La historia de Daniel muestra algunos elementos clave de la obediencia. El joven sabía que la ley de Dios tenía restricciones dietéticas que prohibían la comida que había sido ofrecida a los ídolos, pero ahora estaba en una tierra extranjera sin tales limitaciones. Cuando el rey Nabucodonosor ordenó que se le sirviera a Daniel comida de su mesa, surgió un dilema: ¿Era mejor obedecer al Señor y arriesgarse a enfadar al rey o desobedecer a Dios y complacer al gobernante?
El problema subyacente era la lealtad a Dios. Daniel podría haber justificado el incumplimiento del mandato divino convenciéndose a sí mismo de que era un servidor y que no tenía otra opción. En cambio, decidió no comer la comida del rey y buscó una solución que honrara al Señor y obedeciera su ley.
Hoy en día, muchas cosas que nuestro mundo considera aceptables están fuera de la voluntad de Dios para sus hijos. La lucha se reduce a que nuestro deseo como cristianos es obedecer al Señor, pero nuestra condición carnal quiere buscar el placer. No obstante, obedecer al Padre celestial es siempre la decisión correcta.
Para llegar a ser como Daniel, debemos aplicar siempre las Sagradas Escrituras a las decisiones que tomemos. Entonces, cuando surjan las dificultades, tendremos la valentía para obedecer los preceptos de Dios.
Biblia en un año: Jueces 13-15