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Del corazón del pastor

La paz y el contentamiento provienen de mantenernos unidos a Cristo y vivir en el Espíritu.

¿Alguna vez ha sentido que su fe no es lo que debería ser? Si es así, no está solo.  

Pero aquí está la buena noticia: no son nuestros esfuerzos los que nos transforman, sino el Espíritu Santo.  

Este mes compartimos la enseñanza del Dr. Stanley sobre la vida llena del Espíritu y cómo la verdadera transformación proviene de su maravilloso poder que obra en nuestro ser.


¿Qué significa ser lleno del Espíritu Santo? 

Hay quien cree que una vida llena del Espíritu se manifiesta a través de actividades religiosas: asistir a la iglesia, leer la Biblia, orar, ofrendar dinero y dar testimonio. Es cierto que el Espíritu Santo nos da fuerza para realizar estas actividades, pero también pueden lograrse mediante el esfuerzo personal. 

En Gálatas 5.22, 23 encontramos una descripción más precisa de un creyente lleno del Espíritu:  

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.  

Los creyentes llenos del Espíritu se distinguen por sus cualidades personales, no solo por sus obras. A medida que caminamos sometidos al Señor, Él produce en nosotros un fruto que se refleja en nuestro carácter y nuestra conducta. 

Un principio básico de la vida cristiana es que no podemos vivirla por nuestra cuenta.  

Jesucristo lo expresó de la forma más hermosa e inolvidable cuando dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn 15.5). 

Usted y yo hemos sido trasplantados a la vida de Cristo; ahora formamos parte de Él.  

Así como la savia fluye por la vid hasta sus ramas, el Espíritu Santo obra en nosotros, produciendo santidad y buenas obras. Las ramas no dan fruto por su propio esfuerzo, sino por la vida que reciben de la vid. De la misma manera, nuestra capacidad para vivir una vida llena del Espíritu depende por completo de Él. 

La vida llena del Espíritu se evidencia en nuestra manera piadosa de responder ante las dificultades.  

Él nos da amor cuando nos sentimos incapaces de amar, alegría en medio del dolor, paz en el conflicto, bondad cuando se nos trata injustamente y autocontrol cuando todo parece estar en nuestra contra. 

La vida llena del Espíritu es una vida de confianza.  

En definitiva, se trata de confiar en el Espíritu de Dios en cada circunstancia a la que nos enfrentamos. Él es del todo capaz. Nunca dijo que nosotros tuviéramos que serlo —gracias a Dios por ello. 

Eso no significa, por supuesto, que nunca vayamos a fallar. El propio Pablo fracasó en algún momento; esto se refleja a lo largo de la Epístola a los Romanos. Nunca afirmó estar libre de pecado ni de luchas, sino que reconoció su constante necesidad de la gracia de Dios. 

Otra señal de una vida llena del Espíritu es recuperarse pronto.  

Habrá momentos en los que pierda los estribos, ceda a la tentación o actúe con dureza. Cuando eso ocurra, responda a la guía del Espíritu, confiese sus faltas y tome las medidas necesarias para corregirlas, recordando que esos defectos no definen su identidad. 

La vida cristiana nunca fue diseñada para ser una lucha constante por alcanzar estándares imposibles.  

La paz y la satisfacción no se encuentran en nuestros propios esfuerzos, sino en permanecer en Cristo, vivir en el Espíritu y dar fruto que glorifique a Dios, todo mediante el poder que Él nos concede desde lo alto. 

Cuando el Espíritu de Dios produzca fruto en su vida, será evidente.  

Usted notará la diferencia, y quienes le rodean también comenzarán a verla.  

No es necesario vivir preocupado por cumplir expectativas imposibles; podemos permanecer en Cristo y ver cómo el Espíritu obra en nosotros. Él prometió guiarnos momento a momento, día a día. 


Esta carta del Dr. Stanley nos recuerda que la vida llena del Espíritu se desarrolla día a día.  

No se trata de grandes esfuerzos, sino de una dependencia constante del Espíritu Santo. A lo largo de la semana, procure mantenerse conectado con el Señor dondequiera que esté; allí escuchará su voz y responderá a su dirección. Hasta la próxima, que Dios le bendiga. 

 

Para la gloria de Dios, 

Sus hermanos de Ministerios En Contacto 

 

P.D. Septiembre es el mes en el que celebramos la vida del Dr. Stanley y conmemoramos su cumpleaños. Agradecemos que, a través de su legado, la buena nueva continúe llegando a personas de todo el mundo. Gracias por ser parte de la obra del Señor.