La fe puede debilitarse cuando nos enfocamos en nuestra propia comodidad en lugar de hacerlo en el plan de Dios. Abraham no cayó en esta trampa. Cambió lo familiar por lo desconocido y recibió muchas bendiciones.
Vivir por fe es lo correcto cuando Dios nos llama a avanzar, y su llamado puede llegar en cualquier momento, sin importar nuestra edad o posición. Abraham tenía 75 años cuando comenzó su viaje, mientras que David era todavía un niño cuando fue ungido como rey (1 S 16.11-13). Y Pablo, en la cima de su poder y fuerza, iba camino a Damasco para arrestar a creyentes judíos cuando se encontró con el Señor (Hch 9.1-6).
Seguir a Dios también implica tiempos de prueba. Abraham, como todos nosotros, tuvo éxitos y fracasos. Actuó con fe al llamado de dejar su país, y Dios prometió bendecirlo a él y a sus descendientes. Pero ante la hambruna actuó distinto: bajó a Egipto, ocultó su relación con Sara y fue reprendido por el Faraón. Nuestra respuesta a Dios importa.
Obedecer al Señor puede ser incómodo. Pero la fe nos mantendrá avanzando en obediencia. Nos ayuda a mantener el rumbo y a experimentar las bendiciones que se encuentran en una relación con Cristo.
BIBLIA EN UN AÑO: JOSUÉ 13-15