucede con la genealogía de Jesús.

Lo que sigue es una visión general de los muchos individuos que precedieron al Señor Jesús — tanto hombres honestos como deshonestos. Las vidas que tuvieron, ya sea para mal o para la gloria de Dios, apuntaban al Mesías que vendría. Al celebrar el nacimiento de Cristo, pensemos en las personas y en los acontecimientos que Dios utilizó antes de su llegada. Las genealogías completas pueden encontrarse en Mateo 1.1-17 y Lucas 3.23-38.

Debido a que los eruditos contemporáneos difieren en ciertas fechas, las que hemos incluido aquí son solo para referencia.

El primer hombre

Adán (“humanidad”)

3941 a.C. a 3011 a.C.

El primer hombre y el “postrer Adán” —Jesucristo (1 Co 15.45-48)— son todo lo contrario. Adán, quien fue creado y dotado de vida, vino de la tierra y regresó a ella; Cristo, el Dador de la vida, “existía antes de todas las cosas” (Col 1.17 TLA); vino del cielo y regresó allá después de su resurrección (Jn 6.38; Hch 1.9).

Un hijo sustituto

Set (“sustitución”; hijo de Adán)

3811 a.C. a 2899 a.C.

Eva consideró a Set, su tercer hijo, como el sustituto de su hijo asesinado Abel (Gn 4.25). Su nacimiento “sustituyó” o redireccionó el linaje mesiánico por medio de la ascendencia elegida por Dios. Set nació cuando Adán tenía 130 años de edad (Gn 5.3).

El que no vio muerte

Enoc (“fiel”)

Nació en el 3319 a.C. (vivió 365 años)

Este hombre justo, conocido por haber desaparecido de una manera que nos recuerda la ascensión de Cristo (Hch 1.9), “Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado porque lo traspuso Dios” (He 11.5; Gn 5.24), fue hijo de Jared e hijo del tataranieto de Set.

El más anciano

Matusalén (“cuando muera será enviado”)

3254 a.C. a 2285 a.C.

Este hijo de Enoc vivió 969 años —el hombre de mayor edad registrado en la Biblia. Murió en el mismo año que Dios envió el diluvio como castigo sobre la tierra (Gn 5.27; 6.13).

Salvado de la ira

Noé (“descanso” o “alivio”)

2885 a.C. a 1935 a.C.

Nieto de Matusalén, Noé vivió rectamente durante un tiempo de mucha iniquidad, y obedeció al Señor a pesar del sacrificio de su tiempo y su reputación. Por medio del arca, Dios salvó a la familia de Noé de la destrucción producida por el diluvio (Gn 6.8-18), y nos dio una ilustración de la salvación por medio de su Hijo. Según los padres de la iglesia primitiva, el arca es una prefiguración de la iglesia.

Continuación de los semitas

Sem (“nombre” o “fama”; raíz de semita)

2385 a.C. a 1785 a.C.

“Fructificad y multiplicaos” está generalmente asociado con Adán y Eva, pero Dios también dio esta orden a la familia de Noé después del diluvio (Gn 9.1). De sus tres hijos, “fue llena toda la tierra” (Gn 9.18, 19), y por medio de Sem continuó el linaje mesiánico.

¿Una lengua preservada?

Eber/Heber (“forastero”; raíz de hebreo)

2220 a.C. a 1756 a.C.

Eber fue bisnieto de Sem (Gn 10.24). Una tradición judía asocia al idioma hebreo con él. Eber supuestamente se negó a trabajar en la torre de Babel, y se le permitió conservar su lengua original.

Padre de la fe

Abraham (“padre de una multitud”)

1995 a.C. a 1820 a.C.

Este “padre de multitud de naciones” (Gn 17.5) también es considerado el padre de la fe. Aunque llegó a la vejez sin hijos, Abraham creyó la promesa del Señor de que tendría una descendencia numerosa. Por obediencia, ofreció a Isaac para ser sacrificado, el hijo de la promesa (He 11.17-19); con una acción que evoca la muerte de Cristo a nuestro favor, Dios intervino proveyendo un sustituto para el sacrificio.

Hijo de la promesa

Isaac (“risa”)

1895 a.C. a 1715 a.C.

Al escuchar que se convertirían en padres en sus últimos años de vida, Abraham y Sara reaccionaron con risas. Tenían 100 y 90 años, respectivamente, cuando Isaac nació. Durante 60 años, Isaac experimentó también la falta de hijos. Oro pidiendo que Rebeca concibiera, y Dios respondió con hijos mellizos (Gn 25.21, 26).

