La mayoría de nosotros somos mejores para hablar que para escuchar, pero la comunicación con Dios implica ambas cosas. El Señor quiere que sus hijos escuchen su voz.
La Biblia es uno de los principales instrumentos que nuestro Padre celestial utiliza para hablarnos. Por esta razón, estudiarla es tan importante. Cuando pasamos tiempo con regularidad en la Palabra de Dios, desarrollamos un espíritu de discernimiento.
No importa cuán fuerte hable Dios, no escucharemos a menos que escuchar sea una prioridad. Debemos pedir al Señor que nos enseñe a escuchar y luego practicar una actitud de quietud. Un “receptor” interno sintonizado con el Padre celestial se desarrolla solo con oración devota, meditación y la práctica de escuchar. Además, necesitamos un espíritu de sumisión para obedecer.
El objetivo de Dios es que tengamos un espíritu sensible para que podamos escucharlo tanto en las situaciones ruidosas como en las tranquilas. Escuchar es una habilidad vital para asegurarnos de que nuestros corazones estén abiertos a la guía divina en cada circunstancia. Pasar tiempo cada día leyendo y meditando en la Palabra tiene muchas bendiciones, entre ellas el que reconozcamos con más facilidad la voz de nuestro Padre celestial (Jn 10.27).
Biblia en un año: JEREMÍAS 49-50