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Bígaro, también conocido como Vinca, en las Bahamas. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Un cuerpo sano

El cuerpo de cada creyente es un templo del Dios Santo, por lo que debemos honrarlo con nuestras decisiones.

25 de junio de 2025

1 Corintios 6.19, 20

Dios, quien formó con cuidado a cada uno de nosotros, le da un gran valor a nuestros cuerpos (Sal 139.13). El cuerpo humano representa la obra maestra de la creación, y Dios confió nuestros cuerpos a nuestro cuidado. Al igual que con cualquier otro recurso, tales como las relaciones o el dinero, el Padre celestial espera de nosotros un manejo sabio de nuestro cuerpo.

La primera carta de Pablo a los Corintios presenta una clara imagen de los seguidores de Cristo que maltratan sus cuerpos. Muchos en la Iglesia estaban involucrados en prácticas inaceptables, como conductas sexuales inapropiadas y glotonería (1 Co 5.1; 1 Co 11.21). Debido a la baja estima que tenían del cuerpo físico, consideraban estos comportamientos como separados de la vida espiritual, al creer que podían hacer lo que quisieran con sus cuerpos y seguir siendo considerados “buenos” cristianos.

En el capítulo 3, Pablo escribe: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Co 3.16). El apóstol nos recuerda que el Espíritu Santo vive en el corazón de cada creyente.

Si ha recibido a Cristo como Señor y Salvador, su cuerpo es ahora un templo de Dios. ¿Qué está diciendo su cuerpo en cuanto a su relación con el Padre celestial?

BIBLIA EN UN AÑO: SALMOS 76-78

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