Usurpador de su hermano

Jacob (“tomador de pelo” o “engañador”)

1835 a.C. a 1688 a.C.

Mientras que su hermano mayor Esaú rechazó los valores de sus padres, el mellizo menor siguió la fe de su padre. Más tarde, luchó tenazmente con el ángel del Señor para reclamar una bendición (Gn 32.26), y en el encuentro le fue cambiado el nombre a Israel (“él que lucha con Dios”).

La tribu real

Judá (“alabanza”)

1774 a.C. a 1655 ó 1645 a.C.

Al bendecir a sus hijos, Jacob identificó a Judá como la tribu real por medio de la cual vendría el Mesías (49.10). Jesús es conocido como el “León de la tribu de Judá” (Ap 5.5).

Una figura de Cristo

Booz (posiblemente “veloz” o “fuerte”)

Se casó con Rut c. 1115 a.C.

Booz es el pariente-redentor que ayudó generosamente a la viuda Rut, y que después se casó con ella. El calificativo “pariente-redentor” utilizado para él en Rut 4.14 (RVR1977) es el mismo que se encuentra en la conocida frase de Job: “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19.25).

Padre del rey

Isaí (“Dios existe” o “Regalo de Dios”)

Circa 1080 a.C.

El nieto de Rut y Booz, Isaí, fue el padre de David, a quien el profeta Samuel ungió como rey. Al identificar la genealogía de Isaí como aquella por medio de la cual vendría el Mesías (Is 11.1.5 LBLA), Isaías habló de “un retoño del tronco de Isaí”; esta profecía indicaba que en el momento que llegara el Ungido, la línea real no parecería real.

Una promesa hecha

David (“muy amado”)

1040 a.C. a 970 a.C.

El profeta Samuel nos dice que Dios vio a David —el segundo rey de Israel— como “un varón conforme a su corazón” (1 S 13.14). Fue a David a quien Él prometió un “reino (que permanecerá) para siempre delante de mí; tu trono será establecido para siempre” (2 S 7.16 LBLA). Esta profecía mesiánica apunta al reino eterno del “Hijo de David”, Jesucristo. El ángel Gabriel reforzó ese mensaje cuando se le apareció a María. “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lc 1.32, 33).

Un reino dividido

Roboam (“el que aumenta el pueblo”)

974-915 a.C.

El hijo de Salomón, Roboam, desechó el consejo de los consejeros de su padre, e impuso tributos más pesados a los israelitas (1 R 12.11). Como resultado, el reino se dividió en dos. Roboam gobernó el reino de Judá, al sur; y Jeroboam gobernó sobre el reino de Israel, al norte (1 R 12.16-24).

Un retorno a la adoración

Ezequías (“Jehová es mi fortaleza”)

739-637 a.C.

Ezequías era el rey de Judá cuando Israel cayó ante Asiria en el 722 a.C. Aunque su padre Acaz había sido un rey impío (2 R 16.1-4), Ezequías instituyó una serie de medidas para hacer
que el pueblo volviera a Dios (18.3-6).

Restauración antes de la destrucción

Josías (“sanado por Dios”)

648-609 a.C.

El biznieto de Ezequías, Josías, ascendió al trono a la edad de ocho años. A diferencia de la mayoría de sus antecesores, Josías buscó a Dios (2 Cr 34.3) y restauró la ley mosaica que había sido abandonada (vv. 19-21, 29-33). Fue considerado el último rey bueno de Judá, antes de ser depuesto por los babilonios en el 586 a.C.

Líder de los que regresaron

Zorobabel (“hijo de Babilonia”)

Circa 530 a.C.

Cuando Ciro, rey de Persia, devolvió a los desterrados judíos a Jerusalén, puso a Zorobabel como gobernador de la región. Zorobabel tuvo la responsabilidad de construir los cimientos del segundo templo (Esd 3.8-13) —el mismo en que Jesús enseñó con frecuencia.

Protector del Cristo

José (“Dios aumentará”)

90 a.C. – 18 d.C.

José, el padre adoptivo de Jesús, era de la línea davídica por medio de Salomón. Obedeció cuando un ángel del Señor le dijo que tomara a la virgen embarazada María como su esposa (Mt 1.18-25).

El rey eterno

Jesús (de la misma raíz de Josué, “Dios salva”)

Lucas 1 dice: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (vv. 31-33).

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