Más dulce que la miel

El Señor desea que su palabra sea el centro de nuestra vida.

Es probable que haya notado que las iglesias ofrecen una amplia gama de actividades y estilos de adoración. Sin embargo, a pesar de la variedad, algo debe ser constante y prominente en cada congregación: la Biblia, la revelación completa y final de Dios a la humanidad, que contiene todo lo que necesitamos saber para vivir como Él manda (2 P 1.3).

Tal vez usted ya sabía que la Palabra de Dios debe ser el eje central de la Iglesia, pero ¿sabía también que el Señor desea que ella sea el centro de nuestra vida? Digo esto no para hacerle sentir culpable, sino para ayudarle a entender la bendición tan grande que es la Biblia. Sin su verdad inmutable, ¿cómo podríamos saber lo que se necesita para ser salvos, crecer en la fe y caminar más cerca de Dios y de otros creyentes?

Sin embargo, incluso los cristianos que conocen la importancia de este asunto pueden sentirse desanimados cuando en la práctica no hacen lo que desean (Ro 7.19). Por ejemplo, aunque todos sabemos que debemos leer la Biblia a diario, a algunos les resulta difícil mantener el hábito. Si eso le describe a usted, quiero darle una buena noticia.

Al comienzo, leer la Biblia puede parecer una obligación a la que no se le vea mucho fruto, pero no se rinda; la Biblia tendrá más sentido para usted a medida que el Espíritu Santo le ayude a interpretarla y a ganar una mejor idea de cuán dulce es la Palabra de Dios.

 
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