Dios de lo invisible

Mantenernos orando en los tiempos de dificultad, es la manera de poder conocer “al Dios que ve”.

Al abrir un periódico o ver noticias, se encuentra inevitablemente con un mundo que está sufriendo. Pero más que nada, usted está perfectamente familiarizado con el caos de su propia vida. Desde nuestra niñez se nos ha dicho que el plan de Dios nunca está equivocado —ni siquiera nuestro destierro del Edén; no hay un Plan B. Pero si Dios está manejando el plan A, ¿cómo debemos orar cuando Él nos conduce en medio de las dificultades?

La manera como nos relacionemos con Dios en la oración es un buen indicador de nuestra relación con Él. ¿Venimos a Él solamente para rogarle que cambie nuestras circunstancias actuales? ¿Le pedimos por nuestros amigos o extraños? ¿Lo escuchamos?

Junto a gigantes de la Biblia como Abraham y Sara, la esclava egipcia Hagar parece tener el papel de una actriz de reparto en el mejor de los casos. Pero en Génesis 16 es el centro de toda la atención. En un tiempo cuando se hablaba de Dios solamente en términos de majestad como Elohim; el Dios Creador; oShaddai, el Todopoderoso, Hagar responde a Dios dándole un nombre muy personal que aún define a nuestra teología hoy: El Roi, el Dios que me ve.

LEA Génesis 16

La escena se desarrolla con un tema que es común en la narrativa bíblica. Sarai (a quien más tarde conoceremos como Sara) ha sido incapaz hasta ese momento de darle un heredero a su esposo. Ella se está acercando a los 76 años de edad, y como era la costumbre en ese tiempo, utilizó a su joven esclava como su sustituta. Como si la servidumbre forzada no fuera ya suficientemente deshumanizante, a la joven sirvienta se le ordena que tenga un hijo con Abram, de 86 años. Ella concibe, pero en una cultura donde ser madre es la profesión más valorada, Hagar sabe que le será quitado también este derecho. Ya sea porque el hijo que espera irá a parar a los ansiosos brazos de Sara, o porque se vuelve cada vez más orgullosa por su capacidad de concebir, Hagar se siente impulsada a tratar con desprecio a su ama estéril. Y la disciplina de Sarai a Hagar por su insubordinación hace que, al final, la joven sirvienta tenga que huir.

Sintiéndose ignorada, maltratada y sola, Hagar escapa a un lugar más peligroso: el desierto. ¿Cuánto tiempo estuvo la joven embarazada vagando perdida, hambrienta, y desesperada? Entonces sucede algo trascendental. Dios la llama por su nombre, confirmando así que ella sí está siendo vista. “Dios salió a su encuentro”, dice Génesis 16.7 (TLA). No fue que Él se topó con ella, sino que la buscó. Durante el diálogo que tuvieron Dios la llama con una misión: que regrese precisamente a aquello de lo cual está huyendo. Pero Dios no la envía de regreso con las manos vacías. Antes de la época de los sonogramas, Dios le dice que dará a luz un hijo varón y que sus descendientes serán innumerables. Más que la promesa de que no moriría en el desierto, Dios le promete a Hagar que Él continuará cuidando de ella, oyendo sus oraciones y dándole un papel en la historia que algún día incluiría a hebreos y gentiles. Hagar podría volver a una vida menos que ideal con la confianza de que era una pieza clave en un plan más grande, y con un mensaje para su comunidad: Que el Señor es un Dios que nos ve.

Cuando alguien nos causa sufrimiento, nuestro instinto natural es desquitarnos o huir. Pero a veces, las circunstancias de oscuridad y soledad nos enseñan a ver más allá de nosotros mismos y a impulsar el reino de Dios. Al igual que el tiempo que Hagar pasó con Dios, orar en medio de nuestro sufrimiento nos prepara para conocer más íntimamente el carácter de Dios, para poner a los demás antes que a nosotros mismos, y para encontrar un propósito en el sufrimiento.

REFLEXIONE + EXPLORE

Reflexione en cuanto a lo siguiente:

  • Usted no es invisible para Dios.
    Lea el Salmo 33.13-15. ¿El hecho de que Dios le ve es suficiente para que usted encuentre un propósito en sus días de oscuridad y soledad?
  • “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5.8). Lea de nuevo el versículo. ¿Ha orado sinceramente para ver la visión de Dios para su vida, aunque sea diferente de la visión que usted tiene?
  • La vida de oración de Daniel era inquebrantable ante las dificultades. Dios lo vio, y lo libró de las bocas de los leones. 
    Lea Daniel 6.10-23. ¿Ora usted solamente cuando tiene una necesidad, o su comunicación con Dios es diaria y permanente?
  • Ana oró apasionadamente al Señor, y el Señor la recordó.
    Lea 1 Samuel 1.1-20. ¿Derrama usted su corazón delante de Dios, creyendo que Él puede realizar lo que al parecer es imposible?

RESPONDA

Responda las siguientes preguntas:

  • Recuerde la vez en que Dios le pidió que hiciera algo en medio de una situación difícil. ¿Qué le enseñó eso en cuanto al carácter de Dios?
  • ¿Cómo ha utilizado Dios sus momentos de malestar para dar consolación a las personas que le rodean?
  • Si usted pudiera darle a Dios un nombre más personal mientras ora, ¿cómo lo llamaría? Escriba una oración utilizando este nombre.


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