Es maravilloso celebrar con los demás, compartiendo la felicidad de quienes nos importan. Pero el compañerismo se muestra tanto en los tiempos de regocijo como en los de dificultades.
En el libro de Hechos, Pablo es el apóstol más destacado, pero no estuvo solo. Hubo compañeros fieles que también jugaron un papel importante, como Aristarco. Estuvo con Pablo durante el motín en Éfeso, cuando fue arrastrado al teatro; luego viajó con él rumbo a Roma, enfrentando una tormenta y un naufragio. Más adelante, aparece como su compañero de prisión y colaborador cercano (Col 4.10; Flm 1.24).
Aristarco no apareció solo en los momentos exitosos de Pablo; permaneció presente en momentos de encarcelamiento, persecución y peligro físico. Su fidelidad nos recuerda que la colaboración genuina se pone a prueba y se demuestra en los momentos difíciles.
La mayoría de nosotros quizá no enfrentará motines ni naufragios, pero sí tendrá oportunidades de acompañar a otros en sus luchas: un amigo enfermo, una iglesia en transición o un ministerio exigente. En momentos como esos se revela la profundidad de nuestro compromiso. La verdadera colaboración consiste en permanecer fieles tanto en la celebración como en la crisis.
BIBLIA EN UN AÑO: CANTARES 1-4