¿Quién es nuestro vecino?

José Ramos continúa el trabajo del Huracán María mientras derriba las barreras sociales y económicas entre el pueblo de Puerto Rico.

El pastor José Ramos se paró frente a la puerta de la Iglesia Comunitaria Las Palmas, en Humacao, Puerto Rico, para observar los daños a su alrededor. El huracán María había dejado su huella: techos arrancados de las casas y artículos del hogar esparcidos por céspedes fangosos.

 

Pero la diferencia más notable era la falta de vegetación. Cada árbol que bordeó una vez el sector residencial había sido arrancado, dejando a la vista la empobrecida comunidad que la rodeaba. Estas áreas de bajos ingresos habían estado ocultas durante mucho tiempo de la vista de la exclusiva comunidad, conocida como “la Burbuja”. Y aunque el huracán había afectado a todos, solo la clase alta tendría los recursos para reconstruir. En ese momento, el futuro del ministerio de Ramos se hizo claro: “Vimos que la necesidad era mayor afuera que adentro”. Así que él y su iglesia comenzaron un grupo para servir a los vecinos de los barrios periféricos. Distribuyeron alimentos, agua y ropa, junto con cientos de Mensajeros y Antorchas de En Contacto.

Hoy, más de un año después del huracán, todavía quedan marcas de la devastación: familias que necesitan recursos, casas que aún no han sido reconstruidas y muchas personas que sufren de estrés postraumático. Es por eso que los miembros de la iglesia dan seguimiento a cada familia a la que sirven, al compartir la esperanza de Cristo por medio de El Mensajero. Ahora, cada vez que surgen recuerdos traumáticos, los vecinos pueden encontrar consuelo en la Palabra de Dios. “Lo tienen disponible todo el tiempo, como la luz del Señor”, dice Ramos. “Es algo que nunca se apaga”.

Aunque el huracán había afectado a todos, solo la clase alta tendría los recursos para reconstruir.

En cinco años, Ramos ha visto crecer la iglesia, y tras el huracán María, en lugar de ver una disminución en la asistencia, Ramos ha sido testigo de un nuevo tipo de crecimiento. Su iglesia, que una vez había servido solo a los de clase alta, ahora experimenta una visión del reino de Dios entre “vecinos”.

“Solíamos pasar por los barrios y seguir nuestro camino sin preocupación alguna”, dice Ramos. “Era como si no existieran”. Ahora, Ramos corrige a cualquiera que escucha hablar de “la Burbuja”, y explica: “La Burbuja explotó”. Y mucho después de que los árboles vuelvan a crecer, rodeando otra vez las casas con una vegetación exuberante, él y su iglesia hacen planes para seguir adelante con la hermosa restauración de Dios dentro de esta comunidad.

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