Diferentes, pero juntos

Dos pastores tienen una conversación sincera en cuanto a raza e Iglesia.

Michael Wright es pastor de la Iglesia True Freedom Cornerstone, de Oak Park, Illinois. Matt Woodley es pastor de misiones de la Iglesia de la Resurrección, de Wheaton, Illinois. En un frío martes en Chicago compartieron un plato irlandés de estofado de carne, y hablaron con franqueza acerca del tema de la raza en sus vidas, en Estados Unidos y en la Iglesia.

Matt Woodley:En cierto modo, Michael, venimos de mundos diferentes. Crecí en un suburbio de Minneapolis que en ese momento era más o menos un 99% de raza blanca. Para ser sincero, tal vez no tuve una conversación real con una persona de color hasta mi tercer año en la universidad. Pero tú y yo también tenemos algunas cosas en común. Al igual que tú, amaba los deportes, y, como tú, fui llamado al ministerio pastoral siendo muy joven.

Michael Wright: Crecí en Maywood, un barrio predominantemente negro al oeste de Chicago. No me relacioné con personas blancas hasta que cumplí 11 años, cuando nos mudamos a Bellwood, la ciudad adyacente, que en ese momento era casi un 95% blanca (ahora es cerca del 75% negra). Fue entonces cuando experimenté de primera mano el prejuicio racial. Los muchachos me insultaban, se burlaban de mí, me golpeaban; literalmente, me pisoteaban. Luego fui a la universidad en Luisiana, a una escuela estatal 100% negra, para poder jugar en la División 1 de béisbol. Pronto me di cuenta de la diferencia de financiamiento entre la escuela estatal para negros, y la escuela estatal, en gran parte de blancos, en el otro lado de la ciudad.

Matt:¿Sabes, Michael? En el suburbio blanco donde crecí, decíamos: “Yo, ¿racista? Somos buena gente. Creemos que el racismo es malo”. Por supuesto, en realidad no conocíamos a personas negras, y quizás teníamos sospechas de ellas, especialmente de los jóvenes.

No me relacioné con personas blancas hasta que cumplí 11 años, cuando nos mudamos a la ciudad adyacent. Fue entonces cuando experimenté de primera mano el prejuicio racial.

Michael: Sí, casi nunca escucho a un racista autodenominarse racista. Supongo que eso hace que el racismo sea como cualquier otro pecado. A muchos de mis amigos blancos les gusta la idea de la reconciliación racial. A menudo implican: “¿Por qué no podemos ser amigos? Sé que nuestros antepasados te engañaron, pero empecemos el juego de nuevo”. Pero no es tan sencillo. Mis amigos blancos a menudo no entienden el legado del racismo en este país. ¿Cómo “ser amigos” después de 400 años de racismo sistemático —de esclavitud tradicional, de Jim Crow y de perfil racial? Aunque los blancos no pueden cambiar el pasado, y ni siquiera existían en la época de la esclavitud y de las leyes de Jim Crow, se necesita al menos un corazón para querer devolverle al afroamericano lo que perdió.

Matt: Como blanco, mi vida ha sido muy diferente a la tuya. Pienso en el racismo, y supongo que ese tipo de cosas sucedieron en otra parte desde principios y hasta mediados de los años 1900. Pero te escucho decir: “No, esta es mi vida. Esto es hoy”. Por ejemplo, nunca he experimentado el perfil racial. Mis tres hijos nunca han sido caracterizados por su raza. ¿Qué me dices de ti?

Michael: Hace poco, conducía a la iglesia para dirigir un estudio bíblico y me ordenaron que me detuviera. Dos policías pensaban que era traficante de drogas. Me dijeron que saliera del automóvil y que pusiera las manos sobre el capó. Les dije: “Soy pastor. Busquen en mi auto, y encontrarán una Biblia y un boletín del servicio de adoración con mi nombre”. Después de un rato, me creyeron y me dejaron ir.

Matt: Tengo tres hijos, de 29, 27 y 24 años, y tú tienes dos hijos, de 17 y 15. Nunca he tenido una conversación con mis hijos en cuanto a cómo manejar una situación como esa. ¿La has tenido tú?

En el suburbio blanco donde crecí, decíamos: “Yo, ¿racista? Somos buena gente. Creemos que el racismo es malo”.

