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Valle de la Muerte, California. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Cómo cultivar la paciencia

El crecimiento espiritual rara vez llega con facilidad, pero podemos celebrar el bien que Dios sacará de nuestras luchas.

Santiago 1.1-4

¿Alguna vez ha deseado ser más paciente? ¡La mayoría de nosotros diría que sí! Pero ¿cómo se puede llegar a tener un corazón tranquilo y apacible? ¿Y qué podemos hacer para fortalecer este atributo con el tiempo?

Pensemos en la paciencia como un músculo que se fortalece con el ejercicio. Las dificultades, entonces, son oportunidades para desarrollarla. Nuestro instinto es clamar a Dios con desconcierto cuando llega la tribulación: culpamos, resistimos, nos quejamos. Pero en lugar de eso, deberíamos decir: “Gracias, Padre, es tiempo de volverme más paciente”.

Santiago nos exhorta a considerar las pruebas como motivo de gozo (Stg 1.2), pero a menudo fallamos en hacerlo. Para el ser humano, alabar al Señor en medio de la tribulación no parece algo normal. Sin embargo, esto cobra sentido cuando nos aferramos a la promesa de que Dios obra para bien a través de las dificultades (Ro 8.28). No esperamos en vano: podemos alabarlo por el fruto espiritual que producirá en nosotros.

Aceptar la dificultad como un medio de crecimiento es un concepto radical, pero los hijos de Dios tenemos motivos para regocijarnos. La tribulación fortalece nuestra paciencia, nos afirma en sus promesas y nos enseña a esperar por su tiempo.

BIBLIA EN UN AÑO: 1 REYES 6-7