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Del corazón del pastor

Es al meditar en la Palabra de Dios cuando experimentamos la presencia y el poder de Dios.

El tiempo a solas con Dios no siempre es como esperamos.  

Algunos días percibimos claramente su presencia; otras veces, parece que lo hacemos por inercia.  

Si busca una experiencia más constante, la enseñanza del Dr. Stanley de este mes sobre la meditación bíblica ofrece herramientas prácticas a las que puede recurrir, en especial cuando sienta que el Señor está lejos.  


¿Alguna vez ha sentido la presencia de Dios tan cercana, tan clara y completamente indescriptible?  

En esos momentos, es como si Él le rodeara con sus brazos amorosos y le dijera: “Te acepto tal como eres y te acepto”. Esa profunda sensación de aceptación divina es algo que puede experimentar al meditar personalmente con el Señor. 

La meditación bíblica es un tiempo dedicado a contemplar al Hijo de Dios y a escucharlo.  

Es un momento de quietud (Sal 46.10), en el que damos espacio a Dios para hablar a nuestro corazón, edificarnos y prepararnos para disfrutar de la bendición que tiene prevista para nuestra vida. 

Aquí tiene algunas maneras de incorporar la meditación bíblica a su vida: 

Repase y reflexione.  

El primer paso para meditar sobre Dios es mirar atrás y recordar cómo ha obrado en su propia vida.  

¿Qué patrones puede discernir en la manera en que Él ha interactuado con usted a lo largo del tiempo? ¿Cuándo y dónde ha experimentado su grandeza, gracia y bondad?  

Reflexionar en estas preguntas le ayudará a afrontar las penas, los obstáculos, las críticas y las cargas que enfrenta.  

Con la práctica, descubrirá que comienzan a disiparse ante la presencia de un Dios omnipotente que ya ha demostrado que le ama y le acepta.  

Reconozca los requisitos para meditar en el Señor.  

En el Salmo 62.5, David dijo: “Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de Él es mi esperanza”.  

En un ambiente tranquilo y silencioso, permita que sea Dios quien hable. Descubrirá cómo Él obra en su espíritu y deja su verdad grabada en su mente. 

Nuestra mayor dificultad suele ser mantener la concentración. Si ese es su caso, recurra a los Salmos y pídale al Señor que le ayude a centrar su atención en lo que Él quiere decirle. 

Recuerde las promesas de Dios y pídale algo.  

Cuando nos sentamos ante el Señor y meditamos en su Palabra, no se trata solo de escuchar.  

Después de experimentar la victoria de Dios en su lucha contra Saúl y la unificación del reino, David se presentó ante el Señor con esta petición: “Ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti” (2 S 7.29).  

Esta extraordinaria petición por la bendición del Señor surgió de su conocimiento de cómo actúa Dios y de lo que Él había prometido. 

Piense en las promesas de Dios y reflexione sobre cuál puede contener la respuesta al desafío que enfrenta en este momento. Luego, confiando en esa promesa, presente su petición al Señor. 

Disfrute de las recompensas de estar a solas y en silencio con el Señor.  

A medida que la meditación se vuelva más natural, las cosas que le preocupan irán perdiendo poco a poco su poder.  

Su perspectiva de todo —de sí mismo, de los demás, de las tareas, las penas y las cargas— se transformará gradualmente. Esto se debe, en parte, a que su confianza crecerá, pero también a que comenzará a ver las cosas como las ve Cristo. 

Él prometió: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Jn 14.27).  

A medida que pase tiempo con Dios, esa paz reemplazará sus ansiedades. Como resultado, la presencia de Cristo crecerá en su interior y le dará una nueva y hermosa actitud ante la vida. 

De todos los beneficios de la meditación, el más importante es que experimentará el poder de Dios.  

Cuando el tiempo a solas con Jesucristo se convierte en su máxima prioridad, la presencia de Dios impregna cada aspecto de su vida, no solo su espíritu, sino también su cuerpo. No puedo explicarlo, pero al permanecer en silencio ante Dios, Él le llena de energía, fortalece su espíritu y le hace más eficaz en la vida de los demás. 

Hermano, comience esta semana a cultivar el hábito de la meditación. Dios quiere que centre su atención en Él, que lo ame y crea en Él, para que pueda disfrutar de todo lo bueno que ha preparado para usted. 


Si ha dudado a la hora de dedicar tiempo a Dios, recuerde que no hay nada en usted que pueda sorprenderlo. El Señor le conoce a la perfección y, aun así, sigue siendo bondadoso, misericordioso y amándole.  

A medida que medita esta semana, tal como lo describe el Dr. Stanley, tenga la seguridad de que nuestro Padre celestial siempre estará dispuesto a recibirle, sin importar en qué estado se encuentre ni cuánto tiempo haya pasado.  

Hasta la próxima. Que Dios le bendiga.  

Para la gloria de Dios, 

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