Michael: Claro que sí. Le he dado a mis dos hijos instrucciones detalladas: hagan lo que les pidan, mantengan sus manos visibles todo el tiempo, pidan permiso para conseguir algo. Todo hombre negro que conozco tiene una historia como la mía. Entendemos que es solo parte de la vida. Pero es ofensivo cuando nuestros amigos blancos no creen que esto siga pasando.

Matt: Para ser sincero, me ha llevado mucho tiempo darme cuenta de que he vivido con muchos privilegios. Por ejemplo, cerca del 90% de los chicos de mi escuela secundaria fueron a la universidad. Desde que nacimos nos pusieron en una pista, y nos dijeron: “Irás a la universidad. Conseguirás un buen trabajo. Mereces ciertos privilegios. Ese es el sueño americano, así que, toma el tren”.

Michael: ¡Increíble! ¿90% fueron a la universidad? Entonces, te pusieron en el tren que iba por los rieles. ¿Construiste los rieles?

Matt: No.

Michael: ¿Solo tomaste el tren?

Matt:Sí, solo tomé el tren.

Michael: Es como si hubieras tenido muchas paradas de trenes en tu vecindario, muchos lugares donde abordar el tren, que te llevaron a una buena vida. El tren venía cada hora. Pero en mi barrio, el tren se detenía quizás una vez al año, y si lo perdías…

Matt: Lástima.

Michael: Sí, había que empezar a caminar.

Matt: Salir adelante por esfuerzo propio.

Michael: Sí. Ahora, bien, no me malinterpretes. Algunos negros son perezosos, como también algunos blancos lo son. Pero digamos que tomamos a todas las personas de tu suburbio, y las ponemos en el West Side de Chicago. Dale a esa gente las malas escuelas, las drogas, la pobreza que adormece la mente, el crimen, y mira si todos se levantan por sus propios medios. Claro, por la gracia de Dios algunos lo harán, pero no es solo la falta de privilegios; son los déficits que a menudo acompañan al “racismo pasivo”.

Todo hombre negro que conozco tiene una historia como la mía. Pero es ofensivo cuando nuestros amigos blancos no creen que esto siga pasando.

Matt: Hablemos de un tema que la mayoría de los políticos parece evitar: la ausencia del padre en la comunidad afroamericana.

Michael: Primero, creo que los negros tienen que asumir la responsabilidad. Punto.

Matt: Al igual que las personas blancas deben asumir la responsabilidad.

Michael: Sí. Te contaré los dos problemas más grandes de la comunidad afroamericana: la ausencia del padre y el sexo fuera del matrimonio. Dos problemas bíblicos, ¿verdad? Como hombres afroamericanos, no podemos culpar a nadie más por estos problemas en nuestras comunidades. El sexo es sagrado para el Señor, no un juguete. Un niño necesita un padre, y la mejor manera de crear esa relación es a través del matrimonio, luego el sexo. Cuando ignoramos ese patrón bíblico, cuando tratamos a Dios y a su Palabra con desprecio, estamos poniendo a nuestros hijos en un hoyo aún más profundo.

Matt: Cuando predicaste un sermón en nuestra iglesia, en su mayoría blanca, dijiste que solo hay una manera de sanar la división racial en este país: el avivamiento. No escucho a muchos políticos de ninguno de los dos partidos hablar sobre avivamiento. ¿Cómo sanará el avivamiento nuestra división racial?

Michael: Las leyes, los políticos y la legislación no pueden cambiar un corazón humano. El amor no puede legislarse. El Espíritu de Dios tiene que irrumpir en nuestras vidas e inundar nuestros corazones con amor. Esa es la única manera en que vamos a amar como Cristo, de manera libre y sacrificial. Dios tiene que mostrarnos cómo ser uno en Cristo.

Matt: Sí, de lo contrario serán blancos adorando aquí y negros adorando allá. Pero Jesucristo oró, diciendo: Padre, hazlos uno (Jn 17.21).

Michael: Necesitamos ser la respuesta a la oración del Señor Jesús por la unidad en el cuerpo de Cristo. Pero eso no significa que de repente tengamos todas las iglesias homogéneas. Eso no es unidad. La unidad centrada en Cristo implica reunir todas nuestras diferencias, permitiéndoles florecer en algo hermoso para Dios. El problema es que estas iglesias donde no hay diversidad alguna tienden a pasar por alto o incluso menospreciar a las personas de una raza o cultura diferente. Pero nuestras diferencias por sí mismas están bien.

