julio 2018

Del corazón del pastor

Ya se acerca el Día de la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, y con esta celebración tenemos muchas razones para estar agradecidos, pero también para estar preocupados, debido a las tragedias que han ocurrido en el país en los últimos años.

por Charles F Stanley

Ya se acerca el Día de la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, y con esta celebración tenemos muchas razones para estar agradecidos, pero también para estar preocupados, debido a las tragedias que han ocurrido en el país en los últimos años. Al enterarnos de tiroteos en las escuelas, de ataques terroristas y de bombardeos que cobran vidas inocentes, podríamos preguntarnos: ¿Dónde está Dios en todo esto? ¿Por qué permite estas tragedias? ¿No podría hacer algo para evitarlas?

La respuesta más básica a estas preguntas es que vivimos en un mundo caído. Desastres, crímenes, maldad, violencia, odio y muerte son el resultado del pecado que entró en el mundo cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios. Todo y todos hemos sido afectados por este hecho y nadie está exento.

Sin embargo, aun sabiéndolo, podríamos preguntarnos por qué Dios permite que ocurran estas tragedias. Si Él es bueno y misericordioso, ¿no podría proteger su creación de tanto daño? La verdad es que hay muchas cosas en la vida que no podremos entender. En Isaías 55.8, 9, Dios dice: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”.

Entonces, ¿cómo deberíamos reaccionar ante las tragedias cuando no entendamos lo que Dios está haciendo? Para los creyentes, la primera reacción debe ser confiar en Dios (Pr 3.5). Es fácil confiar en Él cuando sentimos su mano misericordiosa fortaleciéndonos y guiándonos. Pero cuando la sabiduría y los propósitos de Dios trascienden nuestras mentes limitadas y no podemos entender la voluntad de Dios, debemos tener fe en lo que nos ha dicho por medio de la Biblia acerca de Él y confiar en nuestro Padre celestial de la misma manera en que los niños confían en sus padres.

Aunque no tenemos todas las respuestas del por qué ocurren las tragedias, somos los únicos que tenemos el mensaje que puede cambiar el destino eterno de las personas.

Necesitamos leer la Palabra de Dios para ver lo que Él dice acerca de Sí mismo. Y el mejor momento para hacerlo es antes de que ocurra una tragedia, de modo que tengamos una base firme para apoyarnos en tiempos de necesidad. Una vez que tengamos una visión bíblica y acertada de Dios, entenderemos y sabremos cómo reaccionar y cómo superar las calamidades, pues conoceremos bien al Dios que nos ama y nos sostiene con su mano soberana.

En segundo lugar, debemos ser valientes. Naturalmente, los ataques terroristas y los tiroteos producen miedo. Para los que no conocen a Cristo, esto puede ser abrumador, pero los cristianos tenemos una confianza que trasciende las circunstancias. Salmo 56.3, 4 dice: “En el día que temo, yo en ti confío. En Dios, alabaré su palabra; en Dios he confiado; no temeré; ¿qué puede hacerme el hombre?”.

En tercer lugar, debemos ser compasivos. Al enterarnos de las atrocidades cometidas contra las personas, nuestro corazón debe solidarizarse con ellas. Esta es una característica esencial de cualquier seguidor de Cristo. Observe la reacción del Señor en Mateo 9.36: “Al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”.

Algunas veces nuestra reacción ante una tragedia nacional es resignarnos y decir: “Me alegro de no haber estado allí”. Pero a los cristianos se nos pide que demostremos la compasión y bondad que tenemos en el corazón (Col 3.12 LBLA). Lo cual se aplica tanto a los que conocemos como a los que nunca hemos conocido. Puede ser que no podamos consolar a extraños al otro lado del país, pero podemos expresar nuestra compasión por ellos, al llevarlos ante el trono de Dios en oración, no solo para su restauración física y emocional, sino también para su salvación.

En cuarto lugar, necesitamos tener una perspectiva eterna. La pérdida inesperada de vidas debe abrir nuestros ojos al hecho de que nuestra existencia es transitoria. Santiago nos recuerda que no esperemos que nuestra vida sea tal como la hemos planeado: “No sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Stg 4.14). Si algo podemos aprender de las calamidades, es que moriremos y no sabemos cuándo. Por eso, debemos estar listos para encontrarnos con el Señor y para compartir el evangelio con los perdidos, para que ellos también tengan la oportunidad de ser salvos.

Puede ser tentador el desear retirarnos con miedo al ver al mundo convirtiéndose en un lugar muy peligroso, pero este es el momento en que los cristianos debemos ser sal y luz para alumbrar a un mundo oscuro. Aunque no tenemos todas las respuestas del por qué ocurren las tragedias, somos los únicos que tenemos el mensaje que puede cambiar el destino eterno de las personas. Y ofrecer las buenas nuevas del evangelio es lo más compasivo y bondadoso que podemos hacer en tiempos de calamidad.

Mientras vivimos en estos tiempos inciertos, hagamos nuestro objetivo vivir de tal manera que honremos y agrademos a Dios. Aunque no tengamos ninguna seguridad de que las tragedias no nos llegarán algún día, podemos confiar en la bondad de Dios. Él ha prometido hacer que todas las cosas sean para el bien de los que le aman y son llamados conforme a su propósito (Ro 8.28).

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

 

P.D. A pesar de que este país ha experimentado un aumento del mal y de calamidades, todavía podemos regocijarnos por la libertad que tenemos de adorar a Dios y compartir el mensaje del evangelio. Demos gracias al Señor por estas bendiciones al celebrar este 4 de julio.


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