Un gusto adquirido

La Biblia es una fuente inagotable de alimento para llegar a ser como Cristo.

Comprar la primera casa es una aventura emocionante e intimidante. Imagínese este escenario: Después de que todas las negociaciones y el papeleo han terminado, uno por fin se muda. Pero después de más o menos un año, las puertas empiezan a no cerrar bien, uno comienza a sentir corrientes de aire, y nota grietas en las paredes. A pesar de todos los intentos de arreglar cada nuevo problema, pronto se da cuenta de que el problema no son las paredes y las puertas, sino los cimientos.

 

Este escenario, sin duda, es una historia que muchos propietarios han vivido, pero también es una metáfora de la vida cristiana. A lo largo de los años, muchas personas han acudido a mí en busca de soluciones para sus problemas. Por lo general, quieren una solución rápida, pero sus situaciones son a menudo síntomas de un problema más profundo. Están tratando de vivir la vida cristiana sin la Biblia.

Nunca debemos considerar la lectura de las Sagradas Escrituras como optativa. Junto con la oración y la adoración, la Biblia es un vínculo vital entre Dios y la humanidad. En primer lugar, ¿cómo entendería o enseñaría la iglesia acerca de la salvación sin el conocimiento del evangelio como lo registra la Biblia? ¿Cómo aprenderíamos a relacionarnos correctamente con Dios y a tener comunión con Él? No, el Señor no nos ha dejado solos para que descubramos quién es Él y qué desea. Nuestra relación con Cristo depende en gran medida de nuestro tiempo con la palabra de Dios. Es un recurso inagotable para ayudarnos a llevar una vida abundante y permanente en Cristo, a través del poder del Espíritu Santo.

Todos los seres humanos viven en uno de los tres planos espirituales posibles (1 Corintios 2.14-3.1). La persona natural, o no creyente, no acepta lo que Dios ha revelado y no puede entender la Biblia. El cristiano carnal está cargado de deseos pecaminosos, y solo capta lo básico. Pero la persona espiritual vive en el plano más alto de entendimiento. Esta persona es un cristiano que ora y estudia la Biblia a diario y, por ende, posee mayor conocimiento y discernimiento.

 

Para aprovechar la Biblia al máximo

Para vivir en este plano espiritual más elevado, necesitamos mantenernos siempre en la Palabra de Dios. El objetivo no es solo marcar la lectura bíblica como algo cumplido en una lista de quehaceres, ni tampoco un esfuerzo esporádico o sin rumbo. Lo que necesitamos es un compromiso diario durante toda la vida para que la Palabra de Dios pueda impregnar cada aspecto de nuestra existencia.

No llegamos a un conocimiento exacto de Dios a través de nuestras opiniones o filosofías individuales, sino leyendo y estudiando lo que Él ha revelado acerca de sí mismo, y confiando en el Espíritu Santo dentro de nosotros para confirmar la verdad.

  • Tener el objetivo correcto. La gente lee la Biblia por una variedad de razones: curiosidad intelectual, deber, satisfacción personal, estímulo o ayuda con un problema. Sin embargo, el objetivo principal debe ser siempre conocer a Dios, porque las Sagradas Escrituras son su propia revelación.

    Hay mucha gente que dice creer en Dios, pero si les pidiera más información descubriría que sus ideas no están respaldadas por la Biblia. Incluso los cristianos pueden tener conceptos distorsionados de Dios, porque es más fácil creer lo que queremos de Él, o crear nuestra propia imagen del Señor. Pero como dice el Salmo 119.130: “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples”. No llegamos a un conocimiento exacto de Dios a través de nuestras opiniones o filosofías individuales, sino leyendo y estudiando lo que Él ha revelado acerca de sí mismo, y confiando en el Espíritu Santo dentro de nosotros para confirmar la verdad.

  • Tener la actitud correcta. Las Biblias son tan comunes hoy en día, que a menudo perdemos de vista su valor. Sin embargo, considere lo que el Señor dice acerca de quienes honran su revelación a nosotros. “Pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66.2). El hecho de que el Creador del universo, que es santo y justo, haya condescendido a hablar con la humanidad, debe llenarnos de profundo respeto y reverencia.

    También necesitamos tener una actitud de fe. La incredulidad es la táctica más antigua de Satanás para desacreditar la Palabra de Dios. “¿Conque Dios os ha dicho?”, fueron sus primeras palabras engañosas a Eva (Génesis 3.1). Cuando la lógica humana nos haga cuestionar las Sagradas Escrituras, debemos recordar que nuestra limitada perspectiva no puede rivalizar con la verdad de un Dios omnisciente y eterno. Siempre es peligroso convertirse en un crítico de las Sagradas Escrituras, en vez de dejar que estas formen los pensamientos y las motivaciones de nuestro corazón (Hebreos 4.2-13).

    Debemos recordar que nuestra limitada perspectiva no puede rivalizar con la verdad de un Dios omnisciente y eterno.

