En la calle y en la casa

Kitti Murray escuchó una vez que el 85% de los inmigrantes en los Estados Unidos nunca han visitado un hogar estadounidense, por lo que decidió hacer lo que fuera posible para que la gente se sintiera bienvenida, como en casa. Ella no construyó paredes, sino que compró un camión adecuado para servir comidas, y lo equipó con una máquina de hacer café expreso.

Gracias en parte a su ubicación en Clarkston, Georgia —una comunidad de reasentamiento de refugiados establecida por la Organización de las Naciones Unidas en las afueras de Atlanta— su idea se convirtió en Refuge Coffee Co., el cual, desde 2015 ha dado la bienvenida y brindado café a personas procedentes de 48 países. Sin embargo, Murray no solo les ofrece un servicio a los refugiados, también los contrata. Entre sus baristas están un farmacéutico de Siria, un ingeniero eléctrico de Etiopía y un maestro del Congo.

Dios habla mucho en su Palabra de la atención a los extranjeros. Según Murray, esas instrucciones son una expresión tangible de lo que Él es. “En el Nuevo Testamento”, afirma, “muchas parábolas tienen que ver con refugiados en busca de un hogar. Jesús dijo que es similar al reino de los cielos”.

Ella reconoce que, a veces, parece poco práctico crear un hogar sirviendo café con leche. “Pero cuando un refugiado se acerca al camión y ve a otro refugiado que le sirve, se da cuenta de que él también tiene cabida en un hogar”. Pero el don de Murray en cuanto a la hospitalidad no termina al final de la jornada de trabajo. Después, cuando el camión está cerrado y suena el timbre de improviso —como ocurre a menudo— ella abre la puerta de su casa, invita al visitante a pasar a la sala, y le sirve una taza de café.

 

Fotografía de Artem Nazarov
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