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Baviera, Alemania. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

En un mundo acelerado, la lentitud es buena

Demos a los demás, y a nosotros mismos, tiempo para aprender y crecer.

Efesios 4.14-16

¿Alguna vez se ha metido usted en el carril izquierdo de la autopista para ir un poco más rápido y termina atrapado en un tráfico aún más lento, sintiéndose frustrado y molesto?

A veces queremos tratar nuestro crecimiento espiritual de esa manera, saltando a ese carril rápido para “adelantarnos” a todos los demás y llegar a nuestro destino lo más pronto posible. Pensamos que leyendo un libro específico u orando de cierta manera, creceremos más rápido. Pero entonces llegan las pruebas de la vida, y sin una base sólida, una que se construye con el tiempo y la diligencia, nos sentimos abrumados y desilusionados.

En un mundo acelerado, recuerde que el crecimiento lento es algo bueno. Considere el pasaje de hoy, donde Pablo describe a los creyentes como niños que deben crecer “en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Ef 4.15). No esperamos que los niños hagan todo como los adultos. Les lleva tiempo desarrollar la fuerza, la coordinación y la inteligencia necesarias para las tareas “adultas”. Cuando nos convertimos en cristianos, el proceso es similar. Nadie se convierte en un creyente maduro de la noche a la mañana, ni Dios lo espera de nosotros. Así que seamos pacientes con nosotros mismos, tomémonos el tiempo necesario para “crecer”, y celebremos cuando veamos que progresamos.

Biblia en un año: 1 REYES 20 - 22