octubre 2017

Del corazón del pastor

¿Alguna vez ha pensado cuál actividad debería ser prioritaria para el cristiano?

por Charles F Stanley

¿Alguna vez ha pensado cuál actividad debería ser prioritaria para el cristiano? Algunas respuestas comunes serían: orar, leer la Biblia, servir al Señor y adorarle. Pero, ¿cómo determinaría cuál es la más importante? En realidad, hay una actividad que abarca todos estos elementos esenciales: tener comunión con Cristo. Es el momento que separamos para sentarnos frente a Él, con su Palabra, leyendo, adorándole, orando, y luego respondiendo en obediencia, sirviéndole.

La comunión es esa sensación de cercanía y relación afectuosa con alguien con quien tenemos intereses mutuos. Por lo general, cuando pensamos en comunión, pensamos en nuestras relaciones con otros creyentes, y está bien, pero nuestra comunión mayor, es primero y ante todo con Dios el Padre, con Jesucristo el Hijo y con el Espíritu Santo (1 Co 1.9; 2 Co 13.14).

Lo único que necesitamos para tener comunión con Dios es la salvación. Si no hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador, no tenemos nada en común con Él. Nuestros pecados nos tienen separados de Él. Pero después de recibir su salvación, nos convertimos en sus hijos, en parte de su familia, y nos llama a tener una relación estrecha con Él. Sin embargo, a pesar de tener este privilegio maravilloso, muchos creyentes no sacan el tiempo para estar con el Señor. Reunirse con Él, para algunos, no es una prioridad, incluso no les parece importante.

Tal vez la manera más fácil de entender la comunión es ver a María de Betania. Cuando Jesús viajaba a Jerusalén, a menudo se quedaba en la casa de sus amigos Lázaro, Marta y María para descansar (Lc 10.38-42). En una de esas ocasiones, Marta estaba ocupada preparando la comida, pero su hermana María estaba sentada a los pies de Jesús, escuchándole.

María deseaba tener comunión con Cristo, Marta se preocupaba por servirle. Cuando Marta se disgustó porque María no la ayudaba y la había dejado hacer todo el trabajo, vino a Jesús reclamando: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues que me ayude” (v. 40). Sin duda la respuesta de Jesús debió haberla sorprendido: “Marta, Marta, afanada y turbada estas con muchas cosas; pero sólo una cosa es necesaria, y María ha escogido la mejor parte, la cual no le será quitada” (vv. 41-42).

Hay varias lecciones que podemos aprender acerca de la relación de estas hermanas mediante esta historia. En primer lugar, hay que elegir la comunión. María tenía dos opciones: estar ocupada en la cocina, o pasar tiempo con Jesús. Y cada día nos toca elegir. Si no sacamos tiempo de nuestra apretada agenda para pasar tiempo con Jesús, seguro, no lo tendremos.

En segundo lugar, la comunión incluye escuchar, aprender y amar. El amor de María por el Señor Jesús la movió a sentarse humildemente a sus pies para escucharle y aprender de sus palabras. Aunque hoy no podemos escuchar audiblemente la voz de Cristo, Él todavía nos habla a través de su Palabra. Mientras nos sentamos con nuestra Biblia abierta, leemos y le hablamos acerca de su Palabra, Él nos enseña sus caminos y nos guía en la aplicación de sus verdades a nuestra vida. El resultado es un creciente amor por Él, que a su vez aumenta nuestra devoción.

Tercero, la comunión con Cristo exige que dejemos algunas cosas sin hacer. Si esperamos hasta que no tengamos otras actividades urgentes, nunca tendremos tiempo para estar a solas con Dios. Siempre habrá alguna otra cosa más por hacer. Por eso debemos ser como María, que dejó la cocina y no ayudó con la comida porque para ella, lo más importante era estar junto al Señor. Servir a Cristo es importante, pero si nos apresuramos a servir sin pasar tiempo escuchándole, aprendiendo y amando a Jesús, podemos llegar a servir con una actitud incorrecta, y como resultado no tendríamos fruto.

Si esperamos hasta que no tengamos otras actividades urgentes, nunca tendremos tiempo para estar a solas con Dios.

La cuarta lección es que dar prioridad a la comunión con el Señor, puede resultar en malentendidos. En lugar de apreciar lo que María hacía, escuchando a Jesús, Marta se sintió abandonada. No entendía el deseo de María de estar con Jesús, cuando había tanto que hacer. De la misma manera, muchas personas pueden malentender nuestra razón de apartar tiempo para estar con el Señor. A ellos les puede parecer que nos hemos vuelto fanáticos religiosos, y que estamos perdiendo el tiempo. A veces los que están cerca de nosotros pueden incluso sentirse celosos por nuestra devoción a Cristo.

Quinto, consecuencias negativas surgen cuando descuidamos la comunión con Cristo. Hay un gran contraste entre la disposición pacífica de María sentada a los pies de Jesús y la agitación de Marta. Ella estaba distraída, preocupada y molesta, lo cual sucede cuando quitamos nuestros ojos de Jesús. Pero la comunión con Él en la mañana nos ayuda a confiar en Él durante todo el día, sabiendo que está trabajando en nuestra vida para capacitarnos y guiarnos en cualquier situación.

Muchos de nosotros somos más propensos a sentarnos frente a una televisión, una computadora o un teléfono celular que a los pies del Señor. Es por eso que debemos reevaluar cómo usamos nuestro tiempo y preguntarnos: ¿Hay alguien o algo que sea más importante que Cristo para mí? Otras cosas pueden parecer más urgentes, pero no hay nada más necesario o gratificante que estar con nuestro Salvador. Pasar tiempo a sus pies enriquecerá nuestra relación con Él y nos dará una gran satisfacción y una profunda paz. Cada momento con Él es un momento bien invertido.

Fraternalmente en Cristo,

Charles F. Stanley

 

P.D. Una de nuestras mayores alegrías es saber que muchas personas están siendo fortalecidas y animadas por la enseñanza de la Palabra de Dios. Sentarnos a los pies de Cristo para escucharle, aprender de Él y amarle es lo más importante para crecer. Cuando llenamos nuestra mente y corazón con las verdades de la Biblia, podemos estar seguros de que la Palabra hará su trabajo en nosotros.


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