La vida a menudo encuentra la forma de agotarnos.
Ya sea por una pérdida, estrés económico, problemas de salud o conflictos; en fin, el peso de las circunstancias puede llegar a ser abrumador.
Si está pasando por un momento difícil, queremos que sepa que hay esperanza en Cristo. Una esperanza real, transformadora y energizante.
Este mes, compartimos las reflexiones del Dr. Stanley sobre una de las promesas más reconfortantes del Señor: su invitación a encontrar el verdadero descanso para nuestras almas atribuladas.
Cuando su corazón se siente agobiado, su cuerpo cansado y sus emociones le dejan del todo agotado, ¿a quién recurre?
Todos experimentamos períodos como este, en los que nos sentimos desesperanzados, impotentes y muy desanimados. Son momentos en los que nos preguntamos cuánto más podremos aguantar. Yo he pasado por eso, y quizás usted también.
Hermano mío, en esos momentos, no se rinda. Dios tiene una respuesta clara y práctica, sin importar cuál sea el problema.
Cristo, el Hijo de Dios y Soberano de este universo, dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. (Mt 11.28-30).
Quizás piense que ya ha intentado confiar en estas palabras y que sigue tan preocupado como siempre. Pero Dios no ofrece soluciones que no funcionan. Entonces, ¿cómo llevamos nuestras cargas más profundas al Señor y encontramos el alivio que tanto necesitamos?
Primero, acepte la invitación.
Cristo dice: “Venid a mí” (Mt 11.28).
Cuéntele en oración cuál es su carga: “Señor, así es como estoy sufriendo. Esta es la razón por la que me siento tan abrumado”. No importa cuál sea el problema. Si se siente agotado emocionalmente, cansado, triste, enojado o abrumado por el pecado, Cristo es “manso y humilde de corazón” y lo recibirá con bondad (Mt 11.29).
Segundo, entréguele su carga.
Reconozca que no puede manejar el problema y que debe entregárselo a Él. Aunque a menudo pensamos que ya lo hemos hecho, volvemos a tomar la carga. Podemos repetir este proceso muchas veces y aun así seguir aferrándonos a ella. Cuando esto ocurre, es porque seguimos centrados en la carga y no en Cristo.
Examine sus oraciones: ¿cuánto tiempo dedica a expresar su desesperación en comparación con alabar a Dios por su poder, su fidelidad y su amor? Entonces, cambie su enfoque: de la carga a Aquel que la lleva.
Dios colocó recordatorios a lo largo de su Palabra para ayudarnos con esta rendición: Él quiere llevar nuestras cargas (1 P 5.6, 7).
Él nos sostendrá a través de ellas (Sal 55.22).
Él no desaparece de nuestra vida, sino que continúa ayudándonos cada día (Sal 68.19).
Continúe recordando estos versículos hasta que crea que puede “echar toda su ansiedad sobre Él, porque Él se preocupa por usted” (cf. 1 P 5.7).
Tercero, sígalo con fervor.
“Llevad mi yugo sobre vosotros” (Mt 11.29).
Cristo no quita todos los yugos; Él cambia nuestro yugo pesado por uno ligero (Mt 11.30).
Su yugo es que nos sometamos a Él y caminemos en obediencia, por gratitud y alegría, con la ayuda del Espíritu Santo. Llevar una carga al Señor no siempre significa que desaparecerá. Él dice: “Aprended de mí” (Mt 11.29); a veces nos enseñará cómo vivir con ella sin que nos agote.
Por último, ¿qué podemos esperar?
Cuando hagamos todo esto, encontraremos descanso para nuestras almas (Mt 11.29).
Con su yugo, lo que estamos atravesando comenzará a sentirse “cómodo” porque su carga es ligera (Mt 11.30).
Pronto podremos caminar con la confianza de que Dios tiene el control, sabien-do que Él resolverá las circunstancias en su tiempo y a su manera perfecta.
No importa lo que usted esté enfrentando, ni cuánto tiempo lo haya enfren-tado, no importa cuán pesado sea y cuán mal lo haga sentir: Jesucristo es suficiente y adecuado para sostenerle, fortalecerle y quitarle ese peso terrible de sus hombros. Esa es su promesa.
Damos gracias a Dios por usar las enseñanzas del Dr. Stanley para recordarnos que la promesa de descanso del Señor Jesucristo no es solo futura, sino también para hoy.
No importa cuán difícil sea nuestra situación, eso no nos excluye del amor y cuidado de Dios; al contrario, es cuando su invitación se vuelve más evidente.
No es necesario que usted tenga todo resuelto antes de acudir a Él, ni que lleve sus cargas solo.
Hasta la próxima, que Dios le bendiga.
Para la gloria de Dios,
Sus hermanos de Ministerios En Contacto