Las palabras de Cristo en cuanto al ayuno son una invitación a una experiencia más profunda con Dios. El ayuno nos beneficia de muchas maneras:
Limpia del pecado. Cuando bajamos la guardia espiritual, nuestros pensamientos pueden desviarse y hábitos impíos instalarse casi sin notarlo, afectando nuestra comunión con Dios, nuestro servicio y nuestro gozo. El ayuno nos permite ofrecerle nuestra atención plena mientras transforma lo que frena nuestro crecimiento espiritual (ver Ro 12.2).
Guía. Dios desea que sus hijos entiendan y sigan sus instrucciones. Una combinación de oración y ayuno nos ayuda a desarrollar tanto la mente necesaria para escuchar lo que Él dice, como el espíritu dispuesto a aceptar sus instrucciones.
Protege. El ayuno nos ayuda a conocer los caminos de Dios y a reconocer situaciones peligrosas. Al someternos a su autoridad y confesar nuestra necesidad de protección, el Espíritu Santo nos da discernimiento para tomar decisiones sabias y evitar riesgos.
El ayuno junto con la oración traerá una mayor conciencia espiritual y una comunión más íntima con el Señor. Esto, sin duda, puede ser un reto, pero los beneficios valen la pena.
BIBLIA EN UN AÑO: GÉNESIS 26-28