Arraigados juntos

Luis y Lilian, maestros paraguayos entre los aché, cuentan con los recursos de En Contacto para ayudar a los miembros de la tribu a profundizar en su caminar con Cristo.

En esta soleada mañana, Luis Alberto Arce está de pie junto a su esposa Lilian, bajo una cubierta de árboles. Sus estudiantes son los indígenas aché del Paraguay que se encuentran aprendiendo de la guía de estudio Principios de Vida. Unas gallinas hambrientas se mueven veloces picoteando la tierra, mientras Lilian traduce la enseñanza de su esposo del español al aché.

Para tener esta escena fue necesario un proceso de siete años. Aunque Luis y Lilian —maestros en la escuela comunitaria de Puerto Barra— son paraguayos, no son originarios de esta aldea. Lilian llegó primero, y no pasó mucho tiempo sin que conociera a su Salvador Jesucristo por medio del testimonio de personas de la comunidad. Cuando Luis se unió al personal de la escuela, tres años después, Lilian y él se enamoraron y se casaron.

Pero, por más importante que fuera ser educador, lo que Luis quería sobre todo era proporcionar liderazgo espiritual a la tribu. Pero primero tenía que ganarse la confianza de ellos. Hubo momentos en que la pareja se desanimó. Incluso, consideraron la posibilidad de marcharse del pueblo para siempre.

En ese tiempo, Ministerios En Contacto estaba buscando oportunidades para alcanzar grupos indígenas de América del Sur. Un equipo del ministerio fue a Puerto Barra con Biblias Principios de Vida y guías de estudio, y capacitó a Luis para utilizarlas. Con el beneplácito de la tribu, Luis puso en marcha un grupo de estudio semanal.

Lilian podía hacer que el efecto de la enseñanza de su esposo fuera más sustancioso si la hacía en el idioma primordial de la gente.

Mientras Luis enseñaba en la aldea, él y Lilian estudiaban los materiales en su casa. Al crecer juntos en la fe, comenzaron a preguntarse: ¿Por qué no enseñamos este material juntos? Lilian había aprendido a hablar aché, y podía hacer que el efecto de la enseñanza de su esposo fuera más sustancioso si la hacía en el idioma primordial de la gente.

Han transcurrido varios meses desde que comenzaron; sin embargo, el reto se mantiene. “Todos los adultos afirman ser cristianos”, dice Luis, pero no todos siguen al Señor con la misma pasión. Por tanto, la pareja dedica tiempo en grupos de estudio, motiva a los maestros de la escuela y echa las bases de modo que la madurez espiritual y el liderazgo florezcan en la comunidad.

Luis y Lilian ya no piensan en irse. Todo lo que la pareja había esperado, Dios lo ha cumplido —y lo seguirá cumpliendo— en su tiempo.

 

Fotografía de Ben Rollins
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