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Cómo llegar a ser auténticos seres humanos

Dios no desea que vivamos como seres independientes.

Cameron Lawrence

Si hay algo esencial para entender la vida cristiana, es la naturaleza comunitaria de nuestro ser: Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, una comunión de tres personas que llamamos la Santísima Trinidad. Piense en ello: Usted está hecho a imagen del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, tres en uno, una comunión, una comunidad. Las implicaciones no podrían ser más profundas para nuestra vida. Aunque el mundo nos diga lo contrario, vendiendo todo el tiempo un mito de individualismo radical y de realización personal, la verdad es que solo llegamos a ser nosotros mismos cuando vivimos en comunión con Dios y con los demás: La vida cristiana –el proceso de nuestra santificación, que se entiende como llegar a ser auténticos seres humanos– es inconcebible sin otras personas, tanto divinas como mortales.

Ilustración por Adam Cruft

En la famosa ilustración del Señor Jesús sobre la vid y los pámpanos, aprendemos la importancia de permanecer en Él, que no hay vida si nos separamos de la fuente de nuestro ser (Juan 15). Sin embargo, es posible que nos centremos tanto en que cada uno de nosotros es un pámpano, conectado a la vid del Señor, que no tengamos en cuenta que un solo pámpano no puede crear un barril de vino. En el pensamiento del Señor Jesús, de hecho, el punto de ser un pámpano no es tan solo que nuestras vidas se carguen de frutos. El punto más importante es que, en última instancia, lleguemos a comprender que nuestra “condición de pámpanos” significa que formamos parte de una gran viña eterna, y que el vino de la nueva vida se desborde de nuestra devoción y comunión con Dios a un mundo que tiene una sed desesperante. Que, como resultado de nuestro amor los unos por los otros, será posible que los vecinos, los colegas, los amigos, la familia e incluso nuestros enemigos prueben y vean que el Señor es bueno (Juan 13.34, 35). Es el mismo principio que está en juego en 1 Corintios 12, donde el apóstol Pablo describe una de las metáforas más poderosas para nuestra vida en Cristo:

Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo (1 Corintios 12.12-20).

En nuestras mentes es posible que nos resulte bastante fácil aceptar esta idea, pero la forma de vida moderna, con todas sus tecnologías y aplicaciones telefónicas a la carta, que parecieran eliminar cualquier dependencia de nuestra comunidad, puede llevarnos a una falsa sensación de autonomía. Cuanto más poder tenemos al alcance de la mano, más autosuficientes parecemos llegar a ser y más profundo caemos en la ilusión de que no tenemos necesidad de Dios ni de los demás.

El Dr. Stanley dice en su libro “La maravillosa vida llena del Espíritu” (“The Spirit-Filled Life”) que caminar con Dios día a día “es una vida de trabajo en armonía con el Espíritu Santo. No es una vida de lucha en solitario para complacer a un Rey distante. No hay tareas en solitario. No hay órdenes de movilización. La vida llena del Espíritu es una relación en la que dos –usted y Dios– trabajan como uno solo”. Al considerar estas sabias palabras, debemos tener cuidado de recordar que esta relación “en la que dos trabajan como uno solo” no excluye la presencia o dependencia tan necesaria de otros.

El Dr. Stanley señala que la vida llena del Espíritu es una en la que no luchamos solos, pero no dice que es una vida en la que la lucha no está presente. Los tiempos difíciles vendrán a todos los que creemos, como ha sucedido desde los primeros días de la iglesia. ¡Cuánto mejor es ir por la vida con otros a nuestro lado, ayudándonos a llevar nuestras cargas (Gálatas 6.2), en la gracia de Dios!

Sí, Cristo es suficiente para cada uno de nosotros, y el Espíritu Santo nos saca a flote en nuestras pruebas más grandes. Pero Dios nos da también la bendición de tener hermanas y hermanos que nos sostienen cuando la carga se vuelve demasiado pesada, así como fortalece nuestras piernas para servir de apoyo a nuestros compañeros de viaje cuando las de ellos les flaqueen. Aquí es donde encontramos la riqueza de seguir a Cristo: en caminar juntos.