Reto a la diversión

Pasarla bien depende de uno.

Quieren ir de camping?”, les pregunté a mis hijos. “¡Será divertido!”

No tenía ninguna experiencia en cuanto a camping, a menos que se considere “camping” la vez que me alojé en un motel destartalado. Pero a otras personas que conocíamos les encantaba ese contacto con la naturaleza. Así que, les pedimos prestado su equipo de acampar, y nos dirigimos a un campamento que estaba a unas dos horas de nuestra casa. Recuerdo el viaje: la temperatura era de unos 52ºC, y la humedad era igual de alta. Nos tomó varias horas (y dos rollos de cinta adhesiva plateada) para mantener nuestra carpa en posición vertical. Justo cuando terminamos de armarla, se desató una feroz tormenta de verano, generando un pequeño tornado que azotó a una población cercana.

Sorprendentemente, nuestra carpa se mantuvo de pie, pero nuestro equipo se empapó por completo. A eso de las 8:30 p.m., nuestros tres niños estaban rogando que nos fuéramos a la casa. Ni siquiera la promesa de darles malvaviscos pudo convencerlos de que se quedaran. No discutí con ellos. Había estado lista para tirar la toalla desde el momento en que utilizamos todo el primer rollo de cinta adhesiva. Lanzamos nuestras cosas en el baúl del vehículo, y nos dirigimos a casa para poder acampar en la comodidad de nuestra casa seca y con aire acondicionado.

Ese viaje se ha convertido en una metáfora de mi relación con la “diversión” en los últimos años. Soy pésima para la diversión. Sé cómo elaborar estrategias, programar y trabajar, y luego trabajar un poco más. Tengo el hábito de convertir las vacaciones en listas de quehaceres (lo de la cinta adhesiva es opcional), y dejar poco tiempo de esparcimiento.

Por eso, cuando me encargaron de mantener un diario durante dos semanas para registrar mi tensa relación con la diversión, me lancé a la tarea. Esperaba descubrir por qué la espontaneidad y el deleite habían desaparecido de mi vida; y tal vez,  divertirme un poco en el proceso.

SEMANA 1, DÍA 1

Comencé mi búsqueda de diversión, en el punto más obvio posible: escribiendo una crítica sobre un libro de teología. Mientras que a otros buscadores de diversión les gusta el puenting (lanzarse al vacío desde un puente u otro lugar elevado, sujetándose con una cuerda elástica), yo encuentro mi deleite en la lectura y la escritura. Me pregunto si puedo registrar esto como diversión, a pesar de que sea mi trabajo.

Tengo el hábito de convertir las vacaciones en listas de quehaceres, y dejar poco tiempo de esparcimiento.

Nuestra cultura me había convencido de que, para divertirme, necesitaba gastar dinero en la compra de un kayak, o unirme a un equipo de boliche. La recreación es un gran negocio en este país. Un estudio informó que gastamos más en recreación que en el acceso a internet.

Durante años, mi amiga Karen era terapeuta recreativa; el nombre del trabajo me sonaba como si le pagaran por divertirse. Me contó que su trabajo era diversión con propósito. Trabajaba con el personal de residencias de ancianos para asegurarse de que tuvieran un amplio menú de actividades, juegos, salidas y eventos adaptados a las necesidades sociales, emocionales y espirituales de los ancianos. La recreación creaba un espacio para que esos residentes fueran más que pacientes. Después de todo, la recreación es, por definición, re-creación. Aunque pocos residentes de estos centros se divertían con actividades deportivas, sacarle provecho al componente relacional de la recreación era fundamental para su bienestar. Esos juegos de bingo por las tardes eran más que solo para pasar el tiempo. Estaban destinados a facilitar la reconexión con Dios, con los demás y con ellos mismos.

No vivo en una residencia de ancianos, ¡pero qué bueno es lo que he descubierto! Estoy comenzando a darme cuenta de que hay partes latentes de mi alma que podrían beneficiarse con un poco de recreación, también. ¿Qué facilitará la reconexión con Dios, con los demás y conmigo misma en mi vida, aquí y ahora? Pienso en hacer una lista, pero me doy cuenta de que el día 1, no tengo nada que escribir.

SEMANA 1, DÍA 2

De niña era torpe, aficionada a los libros, por lo que usualmente era de las últimas que escogían en nuestra cuadra para ser parte de un equipo deportivo o para los partidos de béisbol. No superé mi torpeza durante la adolescencia. En total, pasé casi un año en muletas durante la secundaria, como resultado de no uno, sino dos accidentes en educación física. En cierto momento, mamá me dijo que estaría feliz si yo aspiraba a la calificación de “D” (deficiente) en la clase de gimnasia, siempre y cuando pudiera evitar resultar lesionada por tercera vez. No tuve el corazón para decirle que ese siempre había sido mi plan.

