Versículo por versículo

¿No deberíamos aprender a leer poesía, si la Biblia está llena de ella?

Dígame si conoce este versículo:

Los cielos cuentan la gloria de Dios,
el firmamento proclama la obra de sus manos.

O este:

Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Estos son pasajes del Salmo 19 y del Salmo 23, respectivamente; pero aunque usted no pudiera decirme el capítulo y el versículo, probablemente los reconoció. Y podría asegurar que hasta siente que estos versículos están, de alguna manera, entretejidos en su memoria o (me atrevería a decir) escritos en su corazón.

El problema con la poesía

Además de las parábolas de Jesús y de los Diez Mandamientos, muchas de las partes más conocidas de las Sagradas Escrituras son poesía. La poesía constituye un tercio del Antiguo Testamento, incluyendo libros enteros, como Salmos y Lamentaciones; y lo mismo sucede, aunque en menor grado, en el Nuevo Testamento.

 

Con su estilo preciso, su fraseo melódico, su riqueza de imágenes y sus ritmos fascinantes, la poesía es lo más cercano a la música pura que lleva el lenguaje y, por tanto, es la forma más atractiva, la que sentimos físicamente y, por tanto, la que más se queda con nosotros.

Eso es bueno, porque nos gusta la poesía, ¿verdad? ¿Verdad? Lo cierto es que, para la mayoría de nosotros, la poesía es como lo que dice Mark sobre la literatura clásica: la elogiamos, pero sin la intención de leerla.

El problema con la poesía es que no estamos acostumbrados a leerla, y no nos gustaba estudiarla en la escuela. No somos buenos para esto, nos asusta. Pero, ¿qué significa esto para nosotros, como estudiantes de Biblia, si no somos buenos para leer una gran porción de ella?

Cómo leemos ahora

Una vez, estando en una cafetería, escuché a una estudiante muy entusiasta, de una universidad cristiana, decir a su amiga: “Los Salmos son la mejor poesía que leído”. Puesto que yo había estado leyendo a Homero, a Virgilio y a Milton, mi primer pensamiento fue, honradamente: No estoy seguro de eso. Por supuesto que no había sentido el mismo entusiasmo al leer el Salmo 107, como el que había experimentado leyendo El paraíso perdido. La belleza y el vigor del lenguaje de Milton simplemente eclipsaban al del comité de traducción de la versión de la Biblia que yo había leído.

A medida que la joven continuaba hablando, quedó claro que ella apreciaba, primero, que el lenguaje de los Salmos aparecía en muchos de sus coros de alabanza preferidos; y, segundo, que reiteraban cuestiones verdaderas acerca de Dios. Son buenos, pero no poéticos de una manera especial. Ella los estaba leyendo más como mini sermones o versos memorizados, que como poemas.

La mayoría de nosotros leemos la poesía bíblica de la misma manera, es decir, por sus frases sencillas y sus perlas doctrinales. La leemos para confirmar que estos poemas, que normalmente no leeríamos, no son muy intimidantes o difíciles, sino que encajan en nuestra cosmovisión general.

A decir verdad, así es como solemos leer toda la Biblia.

Esto se llama leer para obtener información. Es semejante a cómo leemos las etiquetas de productos, Wikipedia o las noticias. Probablemente, esto ha sido siempre la manera más común de leer de los seres humanos, y el internet lo ha intensificado. Pero al leer la Biblia solamente para obtener información, la tratamos como si ella fuera simplemente un manual de instrucciones y nosotros una máquinas complicadas.

Otra forma popular de lectura es la recreativa: “noticias” de la cultura pop, relatos de interés público, e incluso, algo de ficción de vez en cuando. Pero creo que es justo asumir que son pocas las personas que leen la Biblia para entretenerse.

Pero hay muchas otras clases de lectura, entre ellas el estudio, la meditación y la lectura por su atractivo; todas estas invitan a formas de crecimiento. Esta clase de lectura puede ser difícil y, por lo general, requiere mucho tiempo, pero es el tipo de lectura que nos cambia interiormente.

Tenemos la necesidad de comenzar con el rechazo de la brecha que nuestra sociedad tiende a poner entre las cosas que aprendemos y las que disfrutamos. Los Salmos están llenos de versículos en cuanto al deleite en las Sagradas Escrituras:

Dame entendimiento para que guarde tu ley
y la cumpla de todo corazón.
Hazme andar por la senda de tus mandamientos,
porque en ella me deleito. (Salmo 119.34, 35 LBLA)

Los antiguos hebreos veían una profunda interconexión entre el corazón, la mente y la voluntad, de modo que hacer lo bueno estaba ligado al deleite de hacerlo.

