Entre dos mundos

El costo de la obediencia para Govinda Awale es un corazón partido en dos.

Fuera del hogar de la familia de Govinda Awale en Katmandú, los hombres arrojan ladrillos al suelo mientras desmantelan un edificio inhabitable dañado por el terremoto de 2015. Justo después de la plaza cercana, donde multitudes estuvieron durmiendo durante meses por temor al derrumbe de sus hogares, se encuentra un antiguo templo hindú adornado con brillantes banderas de oración rojas, amarillas y azules. El santuario es uno de los centenares que hay en la ciudad, hitos de una religión que ha dado forma a la cultura de Nepal durante siglos.

Govinda Awale sirve con su esposa Jamuna y sus hijas Meriya y Marina.

Dentro de la casa, Awale se detiene ante la fotografía de su difunta abuela. Sus ojos se enrojecen y lágrimas comienzan a brotar. Dejarla fue la parte más difícil de su decisión de mudarse con su esposa y sus dos hijas a los Estados Unidos; y él ya estaba allí cuando murió su abuela. Hay una gran sensación de pesar cuando menciona su fallecimiento, porque de no haber sido por ella, su familia no habría conocido a Cristo. Fue una creyente consagrada, que puso una base espiritual en una tierra donde el cristianismo casi había estado ausente. Pero Awale tuvo que marcharse, porque sabía que Dios estaba llamándolo.

En el mismo sentido de obediencia, hace poco Awale regresó a Nepal por el verano con una misión: repartir el Mensajero de En Contacto a su gente. Sus amigos le dicen que el dispositivo se ha convertido en una herramienta valiosísima para difundir el evangelio en todo Nepal, el lugar de nacimiento de Buda. En las áreas rurales, donde la información se transmite de forma oral, la Biblia en audio está ayudando a los cristianos nepalíes a compartir el evangelio con quienes nunca lo han escuchado.

Una anciana sale de la Iglesia Koinonía Patan, una congregación en Katmandú.

Awale ha traído consigo a su esposa Jamuna y a sus hijas Meriya y Marina, para quienes es la primera visita de regreso desde hace 5 años que se mudaron a los Estados Unidos. Su viaje de dos meses ya está lleno de planes, que incluyen visitas al grupo de hogares que Awale apoya por medio de Allow the Children (“Dejad a los Niños”), la organización para la cual trabaja en Lynchburg, Virginia. Antes de irse de Nepal, había pasado semanas orando en cuanto a mudarse o no, pero el temor por la salud de Jamuna afianzó su decisión: una cirugía mal realizada le había causado serios problemas en su conducto biliar, y necesitaba atención especializada. Jamuna al fin recibió el tratamiento necesario en la Universidad de Virginia, y aunque está saludable ahora, necesita chequeos regulares.

Una mujer toca un cilindro de oración sobre Swayambhunath, un lugar budista.

Al decidirse a trabajar con Allow the Children, Awale dejó su empleo en la Iglesia Koinonía Patan, donde durante años había sido la mano derecha del pastor principal, el Dr. Mangal Man Maharjan. El primer sábado después de regresar a Nepal, la familia se unió a más de 600 personas que llenaron los tres pisos del edificio en un servicio de adoración. Awale estaba de pie en la entrada, saludando a los asistentes como lo hacía cuando era parte del personal de la iglesia.

Hay muchas caras nuevas en la iglesia a medida que el cristianismo se extiende en Katmandú. Según una investigación conducida en el 2013 por el Seminario Teológico Gordon Conwell, Nepal es el país donde el número de cristianos está aumentando con más rapidez. En otro tiempo, Nepal era el único reino hindú que había, y ahora está viendo un rápido crecimiento del cristianismo donde antes había sido reprimido. El país quedó aislado por completo del resto del mundo hasta la década de 1950, cuando abrió sus fronteras al turismo, en gran parte gracias al alpinismo. El monte Everest, la montaña más alta del mundo, atrae a miles de personas cada año.

