Saltar al contenido principal
Elefantes de la sabana africana, reserva nacional de Masái Mara, Kenia. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Reconozca su vulnerabilidad

Justificar el pecado es una señal de que estamos en terreno peligroso y necesitamos buscar la ayuda de Dios.

1 Corintios 10.12, 13

Si vemos a un hermano en la fe caer en pecado, puede ser tentador juzgarlo. Pero con frecuencia olvidamos que nosotros también podemos tropezar con facilidad. Aunque los creyentes tenemos una posición justa delante de Dios, debemos reconocer, como Pablo, nuestro problema interno: “el pecado que mora en [nosotros]” (Ro 7.20).

Los cristianos siempre debemos estar alertas. La ignorancia sobre la naturaleza del pecado, las estrategias del enemigo y nuestras propias debilidades nos hacen más vulnerables a caer, por lo que no podemos descuidar nuestros pensamientos. Cada vez que nos encontramos excusando, redefiniendo o racionalizando el pecado, es porque hemos dejado de ser sensibles a Dios.

Si usted se ha alejado del Señor, vuelva a Él reconociendo su pecado y asumiendo la responsabilidad por el mismo. Arrepentirse significa cambiar de manera de pensar y tomar un rumbo diferente —hacia Dios, en lugar de apartarse de Él.

El paso siguiente es más difícil: reaccionar con gratitud por la corrección de Dios. Cada vez que caemos en pecado, nuestro Padre trabaja con amor para devolvernos a la comunión con Él. Su disciplina puede ser dolorosa, pero siempre es buena porque nos hace volver en sí y nos reconecta con Dios.

BIBLIA EN UN AÑO: 1 REYES 1-2