Notemos, también, que hacer el bien está unido con conocerlo y disfrutarlo: “para que guarde tu ley y la cumpla de todo corazón”. Hay muchas razones por las que los occidentales modernos tienen dificultad para experimentar esta conexión; pero si queremos que la Biblia nos hable, tenemos que cambiar la manera como la leemos. Fue por esa razón, después de todo, que no aprobé de inmediato la apasionada aceptación de la estudiante de los Salmos. Yo, también, los había leído más por su utilidad, que por poesía de la vida espiritual.

Y aquí está lo maravilloso: si desaceleramos lo suficiente para experimentar la poesía bíblica como poesía, esto puede cambiar nuestra manera de leer toda la Biblia.

CÓMO LEER LA POESÍA

La poesía puede intimidarnos si nos acercamos a ella con expectativas equivocadas. Es por eso que la actitud mental correcta puede ser más importante que el conocimiento literario. Hay cuatro cambios mentales que nos ayudarán a sacarle más provecho a la poesía.

1. No nos preocupemos por los tecnicismos
Es probable que usted recuerde a un profesor que presentaba la poesía como un lenguaje que parecía español, pero que necesitaba palabras griegas para describirlo (“Un ejemplo excelente de una oda lírica apostrofada en hexámetro dactílico, bla bla bla”). La buena noticia es que usted puede llegar bastante lejos sin la mayor parte de eso, mucho de lo cual no se aplica a la poesía hebrea, al fin y al cabo. Por lo general, basta con simplemente comenzar por el género literario. ¿Se trata de un poema de alabanza o de lamento? ¿De profecía o de oración? Etcétera.

2. Leamos despacio
Samuel Taylor Coleridge definía a la poesía como “las mejores palabras puestas en su mejor orden”. Por “mejores palabras”, él quería decir palabras adecuadas al contexto retórico. Usted puede recordar del español básico que la retórica puede ser estudiada bajo los encabezamientos del hablante, del mensaje y de la audiencia —más, quizás, del medio y del momento. Las mejores palabras se adaptan a una ocasión o propósito específicos. Puestas en orden correcto, se vuelven como música, y las palabras musicales adquieren poder, a la vez que atraen la atención como lenguaje inspirado.

Para estudiar estas palabras es necesario que usted reduzca la velocidad y preste atención a las opciones del autor. ¿Por qué eligió esas palabras? ¿Por qué escogió ese orden? ¿Cómo refleja este orden un contexto, una intención o un argumento específicos?

Al leer la Biblia solamente para obtener información, la tratamos como si ella fuera simplemente un manual de instrucciones y nosotros una máquinas complicadas.

Tomemos, por ejemplo, el cántico de María en Lucas 1.46, 47. Después de que el ángel le anuncia que llevará en su vientre al hijo de Dios, María canta abiertamente: “Engrandece mi alma al Señor, / y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador”. Comienza su poema insistiendo que su alma está tan saciada que tiene que alabar al Señor, y luego repite una idea semejante para dar testimonio de su sentir de gozo en Dios. Esto, dicho sea de paso, es un ejemplo de paralelismo, o de repetición con modificación, que es realmente el único término técnico que usted necesita saber. Y aunque, a veces, las frases paralelas son en el fondo sinónimas, vale la pena desacelerar para pensar si, en realidad, como en este caso, hay una diferencia sutil o no. Puede haber muchas maneras de engrandecer a Dios, pero María enfatiza que esta forma de engrandecimiento conlleva también implícito el regocijo.

La Encarnación marca el momento en que Dios creyó apropiado según su dignidad y su gloria tomar forma humana para entrar física, social y emocionalmente a la existencia humana. Es el momento cuando Dios dice más concluyentemente que en cualquier otro lugar de la Biblia, incluyendo su declaración en el Edén: Este mundo que hice es bueno, lo suficientemente bueno para que yo me convierta en parte de él.

Ahora bien, la poesía es la forma de lenguaje más material, es decir, la forma que más llama la atención al hecho de que el lenguaje es el fascinante símbolo-sistema que es. La poesía se adapta perfectamente al momento en que Dios anuncia que está entrando en el mundo físico.

