Desde Rusia con amor

Lev Belov no deja que el clima tenso entre Rusia y Ucrania le impida compartir la Palabra de Dios.

En un semáforo en el centro de Kiev, Ucrania,  un hombre se detiene junto a Lev Belov y baja la ventanilla de su auto. Con una expresión fría y severa, el hombre le pregunta: “Vi otkuda?”, que significa, “¿De dónde eres?”.

Belov sonríe disculpándose, y alivia la tensión con humor. “¡Amo tanto a Ucrania que quiero mudarme para acá!”. Debido a la placa rusa de su vehículo, Belov está acostumbrado a situaciones como estas. Ha llegado al punto en que se encoge de hombros. Aquella mañana, una mujer frente a un edificio de apartamentos lo miró, y le dijo: “Si no estuvieras parado junto a tu auto, te habría rajado los neumáticos”. En esta clase de encuentros, Belov siempre desvía la conversación con empatía y explica la razón de su visita al país.

Belov es pastor y nativo de Tutayev, Rusia. Durante el año, viaja a Kiev para recoger los Mensajeros de En Contacto que después distribuye en su país. Cuando estalló la guerra entre Rusia y Ucrania en la primavera de 2014, se afligió mucho por las acciones de su país, y se sintió inspirado a hacer algo. Belov descubrió a Global Christian Support (GCS) con sede en Kiev, una organización dedicada a conectar a quienes padecen necesidades con personas que pueden servirles. A través de GCS, aprendió cómo utilizar el Mensajero de En Contacto para ministrar en regiones afectadas por la crisis.

Aunque al comienzo pensó realizar el ministerio del Mensajero en Ucrania, Belov pronto se dio cuenta de que podía cumplir un propósito único. “Si bien CGS fue una respuesta a mi oración, yo fui una respuesta a la oración de ellos”, afirma. La organización había estado orando para que alguien coordinara la distribución del Mensajero en Rusia. A lo largo del conflicto, a medida que Ucrania ha ido abriéndose al evangelio, Rusia se ha vuelto más cerrada al mismo. Se han promulgado leyes que limitan la evangelización, y el control fronterizo ruso prohíbe el paso de materiales evangélicos como el Mensajero.

“Es muy arriesgado para todos los involucrados”, dice Belov. “Solo puedo introducir entre 20 y 30 Mensajeros a la vez”.

Belov reconoce los riesgos de trabajar dentro de estas tensiones y en medio de las hostilidades entre las dos naciones, pero confía en que Dios lo tiene justo donde quiere. “Cumplo el mandato de Cristo de ir y predicar el evangelio. Nunca prometió que sería fácil”.

Fotografía por Audra Melton

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