Decirle “sí” a Dios

Brian Holland descubre la provisión y el poder de Dios a través de los granos de café.

Brian Holland sirve una taza de café a uno de sus clientes en Phoenix Roasters, pero cuando el hombre saca su billetera, Holland le dice: “No te preocupes por pagar”. Detrás de ellos hay estantes con sacos de granos de café sin tostar, y encima de ellos un estandarte con el emblema de la iglesia y de la compañía misionera de Holland.

Si se le pregunta a Holland qué hace para ganarse la vida, dirá que es pastor a tiempo completo y tostador de café a tiempo completo. En realidad, pasa unas sesenta horas a la semana en el almacén, mientras supervisa la producción, coordina los envíos y se reúne con los socios. Pero cada domingo por la mañana hay hileras de sillas colocadas frente a una plataforma de madera situada en el rincón más alejado del almacén, y es allí donde Holland vive su vocación principal: ser el pastor de una pequeña congregación de personas abatidas e ignoradas.

 

Mucho antes de fundar la compañía de café y la iglesia, Holland fue un pastor de jóvenes bien remunerado. Bastó un encuentro con el Dr. Stanley para que diera un salto de fe. Después de que Holland compartió tanto sus sueños como sus temores de lo que podría perder, el Dr. Stanley le preguntó: “¿No sabes que Dios asumirá la responsabilidad de las consecuencias de un corazón dedicado a Él por completo?”.

Esa pregunta guía la filosofía del ministerio de Holland. En vez de comprar café según sea necesario, Holland paga por adelantado toda una cosecha y paga diez veces más del valor comercial de la misma. Hacer eso lo ayuda a apoyar a agricultores misioneros en América Central y garantizar un salario digno para sus trabajadores migrantes. Esto significa que Holland dirige Phoenix Roasters por fe, confiando en que Dios proporcionará suficientes clientes y socios locales para que la compañía venda su café y obtenga ganancias suficientes para sobrevivir. Aún así, la mayor parte del dinero que Holland gana se destina a la plantación de iglesias, y los agricultores misioneros utilizan sus ganancias para el ministerio local.

Ahora, gracias a la obediencia de Holland, a personas en áreas rurales de América Central se les sirve con gentileza, se les guía a la fe y se les discípula por medio del Mensajero. Holland mantiene sus ojos fijos en el futuro, donde la cosecha es siempre abundante. Sabe que lo único que se necesita es fe del tamaño de una semilla de mostaza —y tal vez unos cuantos granos de café.

Fotografía por Joseph E. Miller

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