Pudiéramos hablar también del hablante o del mensaje. Por ejemplo, de cómo el cántico de María está impregnado del lenguaje y las tradiciones de las Sagradas Escrituras hebreas, o de cómo su cántico describe de manera concisa cómo el propósito de Dios anula al de la humanidad. El punto es que vemos más dimensiones del texto cuando desaceleramos y las buscamos.

3. No nos asustemos, los poetas también son personas.
Una vez que haya decidido desacelerar y prestar atención a lo que está leyendo, recuerde que los poetas también son personas. Sus poemas surgen de circunstancias específicas, o de estados emocionales y espirituales específicos.

Sin duda, estos poemas son divinamente inspirados, pero eso no significa que podemos poner al autor a un lado. A Jonathan Edwards le encantaba decir: “Dios usa los medios”, y debemos tomar eso con seriedad. Me gusta decir a los estudiantes que los poemas líricos son fenomenológicos; es decir, que en vez de expresar directamente una convicción o una verdad, ellos dicen con frecuencia: “Así es como parece la vida en este momento”. Piense en el poeta inspirado como autorizado de Dios para expresar su experiencia espiritual en un momento específico.

A veces, esto es fácil, como cuando se le dice a Oseas que se case con Gomer, una prostituta, y luego profetiza acerca de Israel como una esposa infiel. Algunos Salmos parecen haber sido escritos por David cuando estaba bajo ataque o en momentos de enfermedad. El Cantar de los cantares de Salomón está, con frecuencia, útilmente diseñado para manifestar con claridad que muchas voces diferentes están hablando.

En otros casos, esto no es tan fácil, como sucede en gran parte de Isaías, por lo que es posible que necesitemos saber más sobre el contexto político o social. Como mínimo, podemos imaginar que una persona temerosa de Dios —que creía en el Espíritu Santo— que está hablando y tratando de revivir las esperanzas y las ansiedades detrás de sus palabras. Isaías dice: “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane” (Isaías 40.3, 4). Podemos escuchar en sus palabras la profunda expectativa que tenía, de que Dios estaba a punto de actuar. Y al no ser unos lectores rígidos, sabemos que su expectativa no es que la topografía iba a cambiar, sino que el statu quo sería estremecido con la fuerza de un terremoto. Esto es algo grandioso para alguien que vivió antes de Cristo.

4. Dejemos que la poesía juegue
¿Ha escuchado usted hablar de la justicia poética? Bien, considere esta verdad poética: La poesía juega. Con esto quiero decir que la poesía existe en un espacio diferente al de otras formas de lenguaje. Es más un juego con palabras que una disertación. Es más castillo de arena que un silogismo. Es por eso que no tiene sentido leerla para obtener información.

A los poetas les gusta citar un verso del poeta persa Rumi:

Más allá del mal y del bien,
hay un campo.

Nos veremos allí.

Rumi no está rechazando lo bueno y lo malo (aunque pudiera estar cuestionando la clase de convencimiento en cuanto a ellos, que lleva a las personas a acciones inmorales). Más bien, está reconociendo que hay un espacio donde las presiones normales de la vida no se aplican de la misma manera. Para los poetas, este es el espacio del juego con las palabras, de sus sonidos y significados, donde nadie está obligado a hacer que sus expresiones se conformen a las reglas legales y sociales normales.

Para estudiar estas palabras es necesario que usted reduzca la velocidad y preste atención a las opciones del autor. ¿Por qué eligió esas palabras? ¿Por qué escogió ese orden?

Emily Dickinson dijo que la poesía dice la verdad “sesgada”, es decir, indirectamente, por medio de su idioma especial de imágenes y sonidos. El poeta isabelino Philip Sydney hizo quizás la declaración más directa acerca del sesgo de la poesía: "El poeta … nada afirma, y por consiguiente nunca miente”.

Entonces, nadie niega que la poesía pueda decir cosas verdaderas; están defendiendo la poesía de la mala lectura, e insistiendo en que nos acerquemos a ella reflexivamente, y con apertura al espacio de juego que el poema nos abre.

Esto es, en realidad, más liberador que atemorizante. Piense en lo que es el juego para los niños. La imaginación de ellos no tiene límites, pero a menudo crean pequeñas reglas sobre la marcha, y esto da lugar a momentos sorprendentes y deliciosos —que significan para los niños cosas diferentes, de lo que significan para nosotros los adultos.

