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Jardín de verano cerca de Atlanta, Georgia. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

Cuando creemos de verdad que Cristo es el Señor, nuestra vida se transforma por completo.

Mateo 16.13-18

La pregunta quedó en el aire como una densa niebla matutina. Imaginémonos el silencio de los discípulos cuando el Señor Jesús preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mt 16.15). Tal vez estaban demasiado asustados o inseguros para hablar. Pero entonces Pedro miró al Señor y declaró: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt 16.16).

Llamar al Señor Jesús “el Cristo” tenía grandes implicaciones en el Siglo I. Tal afirmación llevó a la muerte a muchos creyentes, ya que las autoridades judías y romanas perseguían a los cristianos dispuestos a defender su fe. Incluso aquellos que caminaban junto al Señor Jesús y participaban con entusiasmo en su ministerio corrían un gran riesgo al llamarlo así. Por eso, a veces permanecían en silencio mientras seguían trabajando para el reino.

¿No es interesante que la iglesia de hoy a menudo tenga el problema opuesto? Muchas personas se apresuran a exclamar: “¡Jesús es el Señor!”, pero luego no se ocupan de su obra. Si hay una brecha entre lo que usted profesa con su boca y lo que hace para el reino, recuerde que el Señor Jesús nos llama a ser coherentes en nuestro testimonio y en nuestras acciones. Si su confesión es “Jesús es el Señor”, entonces su vida debe reflejar esa postura valiente. ¿Qué puede hacer hoy para demostrar su fe a los demás?

BIBLIA EN UN AÑO: ZACARÍAS 6-10