    Por último, debemos acercarnos a la Biblia con una actitud de obediencia. El conocimiento de las Sagradas Escrituras no es algo que solo acumulamos en nuestro cerebro. Dios quiere que se haga realidad en nuestra vida por medio de la obediencia a Él. De hecho, si no estamos obedeciendo lo que sabemos en la actualidad, ¿por qué nos daría el Señor más discernimiento?

  • Ver la Palabra de Dios como alimento para nutrirnos y deleitarnos. Cuando una persona se ve privada de alimentos el cuerpo se consume, pero el daño causado por la desnutrición espiritual puede no ser tan evidente. Los cristianos que no se alimentan lo suficiente son afligidos con todo tipo de enfermedades espirituales. Son impotentes para resistir la tentación, ciegos al error, impotentes para vencer el pecado, gobernados por sus propios deseos, e incapaces de beneficiarse de la amorosa disciplina del Padre celestial.

    El apóstol Pedro dice a los creyentes: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2.2). Una rica ingesta de las Sagradas Escrituras moldea nuestro pensamiento, influye en nuestras actitudes y comportamiento, nos da discernimiento, afirma nuestra fe, fortalece la obediencia y aumenta nuestro amor a Dios y a su Hijo.

  • Permita que la Palabra sea la luz que le guíe. Este mundo puede ser un lugar muy oscuro, pero como cristianos debemos “andar como hijos de luz” (Efesios 5.8). Es por eso que necesitamos la Biblia como lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino (Salmos 119.105). Ella nos instruye en la vida de santidad y en la verdad, para que no seamos presa del pecado y del engaño. Es bueno buscar el consejo de las personas; después de todo, la Iglesia es el cuerpo del Señor Jesús, y el cuerpo necesita todas sus partes para funcionar. Pero siempre debemos recibir consejos a la luz de la verdad bíblica, desechando lo que claramente contradiga las enseñanzas del Señor.

Dios quiere que las Sagradas Escrituras sean su fuente de deleite, y Él está dispuesto a ayudarle a lograr entendimiento cuando la lea con fidelidad y humildad. Esto no significa que cada vez que abra su Biblia experimentará una iluminación profunda. Pero con el tiempo, a medida que empiecen a encajar más y más cosas, usted tendrá un conocimiento más profundo de quién es Dios y de cómo quiere Él que vivamos. En muchos sentidos, la Biblia es un gusto adquirido. Cuanto más uno la consume, más dulce se vuelve, hasta que no se puede imaginar pasar un día sin ella.

Reflexione

¿Alguna vez ha tomado la determinación de leer la Biblia de manera más perseverante, pero se ha encontrado deslizándose a sus viejos caminos? ¿Qué le hizo resbalar? A menudo, culpamos a nuestras circunstancias, pero ¿es ese el caso, en realidad?

Se ha dicho que sacamos tiempo para lo que amamos. Piense en una actividad que disfruta y a la que dedica tiempo. ¿Tuvo una atracción instantánea por ella, o su disfrute se desarrolló con el tiempo? Esto último suele ser el caso, y eso también se aplica a la Palabra de Dios. Cuanto más tiempo dedique usted a la Biblia, mayor será su aprecio y amor por ella.

Otro problema podría ser la falta de entendimiento. ¿Se siente abrumado por el gran volumen de material en la Biblia, o desanimado porque no puede entender lo que significa? ¿Lee las palabras, pero todavía se siente vacío espiritualmente?

Entender la Biblia toma tiempo. No obstante, si usted es creyente, tiene un maestro en el Espíritu Santo (Juan 16.13). Él ayuda a interpretar las Sagradas Escrituras añadiendo verdad sobre verdad. También tiene la comunidad de fe, la cual Dios creó para su guía y para su transparencia en cuanto a la conducta cristiana. Sin embargo, la profundidad de su discernimiento dependerá de qué tan cerca camine con el Señor y, en gran medida, de la cantidad de conocimiento bíblico que tenga. La oración, la adoración en el cuerpo de Cristo y la lectura de la Biblia, influyen en su capacidad para crecer a la semejanza de Cristo.

Ore

Padre celestial, gracias por tu Palabra, que es más deseable que el oro y más dulce que la miel. Te ruego que, por su poder transformador, la Sagrada Escritura restaure mi alma y me dé sabiduría para la vida, claridad de percepción y protección contra el pecado y el error (Salmo 19.7-11). Oh Señor, “abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley” (Salmo 119.18). Amén.

Medite

Practique

He aquí algunas ideas para ayudarle a enfocarse en lo que está leyendo, para que esa lectura dé fruto en su vida.

  • Si su mente tiende a divagar, trate de leer en voz alta o tomar notas.
  • Si hay algo que no entiende, pídale al Señor que le ayude. Muchas personas también encuentran útiles las notas en una Biblia de estudio o las referencias cruzadas que figuran en el margen.
  • Lea todo un libro de la Biblia, y mantenga un cuaderno con todas las preguntas que tenga. Tómese el tiempo que necesite, y cuando termine, revise sus preguntas y considere si el Señor ha respondido o no algunas de ellas. Deje que sus nuevas ideas le inspiren a seguir leyendo.
 

Fotografía por Ryan Hayslip

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