Una iglesia sin muros

Muchos padres musulmanes llevan a sus hijos, a pesar de que los niños se van cantando camino a casa “Cristo me ama”.

Danny Awad toca una campana para anunciar el servicio del domingo por la mañana en la Iglesia Presbiteriana de Baraka, en Belén. Esta es una tradición del siglo IV, cuando las campanas de las iglesias podían escucharse en el Medio Oriente, para llamar a los creyentes a congregarse. Hasta hace poco, Belén, el lugar del nacimiento de Cristo, era predominantemente cristiano. Pero en las últimas décadas, el cristianismo se ha convertido en minoría, pues más familias han decidido irse por la situación política y económica de Cisjordania.

“Es muy difícil vivir aquí”, afirma Awad. Aislada detrás de una barrera de casi 8 metros, Baraka, una de las pocas congregaciones evangélicas que quedan en el lugar, ha disminuido de cientos a menos de 50 miembros.

Awad creció escuchando a su padre —que también era pastor— contar historias de los tiempos antes del muro, cuando la iglesia tenía abundantes recursos y alta asistencia. Y aunque mucho ha cambiado política y económicamente desde la época de su padre, la dedicación al ministerio no ha disminuido. La iglesia continúa funcionando en dos congregaciones, una en Belén y otra en Shepherd’s Gate (La puerta del pastor), así como en dos centros de extensión y diversos grupos pequeños en hogares.

También existe la Casa de la Esperanza, un centro de atención a tiempo completo para jóvenes sin familia, de origen musulmán y con necesidades especiales. Para muchos musulmanes, la discapacidad es vista como una maldición vergonzosa de Alá. Awad ha encontrado que la Biblia y la enseñanza en el Mensajero de En Contacto son útiles para ofrecer una perspectiva cristiana en cuanto a esto, en particular en su trabajo con niños ciegos o con retraso. Muchos de estos jóvenes han llegado a la fe al encontrar la Palabra de Dios y el amor de la congregación de Awad.

Baraka maneja también una guardería que tiene muy buena reputación. Conscientes de su énfasis cristiano, muchos padres musulmanes llevan a sus hijos, a pesar de que los niños se van cantando camino a casa “Cristo me ama”.

Por eso, Awad ora por más siervos y recursos para trabajar con la abundante cosecha. “Muchos llegan a conocer a Cristo aquí”, dice. “Bautizamos a muchos musulmanes”. A pesar de los considerables obstáculos políticos que enfrentan estos creyentes, Awad confía en que ninguna barrera física o espiritual podrá prevalecer contra la Iglesia de Dios.

 

Fotografía por Ben Rollins

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