Todo lo que está escrito

La meditación y la vida cristiana

Si queremos ser creyentes maduros y productivos, debemos hacer de la meditación un hábito permanente. Pero la meditación descrita en la Biblia es muy diferente de otras formas que requieren el vaciamiento de nuestra mente. Al contrario, la meditación bíblica implica llenar la mente con la Palabra de Dios y reflexionar sobre sus verdades.

Leamos Josué 1.6-8 para aprender más acerca de la meditación piadosa.

“Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”.

Después de la muerte de Moisés, el Señor le dio a Josué su plan para la conquista de la tierra prometida, y ese plan no implicaba estrategias militares tradicionales. Dios le dijo a Josué que se concentrara únicamente en la ley de Moisés (los primeros cinco libros de nuestra Biblia). El éxito de la conquista vendría como resultado de la promesa de Dios, de su presencia poderosa y de la cuidadosa obediencia de Josué a todo lo que estaba escrito en los textos sagrados. Un aspecto esencial de su obediencia era la meditación en la Palabra de Dios. Ésta tenía que llenar siempre su mente, determinar sus palabras y guiar sus acciones.

¿Por qué necesitamos meditar en la Palabra de Dios hoy?

Al igual que Josué, mantener nuestra mente llena de la Palabra de Dios nos ayuda a recordar las ordenanzas de Dios para que hagamos el esfuerzo de obedecerlo. Es la protección que tenemos para no caer en el pecado (Salmo 119.11), y el medio para entender los caminos de Dios (Salmo 119.15). Cuando meditamos constantemente en las Sagradas Escrituras, nuestro conocimiento del Señor y el amor que sentimos por Él crecen, de manera que nos volvemos cada vez más parecidos a Cristo.

¿Qué es la meditación?

La meditación es un tiempo que se pasa a solas, inmerso en Dios y en su Palabra. Es dar vueltas a las cosas en nuestra mente, tratando de comprender y aplicar las verdades de Dios. Pero, ¿cómo puede usted comenzar esta importante práctica? Al leer la Biblia, enfóquese en los siguientes aspectos de Dios:

  • Su Persona: Busque las descripciones en cuanto al Señor, y piense en cómo pueden sus atributos ayudarle a entender quién es Él. La meditación implica, también, recordar las verdades que ha aprendido (Salmo 63.6). El Espíritu Santo le ayudará a logralo. Su tarea es recordarle todo lo que le ha enseñado (Juan 14.26) y guiarle en toda verdad (Juan 16.13).

  • Sus obras: Enfóquese en las acciones de Dios en un pasaje (Salmo 77.12). ¿Cómo muestran sus acciones su poder, sabiduría, justicia, santidad, amor, gracia y compasión? Piense en sus maravillas (Salmo 145.5). ¿Cómo afectan las acciones de Dios su fe, sus temores y sus esperanzas? Pidale a Dios que le ayude a entender todo lo que sea necesario.

  • Sus ordenanzas. Al igual que Josué, preste mucha atención a los mandamientos de Dios, y piense en qué requiere Él de usted (Salmo 119.15). ¿Qué le exige en cuanto a sus pensamientos, palabras, interacción con otros, costumbres personales y opciones? ¿Cómo le protegen sus mandamientos?

Preguntas

  • ¿Qué tienen en común la preocupación y la meditación? ¿Qué sucedería si usted sustituyera sus pensamientos de ansiedad por las verdades de la Palabra de Dios?

  • La meditación es como un ancla para el alma. ¿Qué aspectos de su vida necesitan estar ancladas a la Palabra de Dios?

Además:

  • "El hábito constante de leer libros centrados en Cristo es tan necesario, que se ha llamado a esto, con mucha propiedad, el aceite de la lámpara de la oración. Sin embargo, demasiada lectura y poca meditación pueden producir el efecto de una lámpara volcada, que se apaga por el exceso de ese aceite cuya propiedad es alimentarla”. —Hannah More

  • Los cinco primeros libros del Antiguo Testamento se conocen como el Pentateuco, del término griego pentáteuchos, que significa “los cinco quintos de la ley". También se conoce como “Torá”, una palabra hebrea que significa “dirección, ordenanza o ley”.

  • En Josué 1.8, la palabra hebrea hagah, que traducimos comúnmente como meditar, significa “gemir, gruñir, proferir, hablar o cavilar”. En esencia, debemos monologar o hablarnos en voz alta a nosotros mismos al procurar entender la Palabra de Dios. Este término también puede encontrarse en otros veinticuatro pasajes del Antiguo Testamento, entre ellos Salmo 1.2; Salmo 63.6; Salmo 77.12 y Salmo 143.5.

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