Dulces melodías al Señor

Cuando Skiadas aceptó a Cristo cuatro años atrás, comenzó a contarle a todo el mundo lo que sabía acerca de la gracia, y pronto guió a la fe a decenas de sus amigos y familiares.

Stelios Skiadas se inclinó con los ojos cerrados, deslizando sus dedos por el teclado y cantando. Su voz llenaba el santuario vacío de una pequeña iglesia en Atenas, Grecia. Todos los domingos por la mañana, él dirige a su congregación en la adoración, pero en este día, vino a cantar solo.

Cuando Skiadas aceptó a Cristo cuatro años atrás, comenzó a contarle a todo el mundo lo que sabía acerca de la gracia, y pronto guió a la fe a decenas de sus amigos y familiares. Sin embargo, con el tiempo, su alma se oscureció con depresión. Durante meses, el diablo le recordó todos los pecados que había cometido. Lo que hizo que se preguntara qué podía ofrecer al Dios perfecto alguien tan imperfecto, por lo que pronto dejó de orar. Después de tocar en el santuario vacío por un tiempo, Skiadas notó que la secretaria de la iglesia, quien era su mentora, estaba en la oficina. Fue entonces cuando decidió hablarle de sus luchas. Después de escuchar sus preocupaciones, ella le dio a Skiadas unos DVDs, y le dijo que los mirara. Eran programas de En Contacto en griego.

 

Esa noche, Skiadas se fue a casa, abrió su laptop y vio el primer sermón. Se sorprendió al descubrir que este pastor había atravesado una crisis similar. Mientras el Dr. Stanley hablaba acerca de la temporada en que estuvo indefenso en una cama de hospital, reprendiendo las mentiras del diablo con la Palabra de Dios, Skiadas entendió que él debía hacer lo mismo. “Dios nunca me dejará, ni me desamparará”, repetía en voz alta.

Al cabo de algunas semanas, Skiadas sintió que su espíritu se elevaba con renovadas fuerzas, y desde entonces ha continuado viendo el programa En Contacto. Todas las mañanas, durante su tiempo de recogimiento con Dios, lee el devocional En Contacto para prepararse para el ministerio diario, no solo como líder de adoración, sino también como empleado de una librería grande. Hace poco tiempo, durante su descanso, Skiadas bajó a la cafetería de la librería, se sentó al piano y comenzó a tocar. La melodía de los himnos resonaban hasta que, momentos después, fue interrumpido por su jefe. Pero en lugar de reprenderlo, le preguntó si estaría dispuesto a tocar más seguido. Asombrado, dijo que sí.

Skiadas entendió que él debía hacer lo mismo. “Dios nunca me dejará, ni me desamparará”, repetía en voz alta.

Lo único que Skiadas ama más que la adoración, es compartir a Cristo con quienes lo rodean. Ya ha guiado a cuatro compañeros de trabajo a la fe, y alaba a Dios por la oportunidad de compartir la música del Señor con quienes están listos para escucharla.

Fotografía por Gary S. Chapman

Temas relacionados:  Desánimo

Artículos relacionados

¿Qué ocurre con mis anotaciones?
Color de fondo:
Claro
Aa
Oscuro
Aa
Tamaño de letra:
A
A
A