Paz en la Tierra

Un viernes, Anis llegó a la casa y encontró a 70 niños adorando a Dios. “No pude entrar. Algo me sacudió, y me puse a llorar”.

En la costa occidental del Mar de Galilea, se encuentra un tranquilo lugar llamado Tabgha, conocido como el sitio donde Cristo dio de comer a los 5.000. Más allá del pequeño estacionamiento, al otro lado de una iglesia católica bizantina griega, unos adolescentes árabes y judíos asisten a un campamento cristiano. Cantan, tocan música, hasta que son llamados para tener un estudio sobre cómo conocer a Dios y darlo a conocer.

Es una escena idílica, pero todo comenzó a partir de una amarga disputa familiar. “Mi padre me dio un terreno para construir, pero mi hermano lo quería”, recuerda Anis Barhoum. Cuando Anis comenzó a construir, él y su esposa Nawal enfrentaron resistencia de su familia. Después de un tiempo, Nawal sintió que Dios quería que se marcharan y abandonaran sus planes.

Los Barhoum se mudaron a un apartamento, y esperaron por cinco años. En sus oraciones, Nawal dedicó su futura casa al Señor, mientras que Anis bebía cada vez más. Trabajaron y ahorraron para comprar una parcela de tierra en Shefá-Amer. Cuando se construyó la casa, Nawal comenzó a tener estudios bíblicos para los niños del vecindario. Anis se mantenía alejado, y volvía a casa solo después de que todos se hubieran marchado.

Un viernes, Anis llegó a la casa y encontró a 70 niños adorando a Dios. “No pude entrar. Algo me sacudió, y me puse a llorar”. Él sabía que sus lágrimas eran del Señor, y le dijo a su esposa: “Cuenta conmigo, haz lo que desees”.

Su hogar se convirtió en un lugar de esperanza, y lo que comenzó hace 35 años con un estudio bíblico para niños es ahora la Casa de la Luz, un ministerio no solo para niños, sino también para adolescentes, adultos, e incluso ex-reclusos y sus hijos.

En el campamento anual de Tabgha, cada adolescente recibe la Biblia en audio y sermones en El Mensajero de En Contacto. Utilizan el dispositivo mientras caminan por senderos tranquilos o se sientan cerca de la costa. Estos jóvenes experimentan lo que es ser un solo cuerpo; su amor mutuo muestra al mundo que pertenecen a Cristo. Crecen juntos y son enviados juntos.

“Cuando usted le prometa al Señor algo”, dijo Nawal, “necesita estar dispuesto a hacer lo que Él le pida”. Su plan había sido dar a conocer su fe en su casa. Nunca imaginó que amaría y serviría a tantos niños, con Anis a su lado.

 

Fotografía por Ben Rollins

 

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