Nuestra cultura me había convencido de que, para divertirme, necesitaba gastar dinero en la compra de un kayak, o unirme a un equipo de boliche.

Por lo general, me enfoco en la disciplina y en “obtener resultados”, pero hoy decidí brindarle a esa chica torpe una merienda divertida e improvisada: una esponjosa dona roja. Crecí comiendo meriendas procesadas en la década de 1960, tales como Twinkies y Oreos (¡y me siguen gustando!). Una parada en un local de venta de donas no estaba en mi agenda del día, pero me di cuenta de que esa espontaneidad hizo que su sabor fuera aun mejor. Y no tropecé después de dejar la tienda. Tal vez a los 57 años de edad que tengo, finalmente estoy superando esa torpeza juvenil.

SEMANA 1, DÍA 3

Esta noche, mi esposo y yo nos dimos un atracón de varios episodios de una serie de Netflix llamada Abstract: The Art of Design (El arte abstracto del diseño). El documental reseña el proceso y el trabajo de ocho innovadores creadores, a través de una variedad de disciplinas que van desde la arquitectura hasta el diseño de calzados. Me sorprendió la forma en que la curiosidad infantil está presente en su trabajo. Nuestro mundo es más rico porque estos adultos nunca perdieron su imaginación.

Casualmente, descubrí un artículo en la revista Psicología hoy titulado “La importancia del juego: La diversión debe tomarse en serio”. El Dr. Marc Bekoff sostiene que el juego es esencial para el desarrollo físico, emocional, moral e intelectual de los niños. Señala que los cambios en la sociedad han eliminado de sus horarios el tiempo para el juego no estructurado. Esos niños privados del juego se convertirán en adultos incapaces de tener acceso a los beneficios que infunde el juego. Bekoff señala: “El juego es un banquete para el cerebro, un bufé para los sentidos, que proporciona alimento al cuerpo y al espíritu: por eso es lamentable que, como sociedad, parece que nos estamos matando de hambre, a pesar de contar con esa comida”.

La diversión es asunto serio. ¿Quién lo diría?

SEMANA 1, DÍA 7

El día de hoy comienza con la adoración congregacional en la iglesia. Mi esposo y yo somos relativamente nuevos en nuestra congregación, lo que significa que estamos entre los visitantes y los miembros. Ser “nuevo” significa que la gente comienza a reconocernos y a saludarnos por nuestros nombres, pero todavía somos extraños sin amistades firmes en el grupo. Hemos sido nuevos en otras congregaciones anteriormente, pero el proceso nunca se hace más fácil. Es decir, en este momento la iglesia no es divertida.

Un amigo compartió recientemente en Facebook esta cita del teólogo Simon Chan: “Los cristianos que no juegan juntos, tampoco pueden adorar juntos, ya que la adoración es una ‘manera de divertirnos en la fe’. Tanto en el juego como en la adoración, la comunidad cristiana disfruta de su descanso sabático”.

La frase “la adoración es una manera de divertirnos en la fe” al principio me desconcertó. Después de todo, nos reunimos para adorar al Dios santo. ¿Qué podría ser más serio que eso? Sin embargo, hay una dimensión diferente en la adoración congregacional cuando existen amistades genuinas dentro de una congregación, que se extiende más allá de los servicios y de las actividades programadas de la iglesia. Aún no estamos en el nivel de “jugar juntos” con nuestros compañeros de adoración. La diversión, entonces, es una medida útil de mi nivel de confianza y de compañerismo con quienes adoran conmigo cada semana.

SEMANA 2, DÍA 8

La última década de mi vida ha estado llena de pérdidas significativas, entre ellas la muerte de mi madre, un divorcio doloroso dentro de mi familia, la subasta de nuestra casa durante el colapso del mercado inmobiliario y, más recientemente, un diagnóstico médico que cambió mi vida. Eclesiastés 7.4 dice: “El corazón de los sabios está en la casa del luto”. Sin duda alguna, creo que he crecido en sabiduría por medio de esta aflicción. Pero, para ser sincera, no he seguido el tratamiento de Proverbios 17.22, que ofrece vida en medio del dolor: “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos”.

Nadie más puede decirle a una persona afligida que ya es tiempo de animarse.

La parte problemática de esta prescripción es que nadie más puede decirle a una persona afligida que ya es tiempo de animarse. El enlutado tiene que estar preparado para poder reír de nuevo.

