Un testimonio perdurable

Dios quiere que su vida sea de influencia aquí, ahora y siempre.

Dentro de cada corazón humano existe el anhelo de que lo que hemos logrado perdure más allá de nuestra vida terrenal. Esto no es algo exclusivo de los creyentes, por supuesto. Podemos verlo en las leyes, carreteras, edificios universitarios y unidades médicas que llevan nombres de personas que imaginaron un futuro más allá de sí mismas. Y si alguna vez usted sintió la alegría de ver su nombre grabado en algo duradero, o el dolor de ver borrado aquello que le costó trabajo realizar, tal vez ya ha entendido esto.

Dr. Stanley se detuvo para mirar el
edredón en el que se aparece su
abuelo como primer pastor de la
iglesia.
Luego, visitó la tumba de sus padres.
 

Eclesiastés 3.11 nos dice que Dios ha puesto eternidad en el corazón de cada persona. Creo que esto no es solo el deseo de vivir para siempre, sino también de ejercer una influencia positiva que sea reconocida por los demás. Afortunadamente, como creyentes, sabemos que todo lo que hacemos en obediencia a Dios perdurará. Eclesiastés 3.14 nos asegura: “He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo”. Nada que hagamos en sometimiento a su voluntad se desvanecerá.

Dr. Stanley predicando el domingo.

Quedé particularmente impactado por esto mientras volvía a mi ciudad natal, Dry Fork, en Virginia, para celebrar el centenario de la Iglesia de Santidad Pentecostal Emanuel, una iglesia que plantó mi abuelo, George Washington Stanley.

En 1915, 10 creyentes que se habían reunido como iglesia en una casa invitaron a mi abuelo a celebrar una campaña de evangelización. Así que instaló su carpa en la esquina de Johnson Road y Dry Fork Road, y predicó con todo su corazón. Al final de la campaña, la iglesia creció a 35 miembros. Al año siguiente, en noviembre de 1916, ese pequeño grupo de creyentes invitó a mi abuelo a ser su pastor, y él aceptó.

Al Dr. Stanley se le entrega una placa para conmemorar el día especial.

Mi abuelo fue pastor de la Iglesia de Santidad Pentecostal Emanuel hasta 1921, pero usted se sorprendería al escuchar del impacto que tuvo en la congregación y en la comunidad. Mientras caminaba por la iglesia, una persona tras otra me contaba cómo mi abuelo había llevado a un ser querido moribundo al Señor, cómo Dios había hecho milagros de sanidad a través de él y cómo había hecho un cambio positivo en Danville. Me tocó profundamente saber que las familias que habían transmitido esta historia de una generación a otra. Pero lo que más me impactó fue el legado espiritual que ha continuado en esa congregación. Después de 100 años, la iglesia sigue todavía vigorosa, y alcanzando a gente con el evangelio.

La Iglesia de Santidad Pentecostal Emanuel, fundada por el abuelo del Dr. Stanley en Dry Fork.

Una línea ininterrumpida

El Señor tiene una respuesta para nuestro anhelo de dejar un legado eterno. Lo único que Él requiere es que la persona le sea fiel. Tenga en cuenta que mi abuelo no era instruido, rico ni prominente. Por el contrario, mi abuelo aprendió a leer la Biblia por su cuenta. En su juventud se ganaba la vida cortando durmientes de ferrocarril, que era un trabajo difícil y que pagaba muy poco. Predicaba contra el uso del tabaco en una región donde éste era la principal fuente de dinero; por tanto, no era poderoso de ningún modo. Mi abuelo no tenía mucho; en realidad, probablemente tenía menos que la mayoría de la gente. Pero el Señor actuó por medio de él para plantar 18 iglesias en Virginia y Carolina del Norte, y para impactar a muchísimas vidas eternamente. Mi abuelo murió en 1964, pero debido a lo que el Señor Jesús hizo en él y por medio de él, su influencia se mantiene para siempre.

El Dr. Stanley y varios miembros del personal de En Contacto fueron bendecidos al poder adorar con la congregación el domingo por la mañana.

Usted, también, puede tener un legado perdurable, y todo comienza en su propio hogar. Como creyentes, tenemos la obligación divina de enseñar a nuestros hijos la verdad de la Palabra de Dios, para que conozcan al Salvador, sepan que Él tiene un plan para sus vidas y entiendan que el Señor los capacitará para todo lo que les pida que hagan. Por supuesto, Dios nos dice que alcancemos a nuestras familias primero, porque esta es la plataforma principal que Él ha provisto para ejercer influencia. Los miembros de una familia tienen un vínculo que hace que la comunicación de estos principios espirituales sea natural y efectiva. Por ejemplo, mi nieta Annie vino a verme recientemente, y me pidió que repitiera las historias sobre mi abuelo, para así poder enseñarlas a sus hijos pequeños. ¿Por qué razón? Porque ella ha visto esos principios en mi vida.

Un miembro de la Iglesia de Santidad Pentecostal Emanuel, durante el tiempo de adoración.

Cuando pienso en cómo los relatos del Antiguo Testamento sobre la fidelidad de Dios han perdurado a través de los siglos, a pesar de guerras, hambrunas y exilios, me siento impresionado e inspirado. Hay algo muy poderoso en contar a un ser querido lo que Dios ha hecho, y así transmitir nuestro testimonio personal de su misericordia y su sabiduría, tanto en palabras como en hechos. Pero la mejor noticia es que nuestro ejemplo y testimonio son suficientes para cambiar el paisaje de la eternidad, no solo para los miembros de nuestras familias, sino también para las innumerables otras que ellos influenciarán.

Vitral de la Iglesia de Santidad Pentecostal Emanuel.

Usted puede estar pensando: Yo no tengo esa clase de relación con mi familia. ¿Eso implica que no puedo dejar un legado espiritual? O tal vez no tiene hijos, y se pregunta qué significa eso para usted. La familia es el punto de partida de nuestra búsqueda, pero ciertamente no es el único canal. Por eso es importante que usted conozca la larga e ininterrumpida línea de fidelidad que le llevó a conocer a Jesús como su Salvador. Desde el momento en que Jesús habló a los primeros discípulos, hasta que usted escuchó y aceptó la buena nueva de salvación, hubo una persona que se la contó fielmente después de haberla recibido de otra. A veces, fue por medio de familiares. Pero, en otras ocasiones, fue por medio de amistades, reuniones fortuitas, relaciones de negocios, sermones, libros y de muchas otras maneras que una persona le contó a otra que el maravilloso regalo de la salvación está disponible por medio de Cristo. También está la gran responsabilidad de tocar los corazones de la próxima generación y de transmitir el encargo.

Y así es como debemos ver a nuestros ministerios individuales. Mi abuelo influyó en mí, por lo que también ha tenido un efecto en todas las personas que han sabido de Jesús por medio de mí. Y a medida que cada persona influenciada por mí habla a otras, el impacto de mi abuelo se ensancha. De esta manera, vemos que si realmente estamos sirviendo a Jesús, quienes vienen después de nosotros hacen crecer exponencialmente nuestro legado espiritual.

Así que, hermano, usted no se equivoca cuando invierte en el futuro, contando a sus familiares, amigos, compañeros de trabajo y otros, lo que Dios ha hecho en su vida. Eso es lo que hacía mi abuelo, y todavía veo el fruto de su fidelidad. Y la verdad es que no se sabe cuán profundamente puede usted impactar la eternidad cada vez que le habla a otros de Jesús. Pero una cosa es segura: usted está dejando, sin duda, un legado que perdurará mucho más allá de lo que pueda imaginar.

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