El final de la monarquía nepalí en el 2008 dio paso a un gobierno secular que ha dejado espacio para el cristianismo. Según el Dr. Maharjan, el proselitismo religioso es ilegal, pero la ley es difícil de aplicar. Para los cristianos, el posible encarcelamiento es una realidad, pero también es un precio que consideran que vale la pena pagar por seguir a Cristo. Sin embargo, Awale y otros cristianos nepalíes creen en obedecer la autoridad gubernamental cuando esta no rivaliza con lo que enseña la Biblia.

Cristianos en la región de Sindhupalchok adoraran a Dios después de recibir Mensajeros.

Las secuelas del terremoto siguen afectando a Nepal. El desastre ocurrió un sábado, el día en que los cristianos nepalíes asisten a la iglesia, y el Dr. Maharjan dirigía un servicio cuando se produjo el sismo, derribándolo del púlpito. El edificio de la iglesia sufrió daños menores, pero a otras estructuras no les fue tan bien. Varios monumentos, considerados por la UNESCO como Patrimonios Mundiales de la Humanidad, fueron destruidos. Sindhupalchowk, una región que ya está sufriendo los efectos de la pobreza, fue la más afectada. En conjunto, cerca de 9.000 personas murieron en la destrucción.

Por falta de fondos, la reacción del gobierno ha sido limitada. Ese vacío presentó a iglesias, como Koinonía Patan, la oportunidad de servir a sus amigos nepalíes, ya que muchos reconstruyen sus hogares y sus vidas. Los Mensajeros que Govinda lleva, terminan a menudo en manos de esas personas, trayéndoles esperanza en un tiempo de adversidad. En Sindhupalchowk, están apareciendo por todas partes iglesias que se reúnen en casas.

A lo largo de todo el verano, algunas personas —incluyendo a su mentor de toda la vida, el Dr. Maharjan— le preguntaron a Awale cuándo volvería para quedarse. Aunque le duele decepcionarles, por lo general se ríe y cambia el tema. Sabe que la pregunta es una muestra de cuánto son amados él y su familia, pero también le recuerda la convicción de que hizo lo correcto. Desde la sede central de su organización en Lynchburg, Awale puede hacer más en favor de los huérfanos nepalíes y los niños que viven en la pobreza.

Un adorador quema incienso afuera de un templo hindú.

Cuando está en Virginia, Awale siente paz de saber que su familia está donde debe estar, pero extraña a sus amigos y familiares en Nepal. Por eso, cuando vuelven a Katmandú, no pierden tiempo en invitar a todos a cenar. En la cocina, Jamuna ayuda a preparar un plato nepalí tradicional —hecho con búfalo acuático, papas picantes y garbanzos tostados. Los familiares desfilan por la casa, y abundan los abrazos. Como Marina tenía solo seis años cuando se marcharon, mucho de esto es nuevo para ella.

En la azotea, Awale se reúne con amigos de la infancia para disfrutar del clima agradable y de la vista panorámica de Katmandú. Con Marina sentada sobre sus piernas, bromea y relata historias de su infancia en esa región. Awale comenta más tarde que algunos de esos amigos están lidiando con serias dificultades en la vida, por lo que está haciendo un esfuerzo por pasar el mayor tiempo posible con ellos. Cada momento para él y Jamuna está lleno de personas, lo cual es agotador, pero Awale se siente agradecido y da todo lo que tiene.

Personas reunidas en la plaza Durbar de Katmandú.

No se sabe qué extrañará Awale cuando regrese a los Estados Unidos. Reconoce que queda mucho por hacer en Nepal, pero tiene la confianza de que los creyentes tomarán su lugar cuando él no pueda estar presente. Pero siente el peso de su sacrificio, algo que su abuela entendía bien, aunque echaba de menos la presencia de su nieto en sus momentos finales. Awale sabe que ella habría hecho lo mismo, si Dios se lo hubiera instruido.

Mientras el sol se oculta detrás de las laderas del Himalaya, Awale deja a un lado la conversación para ver cómo se oscurece el brillante cielo. Enseguida los otros se unen a él, mientras asimila el espectáculo, sabiendo que ese momento no durará.

Fotografía por Ben Rollins

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