Para la mayoría de las personas, la palabra éxito significa “riqueza” o “poder”. Si le preguntáramos a alguien si se siente exitoso, probablemente hablaría de su carrera o logros materiales. Sin embargo, la verdadera medida del éxito está en nuestro crecimiento espiritual y en la fidelidad a Dios, pues un corazón que sigue su voluntad produce frutos que perduran.
El Señor llama a sus hijos a vivir triunfalmente. Si la búsqueda del éxito fuera pecaminosa, ¿cómo pudo el Señor hacer la promesa que se encuentra en Josué 1.7? ¿Estaba prometiendo dinero o fama? No. El Señor estaba prometiendo el éxito según su propia definición para su siervo.
Para Josué, el éxito significaba victoria militar, fe firme y el cumplimiento de la promesa de Dios a Moisés (Ex 6.7, 8). No le interesaban el dinero ni la fama; estaba concentrado en cumplir los planes del Señor. Guiado por la Palabra de Dios y obedeciendo sus órdenes, alcanzó un éxito verdadero y duradero.
No se confunda. La riqueza, la fama, la seguridad y el poder no tienen nada que ver con el éxito espiritual. La familia, las relaciones, la integridad y la fidelidad, estas son las cosas que realmente importan. Son las maneras en las que nuestro Padre celestial quiere que tengamos éxito.
BIBLIA EN UN AÑO: ÉXODO 19-21