El camino a la salud y la santidad

La intención de Dios es que su pueblo sea responsable unos con otros.

La privacidad es algo que valoramos mucho, en especial en lo que se refiere a nuestra vida en Internet. De la misma manera, hay ocasiones en que nuestra privacidad debe ser respetada, y cierta cantidad de privacidad puede ser apropiada y útil, sobre todo en asuntos en los cuales Dios nos llama a ser humildes. Aunque el individualismo pueda ser aceptable en la sociedad secular, ¿qué pasa en la Iglesia? ¿Debe guardar privacidad el cristiano?

A menudo encontramos creyentes que no quieren que nadie sepa lo que sucede en sus vidas. Podrían tener todo tipo de razones para proteger su privacidad, al mantener la realidad del día a día fuera de la vista de los hermanos en la fe. Tal vez haya un pecado que no puedan vencer, una relación fracturada que no quieran reconocer, o una consecuencia vergonzosa del pasado. O podría ser solo terquedad por no querer correcciones que contradigan sus preferencias.

Sin embargo, Dios desea que su pueblo sea responsable unos con otros —andar en la luz juntos como su familia (1 Jn 1.7). Como escribió el apóstol Pablo, debemos “[someternos] unos a otros en el temor de Cristo” (Ef 5.21).

El permitir que un creyente de confianza esté al tanto de nuestras debilidades, puede ayudarnos a vencer el pecado. En vez de ver la apertura como una intrusión en nuestra vida privada, debemos reconocerla como un camino a la salud y la santidad, no solo para el individuo sino también para toda la Iglesia.

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