Amar como Cristo nos ama es un loable anhelo.
Suena bastante sencillo, hasta que se encuentra con alguien que le haya herido, llevado al límite o simplemente irritado. En esos momentos, el amor desinteresado puede parecer imposible.
Este mes, exploraremos la enseñanza del Dr. Stanley acerca de esta brecha en el amor, para comprender cómo el Señor obra en nosotros a fin de superarla.
¿Qué cualidades diría que caracterizan su vida?
El Señor se preocupa mucho por cómo vivimos los creyentes y qué nos afecta. La carta a los Efesios nos da una guía práctica sobre cómo ser seguidores de Jesucristo.
A menudo, la Biblia usa la palabra “andar” para describir nuestra forma de vivir. En Efesios se nos dice que andemos de una manera digna de nuestro llamamiento (Ef 4.1), que no andemos como los incrédulos (Ef 4.17), que andemos en amor (Ef 5.2), que andemos como hijos de luz (Ef 5.8) y que tengamos cuidado de andar con sabiduría (Ef 5.15).
Todas estas instrucciones se pueden resumir en el mandato de Pablo: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” (Ef 5.1). Él nos predestinó para ser con-formados a la imagen de su Hijo (Ro 8.29).
Ser semejantes a Cristo significa buscar la santidad y amar como Dios ama. De esto se derivan tres preguntas importantes:
Primero, ¿cómo podemos amar de la manera en que Dios lo hace?
Esto no se logra mediante un fervor emocional, sino solo a través del poder del Espíritu Santo que mora en nosotros. El primer fruto del Espíritu, mencionado en Gálatas 5.22, es el amor. Es lo que el Espíritu produce en nosotros cuando nos sometemos a Él.
Nuestro problema es este: vivimos en la carne.
Y de vez en cuando, nos encontramos con alguien a quien es muy difícil amar. Entonces, ¿cómo podemos amar a las personas que no nos agradan? Gracias al Espíritu de Dios. Su amor hacia nosotros se convierte en el desbordamiento de nuestra vida.
“Con Cristo he sido crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Ga 2.20).
El amor divino es la expresión del Espíritu Santo en nosotros hacia los demás. Es una virtud que debe distinguir a todo aquel que pertenece a Cristo.
En segundo lugar, ¿cómo se manifiesta el amor de Dios?
Pablo dijo: “Andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Ef 5.2).
El amor de Cristo por nosotros es incondicional, sacrificial y perdonador; de la misma manera, estamos llamados a amar a los demás. Nuestro amor debe ser genuino y desinteresado, buscando siempre el bien de la persona amada.
Amar así implica, muchas veces, renunciar a nuestros propios deseos, servir con entrega y estar dispuestos a perdonar, así como Cristo nos perdonó.
En tercer lugar, ¿en qué se diferencia el amor de Cristo del amor del mundo?
El mundo solo puede ofrecer una imitación imperfecta del amor verdadero.
La Biblia establece claramente este contraste: “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Ef 5.3).
Estos pecados reflejan un amor egoísta que siempre se pregunta: “¿Qué obtengo yo de esto?”.
El amor del mundo es condicional; quienes lo practican rompen relaciones cuando estas dejan de satisfacer sus expectativas. En su búsqueda de comodidad y satisfacción personal, muestran poco interés por el bienestar de los demás.
No adopte la versión falsa del amor que muestra el mundo que le rodea, ni siquiera aquellos cercanos a usted que no conocen a Cristo. Solo conduce a la tristeza, a relaciones rotas y a una vida vacía. Usted no pertenece a este mundo; su ciudadanía está en el cielo.
Pídale al Espíritu Santo que produzca en usted ese mismo amor desinteresado, sacrificial, incondicional y perdonador. Puesto que esta es la voluntad de Dios para todos los creyentes, puede confiar en que Él responderá a su oración y le enseñará a amar como Él lo hace.
La belleza de vivir en amor radica en que no es algo que podamos producir con fuerza de voluntad.
Es el Espíritu Santo quien obra este amor en nosotros; nuestra responsabilidad es escuchar su voz y someternos a su dirección.
Durante esta semana, preste atención a la voz del Señor. Él le encontrará justo donde usted está y le mostrará cómo amar a las personas que ha puesto en su camino. Hasta la próxima, que Dios le bendiga.
Para la gloria de Dios,
Sus hermanos de Ministerios En Contacto