Supongamos que le pregunto cuál es la misión de la Iglesia, ¿qué respondería? Aunque la Iglesia cumple muchas tareas, la más importante es compartir el evangelio de Cristo. Todo lo demás no es más que una extensión de eso. La buena nueva de Jesucristo, que nunca ha perdido vigencia ni necesita ser corregida, es suficiente para satisfacer la mayor necesidad de la humanidad: la salvación de la esclavitud del pecado, mediante la reconciliación con el Padre.
El mensaje sigue siendo el mismo a lo largo de los siglos, pero hay muchos métodos para darlo a conocer, tales como la palabra hablada, la música, el material escrito y los medios de comunicación. Pero todas estas vías de comunicación requieren la participación individual del pueblo de Dios.
Algunos cristianos piensan que el papel de compartir el mensaje y hacer discípulos, conocido como la Gran Comisión, le corresponde solo a los pastores o misioneros. Pero cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de involucrarse: todos podemos dar, orar y contar a amigos y familiares lo que el Señor ha hecho por nosotros.
Cuando nos comprometemos con la difusión del evangelio, Dios nos revela qué trabajo nos está llamando a hacer. Él tiene un lugar para cada uno de sus hijos —nadie es insignificante o sin ningún propósito en su reino.
Biblia en un año: Levítico 5-7