El privilegio del creyente

¿Qué papel juega la confesión en el crecimiento espiritual del creyente?

Uno de los versículos más conocidos y más apreciados de la Biblia es 1 Juan 1.9. Sin embargo, algunas veces después de haber confesado nuestras transgresiones, encontramos que todavía nos sentimos culpables o nos hallamos cayendo de nuevo en un pecado específico. ¿Por qué no se tranquilizó nuestra conciencia, o no cambió nuestra conducta? La confesión parece una cosa muy sencilla, pero ¿entendemos realmente lo que significa, y lo que logra?

Comencemos leyendo 1 Juan 1.8-1 Juan 2.2. Para entender el significado pleno de la confesión, debemos examinar el contexto de este pasaje.

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.—1 Juan 1.8-10-1 Juan 2.1-2

La palabra abogado utilizada en 1 Juan 2.1 es una traducción del término griego paraklētos, que significa literalmente “llamado al lado de uno”. Se utilizaba para referirse a una persona que intercedía por un acusado, o a alguien que abogaba por la causa de otro.

¿A quiénes se le ha dado el privilegio de la confesión?

En estos cinco versículos, los pronombres personales “nosotros” y “nuestro” están implícitos dieciocho veces, lo que significa que Juan estaba escribiendo a los creyentes. Un incrédulo no puede esperar ser perdonado, simplemente por confesar su pecado, porque la base para el perdón de Dios es la muerte de Cristo como el pago por el pecado, no simplemente la petición que alguien haga.

¿Por qué se nos dice que confesemos nuestros pecados?

Antes de que podamos abordar este asunto, distingamos la diferencia entre la relación y comunión con Dios.

“En la confesión se produce un gran paso hacia una nueva vida. La ruptura con el pasado se logra cuando odiamos el pecado y lo confesamos, y somos perdonados. ‘Todo lo viejo quedó atrás’. Cuando hay ruptura con el pecado, hay conversión. La confesión es conversión”. —Dietrich Bonhoeffer
  • La relación con Dios comienza en el momento de la salvación, y se refiere a nuestra condición de “hijos”. Esta condición nos da el perdón completo y eterno de todos nuestros pecados.

  • La comunión se refiere a nuestro caminar diario con el Padre, como sus hijos. No dejamos de ser sus hijos cuando transgredimos, pero el pecado obstaculiza nuestro gozo y comunión con el Señor.

Juan describe a Jesús como “la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 2.2), pero ¿qué significa exactamente ese término? Propiciar significa “ganar o recuperar el favor o la buena voluntad”, y eso es lo que hace el Señor cada día de nuestra vida.

Juan habla acerca de la comunión en este pasaje. Dice 1 Juan 1.5-8 que no podemos mezclar luz y oscuridad, y esperar tener comunión con nuestro Padre. De hecho, Isaías nos dice que nuestras iniquidades nos separan de Dios, y que nuestros pecados ocultan su rostro de nosotros (Is 59.2). El único remedio para hacer posible nuestra restauración con Dios es la confesión (1 Juan 5.9 ).

  • ¿Qué es la confesión? Es la traducción de la palabra griega homologeō, la cual significa “hablar la misma cosa”. Se trata de tener la misma perspectiva que Dios tiene en cuanto a nuestro pecado, reconociendo que hemos violado su ley. En la confesión, aceptamos la responsabilidad total por nuestro pecado, y lo llamamos específicamente por su nombre.

  • ¿Cuándo debemos confesar? El momento para confesar nuestro pecado es inmediatamente después de tener la convicción del Espíritu Santo de que hemos pecado. Si nos demoramos y dejamos que nuestros pecados se acumulen, podemos experimentar la amorosa pero dolorosa disciplina del Padre. En el Salmo 32, David describe la pesada mano del Señor sobre él cuando se resistió a la confesión, y las bendiciones que recibió cuando finalmente reconoció su pecado.

  • ¿Cómo debemos confesar? No tenemos que rogar y suplicar a Dios, sino venir a Él con fe, creyendo que Él nos perdonará y limpiará. El apóstol Juan menciona dos de sus atributos como prueba: Primero, Dios es fiel, y se puede confiar en que hará lo que ha prometido; y segundo, Él es justo para perdonar nuestros pecados, porque Cristo es nuestro abogado, quien pagó en su totalidad nuestro pecado (1 Juan 1.9; 1 Juan 2.1).

Preguntas

“La petición, pedir cosas, es una parte pequeña de [la oración]; la confesión y la penitencia son su entrada; la adoración, su santuario; la presencia, la visión y el gozo en Dios, son pan y vino”. —C. S. Lewis
  • ¿Ve usted la confesión como un privilegio, o es algo que le produce temor? ¿Por qué se siente así? ¿Cómo afectaría su perspectiva ver la confesión como una refrescante limpieza espiritual? ¿Qué bendiciones resultan de la confesión?

  • ¿Algunas veces tiene problemas para aceptar el perdón de Dios? ¿Dónde tiene puesto su enfoque cuando se aferra a su culpa? ¿Cómo puede ayudarle a enfocarse en el Señor creer que Él le ha perdonado y limpiado?

Temas relacionados:  Madurez del creyente

Artículos relacionados

Amados tal como somos

Fingimos estar muy bien, pero a menudo estamos viviendo una falsa apariencia. No desperdicie su tiempo buscando la perfección, cuando puede buscar a Cristo quien le perdona y acepta ...

por
¿Qué ocurre con mis anotaciones?
Color de fondo:
Claro
Aa
Oscuro
Aa
Tamaño de letra:
A
A
A