   

Matt: Sí, recuerdo la primera vez que fui a una iglesia afroamericana. Estoy acostumbrado a que las personas se sienten en silencio durante el sermón. Pero en esta iglesia, la gente estaba de pie frente al predicador, gritando, saludando, riendo y respondiendo. Yo no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Mientras estaba sentado y escuchaba con cortesía el sermón, un caballero negro mayor parado detrás de mí me tocó el hombro y me dijo: “Hijo, está bien que tú también te pongas de pie y grites”.

Michael: ¡Ja! Pero la gente blanca está muy absorbida cuando predico. Casi exaspera la manera en que ustedes los blancos miran y se inclinan hacia adelante. Los ojos les arden con intensidad.

Matt: Sí, claro, ¡hacemos el esfuerzo! Pero, en otro sentido, ¿crees que los blancos se esfuerzan demasiado por relacionarse con sus amigos negros? ¿Se esfuerzan demasiado por ser amables, para no ser racistas?

Michael: Claro que sí. Yo les digo a mis amigos blancos: “Solo sean ustedes. Sean genuinos”.

Matt: Por cierto, espero que no hayas pensado que estaba esforzándome demasiado haciéndote un estofado de carne irlandés.

Michael: No. No tengo ningún problema en que hagas un estofado irlandés cualquier día.

Matt: Me enteré de que podrías ser medio irlandés.

Michael: Pero, hablando en serio, a veces los blancos sonríen demasiado al esmerarse en la reconciliación racial. Les digo: “¿Sonríen así cuando están con sus amigos blancos? ¿O ponen esa sonrisa porque no quieren ofenderme?”. En realidad, algunas personas blancas deberían sentirse culpables por la manera como han conceptuado o tratado a los negros. Sin embargo, una vez que alguien ha sido perdonado en Cristo, es una nueva criatura. La condena viene del enemigo. La convicción viene del Espíritu Santo.

La unidad centrada en Cristo implica reunir todas nuestras diferencias, permitiéndoles florecer en algo hermoso para Dios.

Matt: Tú y tu iglesia de Chicago y nuestra iglesia de los suburbios han formado una asociación que llamas “Crucen la calle”.

Michael: Y eso ha sido genial. No necesitamos otro programa o iniciativa. Por el contrario, lo que necesitamos es reunir a negros y blancos en adoración. Queremos una relación, una amistad genuina, con nuestros hermanos blancos. Como me gusta decir, no necesitamos que nos den nada; solo necesitamos que nos den la mano. Los necesitamos a ustedes, y ustedes nos necesitan a nosotros. Jesucristo no solo nos dio lo que necesitábamos, sino que también se hizo carne y se mudó a nuestro vecindario (Jn 1.14).

Matt: Me gusta la sencilla genialidad de eso —de solo comenzar a adorar juntos, y ver después qué pasa.

Michael: Ha sido bastante asombroso. No hay nada como adorar juntos para derribar los muros de la sospecha y la frialdad. Cuando mi gente ve personas que vienen de los suburbios a unirse a nuestra pequeña iglesia para adorar, y después, estos hermanos levantan sus manos, se comprometen en la adoración, y derriban los muros. Mi gente dice: “Vaya, ellos son uno de nosotros”.

Matt: Me encanta la visión del avivamiento en el libro de los Hechos: personas de diferentes idiomas y grupos étnicos llenos del Espíritu Santo, adorando al mismo Señor Jesús. Aunque tú y yo venimos de mundos muy diferentes, y todavía ministramos en contextos diferentes, como un pastor blanco y un pastor negro, sé que esa visión nos cautiva a ambos.

Michael: Exhorto a mis hermanos, tanto a negros como a blancos, diciéndoles: “No se sientan intimidados por el otro. Tenemos un Señor, una fe, un bautismo. Creemos que Cristo murió por nuestros pecados”. Cuando el mundo vea que los creyentes se aman unos a otros más allá de las diferencias raciales, ese amor se volverá contagioso. Se extenderá como un reguero de pólvora. La gente vendrá a Cristo en masa. Negros y blancos adorando juntos —así es como se ve el amor sobrenatural, y la gente necesita con apremio ver ese amor verdadero.

Ilustraciones por Daniël Roozendaal

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