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Cruz iluminada, Cortina d'Ampezzo, Véneto, Italia. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

En el Calvario

En la cruz, el Señor Jesucristo demostró su gran amor por nosotros al morir en nuestro lugar.

Hebreos 10.10-14

Si alguien pregunta qué sucedió en Viernes Santo, muchas personas podrían enumerar los eventos que tuvieron lugar en el Calvario: Cristo fue clavado en la cruz, los soldados romanos echaron suertes sobre sus vestiduras, y la Tierra se cubrió de oscuridad. Pero mucho más de lo que era visible estaba en marcha —en la cruz, el pecado fue juzgado.

En el huerto del Edén, Dios advirtió que la desobediencia traería una pena severa (Gn 2.17). Desde el principio, su juicio sobre el pecado quedó anunciado, y más tarde se reflejó en el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, donde cada transgresión requería la sangre de un animal rociada en el altar. La gravedad de esta pena —la pérdida de una vida— mostraba cuán serio es el pecado y, al mismo tiempo, anunciaba al Cordero de Dios, que vendría a pagar por el pecado del mundo.

En la cruz, Jesucristo fue como un cordero en el altar, pero con una diferencia importante: bajo el antiguo pacto, cada vez que se cometía un pecado, otro animal tenía que morir. Sin embargo, Cristo, de manera voluntaria, se ofreció para expiar el pecado de todo el mundo (He 7.27).

Si aún no ha recibido este regalo maravilloso, ¿no querría recibirlo hoy mismo? Demos gracias a nuestro Salvador por él.

BIBLIA EN UN AÑO: 1 SAMUEL 30-31