Y el juego puede ser importante y serio, también. Piense en los deportes profesionales. Piense en el torneo de ajedrez de su estudiante de primaria. Lo que hace que sea un juego no es la frivolidad, sino que el medio o la forma crean un espacio separado del resto de la vida, y requiere que usted se entregue a él, si realmente quiere apreciarlo.

LA PERSPECTIVA HUMANA EN JUEGO

Pensemos en Oseas 2, que difícilmente parece divertido. Sin embargo, comenzar con la perspectiva humana y pasar luego al espacio de juego sirve de ayuda cuando leemos, al comienzo, todas las cosas horribles que el marido ultrajado piensa hacer a su esposa infiel.

Si tomamos esos versículos como el reflejo directo de la ira justa de Dios, Él no solo se muestra airado, sino también violento y cruel, y podemos correr el peligro de justificar nuestra propia crueldad cuando nuestra ira sea justa. Sin embargo, en el espacio de juego podemos leer eso primero como la ira y el dolor de Oseas expresándolos en términos exagerados. Podemos dejar que se enfurezca, e incluso simpatizar con sus sentimientos, sin caer nosotros en el mismo error.

Cuánto más sorprendente es Oseas 2.14 cuando vemos esto desde esta perspectiva humana: “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto y hablará a su corazón”.

En vez de expresar directamente una convicción o una verdad, los poemas dicen con frecuencia: “Así es como parece la vida en este momento”.

Me parece que este cambio, de volver a cortejar a su esposa, es más admirable en la boca de un hombre, si saltamos de inmediato a la perspectiva de Dios. El Señor, por supuesto, tiene la capacidad infinita de perdonar y amar, pero un hombre de una sociedad patriarcal tenía mucho que vencer para llegar a esa decisión. Esta grandiosa imagen, entonces, es la solidez espiritual y emotiva de la relación de pacto de Dios con su pueblo.

CÓMO LEER LA POESÍA BÍBLICA

Incluso una vez que aprendamos a leer bien un poema, podríamos pensar en muchas razones para leer un poema bíblico de manera diferente a la “secular”. Sin embargo, por razones prácticas creo que unos pocos principios son suficientes para empezar.

1. Algunas cosas merecen repetirse
Ya he sugerido que debemos prestar atención al paralelismo. Consideremos el Salmo 46.1-3 (LBLA):

Dios es nuestro refugio y fortaleza,
nuestro pronto auxilio en las tribulaciones..
Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios,
y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares;
aunque bramen y se agiten sus aguas,
aunque tiemblen los montes con creciente enojo.

La segunda línea comenta la idea que se encuentra en la primera, mientras que las cuatro últimas contienen una estructura repetitiva (“aunque ... aunque ... aunque ... aunque”) que las enlaza. Esta última técnica es bastante común en nuestro idioma. Se crea un ritmo, y hace que cada línea sea una especie de escalera donde cada escalón aumenta el poder de las ideas.

La primera técnica es menos común, pero puede ser una manera efectiva de enfatizar una idea. Por otra parte, evite la tentación de asumir que las estructuras paralelas son iguales. Aquí es donde la lectura se vuelve más difícil, pero también más interesante. Por ejemplo, en las dos primeras líneas del versículo anterior, el “pronto auxilio” comunica intensidad a “refugio” y “fortaleza”.

Algunas veces, la segunda parte hace más específica a la primera: “Así dice el Señor que te creó, que te formó desde el seno materno” (Isaías 44.2 LBLA). “Te formó desde el seno materno” es una imagen más íntima que el “creó” de la primera línea, aunque son semejantes en significado.

A veces, la segunda idea completa la idea de la primera: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días” (Sal 23.6). Mientras que el “me” que va después del bien y la misericordia implica movimiento y recorrido, “moraré” proporciona un sentido correspondiente de llegada o descanso, de modo que la presencia de Dios se siente en todas partes. Esta es, quizás, la parte más técnica de la lectura de la poesía bíblica, pero de nuevo, se trata de hacer una pausa y prestar atención a lo que se lee.

2. Se aprende a amar estudiando
Es habitual que los estudiantes se quejen de que todo este análisis arruina su disfrute de una obra. Ellos “solamente quieren leer”. Es interesante, en cambio, notar que muchos cristianos aprecian realmente cómo el estudio enriquece su comprensión de la Biblia.

