junio 2019

Del corazón del pastor

¿Es posible venir en grupo a la presencia de Dios y adorarlo de verdad si no hemos preparado nuestros corazones de antemano?

por Charles F Stanley

¿Cuánto tiempo y esfuerzo le lleva prepararse para asistir a la iglesia? Esto varía según la etapa en la vida que esté, en especial si tiene niños pequeños. Pero, en general, todos llegamos preparados y bien vestidos cuando entramos en el santuario. Sin embargo, ¿cuánto tiempo dedica a prepararse espiritualmente antes de reunirse con otros hermanos para adorar?

¿Es posible venir en grupo a la presencia de Dios y adorarlo de verdad si no hemos preparado nuestros corazones de antemano? Piense en la carga que llevamos a menudo a cuestas. Tal vez no hemos tenido el tiempo suficiente para orar y leer la Biblia antes de ir a la iglesia, por lo que llegamos con un déficit espiritual. O quizás la mañana estuvo llena de problemas, lo que hace que llegamos a la iglesia de mal humor y enojados. Sin una actitud de adoración, debemos preguntarnos si estamos listos de verdad para adorar a Dios.

El Señor Jesús tuvo una conversación interesante con una mujer samaritana acerca de la adoración a Dios, en Juan 4.20-24. Ella quería saber dónde adorar. Los samaritanos habían construido un templo alternativo en el Monte Gerizim, pero los judíos adoraban en Jerusalén. La respuesta del Señor fue, sin duda, sorprendente para ella: “La hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (v. 21). Estaba hablando de una forma nueva de adorar que no estaría centrada en un lugar en particular sino en los corazones humanos: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (v. 23).

Hoy en día, en todo el mundo, en multitud de lugares, los cristianos nos reunimos para alabar y glorificar a Dios. Sin embargo, debemos tener cuidado de adorarlo en verdad, o nos desviaremos hacia un emocionalismo superficial. Cristo le dijo a la mujer samaritana: “Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos” (v. 22). La sinceridad no es sustituto de la verdad. Por lo tanto, la adoración siempre debe coincidir con lo que enseña la Biblia, ya que es la única manera en que sabremos con precisión quién es Dios y cómo desea que nos acerquemos a Él.

La adoración es una respuesta de alabanza, adoración y reverencia basada en lo que sabemos acerca del Señor. Aunque involucra nuestras emociones, fluye de nuestro conocimiento de Dios. Creo que una de las razones principales por las que no alabamos y adoramos al Señor como deberíamos es la ignorancia. Por eso es tan importante que crezcamos en nuestro conocimiento de Dios tal cual Él se revela a sí mismo en su Palabra. De lo contrario, nuestra adoración sincera puede ser para un dios de nuestra propia creación en lugar del único Dios verdadero.

El Señor Jesucristo también nos dice que adoremos en espíritu, que es nuestro ser interior. A Dios le interesa más el estado de nuestros corazones que todos nuestros actos externos de servicio y adoración. Por eso es tan importante prepararnos espiritualmente antes de reunirnos para adorar.

Primero, necesitamos un espíritu sumiso y obediente. Un corazón rebelde y obstinado no puede adorar al Señor. La primera vez que se menciona la adoración a Dios en la Biblia ocurre en el contexto de la obediencia de Abraham al ofrecer de manera voluntaria a Isaac como sacrificio (Gn 22.5). De hecho, en hebreo la palabra adoración significa inclinarse en sujeción y reverencia: “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor” (Sal 95.6). Esta es la actitud que debemos tener cuando nos reunimos para alabar y honrar a Dios.

Segundo, la adoración requiere un espíritu arrepentido. El pecado es un obstáculo para nuestra relación con Dios y hace que nuestros esfuerzos religiosos no valgan la pena. El Señor no se deleita en las alabanzas ofrecidas por un corazón inmundo, pero a veces asistimos a la iglesia con ira, resentimiento o pecados secretos. David entendió la inutilidad de la adoración sin confesión: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría... Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Sal 51.16, 17). Solo así podremos abrir nuestros labios con genuina alabanza.

Tercero, debemos tener un espíritu centrado en Dios. La adoración no se trata de nuestra experiencia, sino del honor y la gloria de Dios. Venimos a exaltarlo alabando sus maravillosos atributos y obras, trayendo con humildad nuestras peticiones, devolviendo una parte de lo que nos ha dado y aprendiendo de su Palabra. Aunque somos bendecidos por Dios al adorarlo, lo que recibimos nunca debe ser nuestro motivo principal de adoración. De hecho, la alegría, la paz y el deleite que sentimos en la presencia de Dios son razones más que suficientes para alabarlo y darle gracias.

Entonces, ¿cómo debemos prepararnos para adorar a Dios cada domingo? Creo que la adoración pública debe estar precedida por la adoración privada. Si la adoración no es parte de nuestra vida diaria, no será todo lo que podría llegar a ser en la iglesia. En esos momentos tranquilos a solas con Él, aprendemos a conocerlo a través de su Palabra, y a medida que nuestro conocimiento y comprensión de Dios aumentan, también lo hace nuestro amor por Él, lo cual nos alimenta y motiva a adorarlo. Cuando Dios se convierte en nuestro mayor deleite, la adoración es nuestra respuesta alegre.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

P.D. No hay nada como los beneficios de reunirse con un grupo de creyentes para adorar y alabar al Señor, pero si le resulta difícil asistir a una iglesia, me gustaría invitarle a que adore al Señor junto a nosotros a través de nuestros programas en televisión, radio o internet. Y a todos los padres, me gustaría desearles un Feliz Día del Padre y que Dios los fortalezca para cumplir con esa maravillosa responsabilidad.


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