De principio a fin

Mire más allá de la familiaridad de las palabras iniciales de la Biblia, y logrará tener una comprensión más profunda de la verdad que hay detrás de las Sagradas Escrituras.

En los últimos años, las historias de incidencias con los GPS se han multiplicado. Unos japoneses que visitaban Australia siguieron las instrucciones que los llevarían a la isla Stradbroke del Norte, pero terminaron varados en la costa. El GPS falló al no tener en cuenta que el automóvil no sería capaz de recorrer las nueve millas de agua que había entre la isla y la tierra firme.

Otro automovilista marcó una dirección de Nueva Jersey, pero terminó atrapado en una escalinata que lo conducía al parque Riverside.

También está el caso de una conductora de Bélgica, que salió de su casa para dirigirse a la estación del tren en Bruselas, que estaba aproximadamente a 45 minutos al norte. Pero el defectuoso navegador la dirigió hacia el sur. Estando en territorio alemán se detuvo dos veces para poner combustible, y después de haber dormido un poco, siguió conduciendo. Finalmente, después de llegar a Zagreb, la capital de Croacia, se dio cuenta de que su GPS la había llevado por el camino equivocado.

Si queremos terminar en el lugar correcto, es esencial que nos pongamos en camino en la dirección correcta.

La Biblia comienza con: “En el principio … Dios” Estas cuatro palabras establecen la dirección para todo lo que viene después.

Lea Génesis 1.1-5

Antes de abrir su Biblia, pídale al Espíritu Santo que le indique lo que quiere que usted aprenda de este pasaje. Luego, lea el pasaje, y anote sus primeras impresiones: ¿Qué preguntas tiene? ¿Hay algo confuso? ¿Qué versículos hablan a su situación actual?

Es de destacar la manera cómo comienza la Palabra de Dios —con la importantísima introducción: “En el principio ... Dios”. Estas cuatro palabras establecen la dirección de todo lo que viene después. Si no entendemos que Dios es el principio de todas las cosas, el origen de cada vida, la verdad detrás de cada mandamiento e instrucción que encontraremos en la Biblia, inevitablemente tomaremos el rumbo equivocado e iremos a parar a lugares desastrosos.

La Biblia tiene que ver, ante todo, con Dios. A lo largo de sus sagradas páginas descubrimos mucho acerca de nosotros mismos (nuestra identidad y los planes de Dios para nosotros), pero todas estas verdades tienen sentido solo porque están centradas en el Señor. En la Biblia, encontramos que Dios es el fundamento de todas las cosas, Aquel en quien “vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17.28 NVI).

Es de vital importancia reconocer que nuestra vida depende (de principio a fin) del Señor. Si creemos que la historia comienza con nosotros, entonces nos condenamos a la inutilidad, al dolor y a la intranquilidad sin esperanza de alivio. Agustín de Hipona sabía esto muy bien, y lo expresó de esta manera: “[Dios] es la fuente de nuestra felicidad y el objetivo de todos nuestros deseos. Para nuestro bien ... no hay nada mejor que aferrarse a Él”. En otras palabras, no encontramos gozo buscándolo; lo encontramos buscando a Dios, quien es gozo, luz y bondad.

La Biblia comienza con Dios. Si empezamos en algún otro lugar, dirigiremos nuestra vida en la dirección equivocada.

Reflexione

Escriba sus ideas en su diario.

  • Mire de nuevo el primer capítulo de Génesis. ¿De qué manera es enfatizada la acción de Dios? ¿De qué manera es Él el creador de todo? ¿Qué sería diferente acerca de la historia si Dios no fuera el punto de partida? ¿Puede usted imaginar cómo se desarrollaría el relato si no comenzara con: “En el principio … Dios?”

  • Haga una lista de sus historias favoritas, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Lea cada una de ellas. ¿Dónde encuentra que la acción, o la verdad, o la providencia de Dios es el tema central? ¿Por qué alguna veces hacemos de la acción, del deseo o del esfuerzo humano lo esencial?

  • Lea Romanos 8.26-39. Observe todos los lugares donde Pablo destaca la acción de Dios previa a cualquier esfuerzo humano. ¿Qué cree usted que está tratando de decir el apóstol? ¿Cómo describe la confianza que podemos tener en Dios, y la seguridad de su amor para con nosotros? ¿Cómo pudiera esto ser diferente si fuéramos nosotros los personajes centrales del relato?

No encontramos gozo simplemente buscándolo; lo encontramos buscando a Dios, quien es gozo, luz y bondad.

Responda

  • Al pensar en cómo pudiera contar la historia de su vida, ¿en qué parte del relato se enfocaría más en usted? ¿De qué manera sería diferente su historia si hiciera de Dios el personaje más importante? ¿Puede pensar en situaciones en las que pudiera resultarle más difícil hablar desde esa perspectiva?

  • ¿Por qué cree usted que es difícil, a veces, pensar que nuestra vida comienza y termina en Dios? ¿Qué dudas le surgen al reflexionar en esto? ¿Qué resistencia encuentra al pensar en encauzar su vida en Dios?

  • Mientras que algunos cristianos no ven que la vida y la historia giran en torno a Dios, otros son acusados, a veces, de “ver a Dios en todo”. ¿Cómo respondería usted a esta crítica?

  • Teniendo en cuenta las palabras de Agustín, ¿cómo puede el mantener a Dios como el actor principal de la historia de su vida producirle más gozo y satisfacción, y hacerle más bondadoso? ¿Por qué le tenemos temor a lo contrario?

Repase

  • Ponga atención a las historias que se cuentan en su entorno, y también en el cine, en las noticias y en las conversaciones. ¿Cómo se entrecruzan con el hecho de que Dios está detrás de nuestra vida? Piense luego en algunos acontecimientos históricos que han tenido lugar en los últimos cien años. ¿De qué manera ver esos hechos a través del lente de la intervención de Dios afecta la interpretación del significado de ellos?

  • Tome la frase “En el principio… Dios” y permita que se convierta en su oración. Cuando despierte cada mañana, y después a lo largo del día, repita esta oración en su corazón. Preste atención a lo que nota y a lo que cambia en su interior.

  • Esta semana, piense en sus angustias y en sus esperanzas. ¿Reflejan ellas esta verdad: En el principio … Dios?

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