Renunció a sus derechos

El Señor Jesús enseñó y demostró humildad, y nos llama a hacer lo mismo.

El célebre novelista francés Gustave Flaubert, cuya novela clásica Madame Bovary lo consagró en 1857 como gigante de la literatura, tenía fuertes convicciones en cuanto al arte de escribir. Flaubert creía que los escritores (especialmente de obras de ficción) debían prestar un servicio con su trabajo, en vez de utilizar una historia para promocionarse a sí mismos o llevar adelante sus propios planes. En una de las muchas cartas a su amiga Madame Louise Colet, Flaubert lo aseveró claramente: “Un escritor en su libro debe ser como Dios en el universo, presente en todas partes y visible en ninguna parte”.

Flaubert se estaba dirigiendo a una cultura artística que fomentaba el engreimiento de los egos. Insistía en que, a pesar del hecho de que un autor era el “creador” de un mundo en sus páginas, los buenos escritores debían mantenerse invisibles, y permitir que la historia tuviera su propia voz e integridad. En otras palabras, no debían vanagloriarse, sino dar prioridad al relato. Para Flaubert, el ejemplo que mejor ilustraba esa modestia era Dios, el gran Creador que demuestra tal clase de humildad.

 

Lea Filipenses 2.1-11

Antes de abrir su Biblia, pídale al Espíritu Santo que le indique lo que quiere que usted aprenda de este pasaje. Léalo, y anote sus primeras impresiones: ¿Qué preguntas tiene? ¿Hay algo confuso? ¿Qué versículos hablan a su situación actual, y cómo lo hacen?

En cuanto a su llamamiento a imitar el ejemplo del Señor, Flaubert, en parte, tiene razón. Dios, ciertamente, ofrece la demostración de humildad más grande. El apóstol Pablo, al exhortar a los creyentes de Filipos a renunciar a su propio ensalzamiento, recurrió al ejemplo de amor de Cristo. Aunque Él era Dios, “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo”, y vino a nosotros como un ser humano común (Filipenses 2.7). Lo que es más, Jesús demostró una renuncia radical por medio de la máxima humillación: “Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2.8). Flaubert tenía razón; en una evidente demostración de amor inestimable, el Señor Jesús no procuró ser el centro de atención, sino que rindió sus derechos y sus privilegios. Dicho de otra manera, Dios renunció a su propia vida en bien de los demás.

Sin embargo, Flaubert se equivocó en otro aspecto. Lejos de mantenerse oculto, Dios se hizo visible en Jesús. Es decir, Jesús es Dios en carne y hueso. Pero el Dios que encontramos en Cristo no es el que esperaríamos. En Él encontramos a un Dios que nunca hizo alarde de sí, y que no ejerce su poder para exigir nuestra lealtad; descubrimos a un Dios que da su vida y que muere para después levantarse de los muertos (Filipenses 2.6-9).

En una evidente demostración de amor inestimable, el Señor Jesús no procuró ser el centro de atención, sino que rindió sus derechos y sus privilegios.

En efecto, la Biblia describe a Dios y a su carácter mucho menos de lo que esperaríamos. Por el contrario, la Biblia prefiere mostrarnos que Dios es como Jesús. Dios es Jesús. Y en humildad, Jesús se inclina con amor hacia los que le buscan. Jesús se entregó a la muerte para que nosotros pudiéramos ser libres y vivir de verdad.

Por esta razón, Pablo insistió en que, por ser el Señor nuestro ejemplo, debemos “con humildad [considerar] a los demás como superiores a [nosotros] mismos” (Filipenses 2.3 NVI). Cuando nos sintamos tentados a proteger lo que tenemos o nuestra imagen; cuando sintamos el impulso de ser el centro de atención o utilizar a otras personas para alimentar nuestra ambición, recordemos la humildad de Jesús, y depongamos nuestro ego. La arrogancia es la energía de nuestros tiempos, pero Jesús nos llama a tener una actitud radicalmente diferente.

Reflexione

Escriba sus ideas en su diario.

  • Lea otra vez Filipenses 2.1-11. Por lo menos, una parte de este texto era probablemente un himno. ¿Cómo cambiaría este texto su actitud, si dichas palabras fueran la historia que escuchara con regularidad, o una canción que cantara cada semana?

  • Lea Efesios 4.2. ¿Qué otras cualidades conecta Pablo con la humildad? ¿Qué piensa usted que es la interacción entre todas estas palabras e ideas? ¿De qué manera estas actitudes y acciones dependen unas de otras?

  • Elija una o dos de sus historias favoritas de Jesús. ¿De qué manera demuestra Él humildad y amor en esos relatos? ¿Cómo contrasta la actitud de Jesús con lo que usted experimenta al relacionarse con otros?

Responda

  • ¿En qué ambientes le resulta más difícil ser humilde? ¿Hay alguna relación, ambiente social o situación de inseguridad donde regularmente se siente tentado a buscar el reconocimiento o a luchar para mantener estatus o poder?

  • ¿Cuál es la diferencia entre una humildad como la de Jesús, y la falsa modestia? ¿Qué diferencia hay entre vivir con humildad valiente, y ceder por temor a los demás?

  • ¿En qué aspecto piensa usted que el Espíritu Santo puede estar invitándole a ser humilde? ¿Cómo responderá a esta invitación? ¿Qué obstáculos cree usted que podrían dificultar esa respuesta?

La Biblia describe a Dios y a su carácter mucho menos de lo que esperaríamos. La Biblia prefiere mostrarnos que Dios es como Jesús.

Repase

  • Piense en una película o en el personaje de un libro donde la humildad estaba ausente. Luego, piense en otro personaje que demostraba humildad. ¿Qué diferencias nota entre ambos personajes? ¿Cómo es su reacción frente a cada uno de ellos? ¿Cómo describiría la calidad de vida de cada uno?

  • Observe los diversos mensajes que recibe esta semana, desde los de sus jefes en su trabajo, pasando por los de sus familiares y amigos, hasta los de los medios de comunicación. ¿Es modelada o estimulada la humildad? ¿De qué manera?

  • Considere la posibilidad de hacer esta oración durante los próximos días: Señor, eres el dueño de todas las cosas, y a pesar de eso lo entregaste todo. Eres todopoderoso, pero no dejaste que eso fuera un obstáculo para amarnos incondicionalmente. Enséñame a vivir con humildad, a semejanza de Ti. Amén.

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