El camino de la fe tiene un propósito divino, y debemos obedecer al Señor, pase lo que pase. Pero incluso cuando la dirección de Dios resulte desconcertante, podemos contar con el hecho de que Él es bueno.
Caminar con Cristo no garantiza una vida fácil, como vemos en la vida del apóstol Juan. En sus últimos años fue exiliado a Patmos, una colonia penal romana, por predicar el evangelio (Ap 1.9). Alejado de las iglesias que amaba, pudo haber dudado del plan de Dios. Sin embargo, en ese exilio recibió la revelación que dio lugar al último libro del Nuevo Testamento.
Recuerde, sin embargo, que Dios es soberano y obra a través de cada circunstancia que enfrentamos. Él puede dar fortaleza y crecimiento incluso en las temporadas difíciles, utilizando lo que soportamos como parte de sus propósitos.
Elegir obediencia y confianza es el único camino hacia la paz verdadera. Incluso en el exilio, Juan experimentó la presencia y el propósito de Dios de maneras que alentarían a los creyentes durante los siglos venideros. El Señor nunca suelta a sus hijos, a quienes seguirá protegiendo y guiando a lo largo de la vida. Este es el camino de la fe: creer en el Dios Todopoderoso y seguirlo dondequiera que Él nos guíe.
BIBLIA EN UN AÑO: ISAÍAS 23-27