Ira contagiosa

  • 19 de octubre de 2018
viernes 19

Proverbios 22.24, 25

La ira puede causar estragos tanto en el cuerpo como en el alma, pero su alcance se extiende más allá del individuo e impacta a quienes están cerca. De esta manera, los estallidos de amargura y el resentimiento silencioso no son solo problemas personales.

El espíritu airado es contagioso. Puede pasar de una persona a otra, e incluso de una generación a otra. Los lugares de trabajo pueden convertirse en entornos de tensión, llenos de palabras y actitudes cáusticas. La ira convierte a los hogares en campos de batalla de explosiones verbales o de silenciosa hostilidad. Hasta las iglesias sufren de chismes maliciosos y de enfrentamientos.

Dios nos creó para vivir en comunión con los demás, pero la ira puede envenenar nuestras relaciones. Por desgracia, los más cercanos a nosotros son los que más sufren. Los niños aprenden a reaccionar ante las situaciones de la vida observando el ejemplo de sus padres. Luego desarrollan actitudes y patrones de comportamiento similares. Necesitamos pensar en qué tipo de corazón estamos transmitiendo a nuestros hijos.

Por fortuna, Dios se ocupa de cambiar los corazones. Así como podemos llegar a imitar a una persona airada, también podemos imitar la santidad cuando  nos acercamos al Señor. Cristo nos llama a venir, aprender de Él, y encontrar descanso para nuestras almas (Mt 11.28, 29).

¿Qué preferiría usted: la agitación de la ira o la paz de Cristo? Ambas requieren sacrificio. Si escoge mantener la ira, sufrirá la pérdida de buenas relaciones y la posibilidad de ser un ejemplo de consagración para sus descendientes. Pero, si escoge tener paz, pídale a Dios que le ayude a dejar en el altar los rencores, los insultos y las prerrogativas personales.

Biblia en un año: Marcos 15-16

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Publicado el octubre 19, 2018
Ira contagiosa

Dios nos creó para vivir en comunión con los demás, pero la ira puede envenenar nuestras relaciones.

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