Empezar de cero

En medio de la tensión política de Ucrania, una pareja se aferra a lo que conoce: la hospitalidad y la confianza en Dios.

El teléfono sonó en el apartamento en Donetsk, Ucrania. Olya Maryntseva lo levantó, y una voz extraña y amenazadora dijo: “Sabemos dónde están tus hijos”. El pánico la consumió mientras el hombre detallaba a cuál escuela iban cada uno de sus tres hijos. Llamó a su esposo Sergey, e hicieron planes para irse de inmediato a Kiev, donde estarían a salvo.

Los Maryntseva eran propietarios de una cadena de restaurantes muy exitosa (uno de los 18 que tenían estaba clasificado entre los más importantes de Ucrania), y su trabajo era perfecto para testificar de su fe cristiana. Eran muy conocidos en la comunidad, y los dos participaron en mítines pro-ucranianos en los meses previos a la invasión rusa de Crimea. Por eso, se convirtieron en blancos de los separatistas rusos que querían derrocar al gobierno local. Olya y Sergey dejaron de ir a las reuniones juntos; así que, en caso de que hubiera un ataque, los niños no perderían a ambos padres.

 

En Kiev, Olya enfrentó noches de insomnio, ya que Sergey tuvo que regresar a Donetsk para cerrar los negocios. Ella no estaba segura de si volvería con vida; otros no lo habían hecho. Al final, la familia perdió su medio de subsistencia, su casa y la mayoría de sus pertenencias. Sergey tomó una posición ejecutiva en una empresa agrícola en Kiev, e hicieron todo lo posible por aclimatarse a una nueva vida.

Decidida a proporcionar más cascos, chalecos antibalas y raciones de alimentos a los mal equipados soldados ucranianos, Olya buscó ayuda de empresarios. Y a través de una amiga, recibió unos Mensajeros de En Contacto que llevó cuando visitó el principal hospital militar, en el centro de Kiev. A Olya le trajo consuelo saber que los pacientes que estaban recluidos allí tendrían la Palabra de Dios mientras se recuperaban.

Intentar recuperarse en Kiev ha sido difícil, a los Maryntseva los han tratado con desconfianza por ser del este; Sergey no disfrutó del nuevo trabajo; sus hijos, ahora de 18, 14 y 10 años, recuerdan todavía el terror de escuchar aviones y tanques rusos en Donetsk; y no hay garantía de que regresen a la ciudad que aman. Sin embargo, dan gracias a Dios por salvar sus vidas y darles un nuevo comienzo.

Olya nunca se libró de su pasión por los restaurantes. Hoy, da la bienvenida a los clientes a Nom Nom, uno de sus 7 nuevos restaurantes. Es un lugar lleno del amor de dos personas que, a pesar de las dificultades, siguen compartiendo la paz que han encontrado en Cristo.

Fotografía por Audra Melton

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