Creo que lo estoy. No esperaba que esta tarea de registrar las cosas en un diario me despertara al hecho de que siento una nueva inquietud en esta larga caminata por el valle de sombras. Como he notado la falta de diversión en mi vida, siento que esa inquietud puede ser, en realidad, indicio de un gozo emergente y maduro.

SEMANA 2, DÍA 11

Hoy estuve cuidando a mi nieto. Debido a la fuerte tormenta, lo llevé al área interior de juegos de un restaurante de comida rápida. Siempre me ha maravillado el hecho de que un niño que no conoce a nadie, pueda encontrar un grupo de buenos amigos en un ruidoso lugar de juegos, y que en cuestión de minutos, se diviertan juntos.

Verlo jugar es todo un gozo para mí. Por unos instantes, dejé a un lado el teléfono celular, dejé de hacer listas, y estuve totalmente presente mientras unos expertos —un grupo de niños— me recordaban cómo es divertirse, independientemente de la edad. Su emoción y sus sonrisas me involucraron en sus ruidosos juegos en lo alto del tobogán. Ver reír y jugar a este pequeño que amo, fue aun mejor que ser parte del juego mismo –era diversión, al estilo de la abuela.

Imagínese eso: sin listas, sin expectativas, sin fechas de entrega.

SEMANA 2, DÍA 13

Mi hijo, de 30 años, es pintor profesional. Estuvo en la ciudad para visitarnos y, como es su costumbre, trajo algunos de sus materiales de pintura para poder trabajar en un encargo. Nos invitó a mí y a mi esposo a sentarnos a la mesa de la cocina con él mientras trabajaba, para que pudiéramos experimentar con sus pinturas de acuarela. Nos dio un poco de instrucción, y después nos animó a experimentar con colorante, agua y papel. Imagínese eso: sin listas, sin expectativas, sin fechas de entrega.

Fue un momento dulce el haber compartido su espacio y su talento. (¡Todos esos años de clases de pintura valieron la pena!) Nos reímos e hicimos un desastre juntos, tres adultos jugando.

SEMANA 2, DÍA 14

Hoy descubrí que todavía recuerdo cómo saltar. No lo había hecho desde que era una chica torpe, pero la destreza estaba arraigada en mi memoria muscular. Después de la sesión de pintura de la noche anterior, sentí una nueva libertad para saltar por la rampa del garaje, solo porque todavía podía hacerlo. Mis pulmones se llenaron de oxígeno, y unas pocas endorfinas felices atravesaron mi sistema, otro beneficio de la diversión.

El periodista H. L. Mencken una vez definió muy bien al puritanismo como “el temor abrumador de que alguien, en algún lugar, sea feliz”. Así describía su percepción de un cristianismo sin gozo, tanto en el tiempo que él vivió, como en la historia de nuestro país. Muchos hemos experimentado ese tipo de cristianismo. No hay cabida para saltar en ese tipo de fe.

Esas páginas bidimensionales de nuestras Biblias no nos permiten escuchar la risa de Jesucristo.

Cuando leemos nuestras Biblias, vemos esas sagradas páginas blancas y negras. Sus palabras son eternamente importantes y muy serias. Pero también nos recuerdan que el regalo de la vida, y disfrutar bien de la vida, es una manera de honrar al Dador. El autor de Eclesiastés dijo: “He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte” (5:18). Dios mismo nos ha creado para anhelar el placer en nuestra vida terrenal. Sin lugar a dudas, sabemos que este deseo se distorsiona en cientos de rumbos pecaminosos, pero, en su bondad, el Señor nos lo dio para encaminarnos a Él.

Por otro lado, esas páginas bidimensionales de nuestras Biblias no nos permiten escuchar la risa de Jesucristo, pero creo que la risa caracterizó los momentos normales de su vida cotidiana. (¡Lo lamento, Mencken!) Su deleite al estar con amigos y su gozo al escabullirse de ellos para tener comunión con el Padre, caracterizaron la vida abundante que el Señor nos promete. Esta abundancia, por definición, contiene alegría; y el fruto de la alegría: la diversión.

Así que al saborear la dulzura de una búsqueda improvisada de donas; al escuchar las risas de niños que juegan; al beber de las felices endorfinas liberadas tras una exitosa sesión de escritura, o tras un desastre en la mesa de la cocina; me doy cuenta de que tal vez no sea tan pésima divirtiéndome como pensaba.

Y, afortunadamente, no tuve que ir de camping para entender esto.

Ilustración por Joel Holland

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