Después de todo, no debemos esperar que por pasar el día leyendo por información y entretenimiento, vamos, de repente, a convertirnos en buenos lectores de la Biblia para crecer espiritualmente. Tampoco debemos esperar que el pastor nos diga todo lo que necesitamos saber acerca de un versículo determinado en su predicación más reciente. Debemos, más bien, esperar que podemos usar alguna ayuda de vez en cuando para tener éxito en la comprensión de esta antología de textos espirituales del antiguo Cercano Oriente.

3. Meditemos
Cuando estudiamos, por supuesto, estamos leyendo para obtener información, y la tentación es dejar que esa información reemplace un encuentro real con el texto. Pensamos: esta persona tiene un doctorado, y enseña en una universidad, así que esto que dice debe ser lo que significa. Es por esto que yo pongo la meditación después del estudio en mi lista informal. En vez de dejar que el estudio sustituya nuestro encuentro personal, debemos dejar que nos ayude a profundizar, dándonos más puntos de acceso.

La meditación tiene una larga tradición en el cristianismo, por lo que no voy a decir mucho más aquí, aparte de señalar que la meditación es, en sí misma, una forma  de reducir la velocidad (como es el estudio), y si aprendemos a hacerlo con la poesía, descubriremos que esto nos beneficia con los pasajes en prosa, también.

Por último, como alguien cuyo cerebro puede despegar en cualquier dirección solo con ponerse a pensar, recomiendo decididamente escribir las ideas en un diario, a mano, como parte de su meditación. Esto dará a su cuerpo algo que hacer y, por tanto, le ayudará a concentrarse.

LO QUE PODEMOS APRENDER DE LA POESÍA BÍBLICA PREEMINENTE

No he dicho mucho sobre el Cantar de los cantares, aunque es quizás la poesía bíblica preeminente. Mi consejo se aplica especialmente aquí, porque tendemos a sentirnos incómodos leyéndolo como la poesía romántica que es: Los amantes están pensando y escribiendo acerca del cuerpo de cada uno de ellos, y de su deseo del uno por el otro. Pero dejar que esa poesía realmente nos ayuda a acceder a la dimensión espiritual, nos ayuda a no cometer el error pagano de sexualizar lo divino.

Estas voces humanas están fuera de sí. “¡Oh, si él me besara con besos de su boca!” es un lenguaje extático, extravagante (Cantares 1.2). Y la mujer habla erráticamente a sus amigos, a nadie, y directamente a su amante; ella está demasiado emocionada para elegir una audiencia. Las metáforas inesperadas sugieren una relación lujuriante:

Tus ojos entre tus guedejas como de paloma;
Tus cabellos como manada de cabras
Que se recuestan en las laderas de Galaad.(Cantares 4.1).

Aquí hay una inocencia que no está presente de la misma manera, como cuando John Donne llamó al cuerpo de su amante “¡mi América!”. Sin embargo, esto no es ingenuidad, porque la mujer del Cantar de los cantares reconoce que el amor nunca es completamente privado, sino que tiene una relación compleja con el mundo social. Parece, incluso, poner en alerta a las mujeres para que no sean llevadas al error.

Para mí, es difícil leer el Cantar de cantares y no llegar a la conclusión de que los cristianos estadounidenses tienen más dificultad para hablar del sexo, que de la manera que lo hace la Biblia. Llamamos “bueno” al sexo, pero preferimos mantenerlo encerrado, fuera de la vista y fuera de la conversación reflexiva. Sin embargo, la Biblia dice: ¡Maravillémonos de nuestros cuerpos, maravillémonos del deseo! ¡Y cuánto más debe ser nuestro deseo de aquel que puede, verdaderamente, renovarnos!

 

Yo podría, sin duda, decir más. Es tanto lo que se puede encontrar en la poesía bíblica, que me afano por reducirla a listas y lecturas breves, pero usted sacará más de ella si le ofrezco un manual, en vez de una presentación de diapositivas de mi viaje. Para mí, el gran descubrimiento de aprender a leer la poesía bíblica es que la poesía de la libertad nos invita a ser realmente una pieza con la libertad a la que Cristo nos invita, una libertad para explorar y disfrutar del mundo sin ninguna vergüenza ni temor.

Pero para llegar allí, usted tiene que elegir un punto para comenzar, y estar dispuesto a trabajar. Es un trabajo, como dije al principio, que nos lleva a los ricos placeres de la belleza. Una belleza que brilla a través de las experiencias —concretas, complejas y, a veces, incómodas— de criaturas pensantes, que sienten, que luchan, que tienen deseos, y que aman, y que Dios eligió para que sean sus portavoces.

 

Ilustraciones por MUTI
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