El Salmo 121 describe la seguridad que se encuentra en el Señor. Hoy y mañana examinaremos varios versículos para comprender mejor de qué manera estamos seguros en Dios.
“Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra” (Sal 121.1, 2). Cuando se escribió este salmo, los ladrones acechaban en las montañas, aguardando a viajeros desprevenidos. Además, los animales salvajes también representaban una amenaza.
Nuestras vidas pueden asemejarse a un terreno montañoso. ¿Se pregunta qué peligros acechan en el futuro? El Señor es quien nos ayuda y puede protegernos en todo momento. “No dará tu pie al resbaladero” (Sal 121.3). Dios ha provisto todo lo que necesitamos para evitar el pecado. El Espíritu Santo nos dirige y capacita, y la Palabra ilumina nuestro camino. Sin embargo, a veces elegimos pecar. Aun entonces, Él nos sostiene, capacitándonos para andar en su camino.
Estos versículos destacan la disposición del Señor a protegernos. Ya sea que el peligro provenga de otros, de circunstancias externas o de nuestro propio pecado, podemos estar en riesgo. No obstante, tenemos un Padre amoroso que nos guía y guarda en todo momento.
BIBLIA EN UN AÑO: JOB 1-4